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Prostitución masculina: La vida oculta de los hombres que explotan su cuerpo

Martyna Adamczyk | Free Images
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No existen cifras, ni reglas, ni grandes prejuicios; cientos de hombres se suman al enorme y antiguo mundo de la prostitución para revelar las ocultas fantasías eróticas de clientes.

Mientras algunos jóvenes recién iniciaban su vida sexual, J.M. cumplía las secretas fantasías sexuales de mujeres de la alta sociedad que huían de sus palacios en Santiago Oriente. “Tenía 17 años y necesitaba plata, así que comencé a prostituirme cuando me ofrecieron dinero a cambio de sexo después de verme animando eventos”, cuenta el modelo, quien hace un par de meses dejó de vender su cuerpo.

Esposas, cadenas, golpes, bondage, esclavismo, juguetes sexuales; las peticiones de sus clientas pasaban desde lo clásico hasta escenas dignas de una película pornográfica. Sin embargo, el joven prostituto se sometía a cualquier fantasía, pese a lo perturbadoras que resultaban algunas solicitudes.

“Una chica que me propuso vestirme de escolar. Me amarró y luego pidió que simulara como si quisiera escapar, que pidiera auxilio y llorara”, relata J.M, quien luego de situaciones como ésta ya no se sentía cómodo en su tarea. “Me pedían cosas que nunca en mi vida habría hecho”, agrega.

DoremiGirl (cc)

DoremiGirl (cc)

Desde veinteañeras hasta clientas que rozaban los cincuenta, el papel del “adolescente virgen”, era el que más lo ayudaba a llenarse los bolsillos con 70 mil por “show privado completo”. Pese a lo tentador del dinero, un día decidió alejarse del comercio sexual: se sentía “sucio”.

“Cuando me pagaban venía el sentimiento de suciedad… me bañaba hasta cinco veces seguidas y continuaba sintiendo el olor de ellas en mí”, recuerda J.M.

Su vida amorosa también sufrió cambios producto del oficio. “Intentaba tener parejas, pero terminé porque ya no era lo mismo, no me pasaba nada sentimental ni sexualmente”, cuenta.

Pese a que el joven de 22 años, actualmente pertenece a la agencia de modelos alt porn Wizards, y asegura que no existen rastros sobre su secreta prostitución, no descarta que pueda volver a participar de ella. “No era fácil, pero ¿a quién no le gustaría que le pagaran por tener sexo?”, manifiesta.

Sentimentalismo y femineidad

Tras los lazos sexuales que J.M estrechaba con sus clientas, cuenta que ellas muchas veces no sólo necesitaban un compañero de cama, sino que además, alguien que les prestara oído y atención.

El joven que actualmente se apodera de las pasarelas de discotecas con trajes de cuero, cadenas y maquillaje desafiante, en su época de escort fue además un fiel confidente. “Algunas mujeres me decían que no se sentían deseadas, que no sabían qué era el orgasmo hasta que estuvieron conmigo”, señala el modelo, quien además agrega que “algunas se arrepentían al otro día cuando despertaban y yo estaba a su lado”.

En las largas conversaciones que el joven asemejó a “las de un taxista”, las clientas le preguntaban detalles de su vida y lo elogiaban constantemente. Sin embargo, J.M realiza una reflexión en base a las confesiones femeninas que escuchó por largas y continúas noches: “me impresiona que haya mujeres, de verdad muy guapas, y que sienten que no le importan a nadie”.

Clientes masculinos

Pero los clientes de prostitución masculina no sólo son mujeres. También existe una gran cantidad de varones que buscan encuentros homosexuales.

Estudiante de Construcción Civil de día, escort por las noches, “Robert” poco disfruta de sus encuentros sexuales por pago, pero los 350 mil pesos que cobra por un día completo le motivan a continuar ejerciendo su “segunda identidad”.

“No relaciono en nada ambos mundos, todo es muy secreto donde la única conexión es un celular que, si lo apago, se va el prostituto”, comenta el estudiante de 28 años, que además no enseña su cara en las ofertas virtuales.

Si bien los servicios de Robert van dirigidos a hombres, en su vida diurna es un hombre heterosexual que paga sus estudios con los billetes recolectados por su cuerpo. “Vivo con el miedo de que algún día alguien me descubra”, confiesa asegurando que dejará el oficio apenas termine su carrera.

Matt (cc)

Matt (cc)

Sin límites de edad ni sexo

“Me contratan desde niños de 18 que quieren experimentar hasta abuelitos de más de 60 que sólo quieren algo de cariño”, admite Ian Luccas, prostituto que entró al oficio por sus atributos físicos y tentación por el dinero. “Una amiga me dijo que tenía ‘buen pene’ y después me di cuenta que los clientes no eran tan feos”, cuenta Ian, quien luce sus cualidades físicas sin remordimientos en su foto de WhatsApp.

Pese a que el escort de 28 años se declara homosexual, también presta servicios sexuales al género femenino. “Antes de ser gay o descubrirlo llevaba una vida ‘hetero’, así que no me es difícil intimar con mujeres. Finalmente, en ambos casos hago el mismo rol”, comenta Ian y agrega que “lo que piense o imagine” es lo que finalmente le hace disfrutar el encuentro.

Sin embargo, existen algunos clientes que se niegan rotundamente a atender. “Cuando están muy drogados –lo notas por teléfono- les digo que no estoy atendiendo, si están muy hediondos los envío a ducharse con sutileza”, cuenta.

Estudiante de turismo, con un trabajo part-time durante el día, viajes por el mundo, una clientela fija que le paga mensualmente por sus servicios sexuales y una pareja con quien declara que es el único con quien “hace el amor”, Ian Luccas se manifiesta agradecido de la vida, e incluso atribuye sus logros a Dios en quien cree profundamente.

Webcam, pornografía y sexting

Las redes sociales y plataformas web han sido de gran ayuda para la difusión de encuentros sexuales gratuitos y de pago. Con un par de “clics” y palabras claves se puede acceder a cientos de prostitutos que muestran su cuerpo y contacto, en busca de clientes: no tardan ni dos minutos en contestar.

Dentro de estas categorías, existen “pseudo” prostitutos que aprovechan nuevos escenarios y métodos para obtener placer sexual, inclusive sin contacto directo con la otra persona.

Sin riesgos mayores a que le saquen una “captura” de pantalla, Óscar de 35 años, suele masturbarse diariamente ante desconocidos. Con una cuenta en una red de pornografía, el escort travesti recibe solicitudes todos los días de clientes que ofrecen más de 20 mil pesos por media hora de sus shows en vivo.

“Tengo que tener consoladores, ropa interior sexy, crema… de todo a mano, para cubrir cualquier fantasía que se le ocurra al cliente”, comenta la delgada escort quien, pese a que existen servicios gratuitos de webcam erótica, consigue interesados en verla desnuda.

Otro servicio que presta la escort, se relaciona con el “sexting”, práctica que se ha visto ágilmente avanzada junto a los avances de la tecnología. “Es como antes, cuando llamaban a las líneas ‘hot’, pero ahora dices las ‘cochinadas’ por WhatsApp o Facebook, y puedes mandar fotos”, agrega y asegura que ha obtenido pagos por el servicio.

La voz oculta de los clientes

Más camuflados que los propios prostitutos, son los clientes de éstos. Mujeres y hombres que por distintos motivos llegaron a contratar algunos de sus servicios, terminando todos de la misma manera.

“Soy soltero y joven, tampoco me encuentro feo, pero en mi vida no tengo tiempo para establecer relaciones con personas y me da ‘lata’ ir a una disco y conquistar a alguien”, revela un frecuente cliente de los escorts, quien no sobrepasa los 30 años.

Resguardándose en la higiene, la comodidad y rapidez, el usuario además admite que “jamás encontrará a alguien con ese tipo de cuerpo”, destacando los atributos físicos como lo que más le gusta del servicio sexual.

Desde el otro lado del género, también hay mujeres que contratan entretención “sexual”, siendo lo más destacado de este plano, los shows brindados por vedettos. “Gestioné la despedida de soltera de mi cuñada”, cuenta la clienta y agrega que “al llamar a la agencia debes preguntar por ‘modelos’ y no vedettos”.

Si bien en la ocasión no consideraron encuentros sexuales, la usuaria señala que los bailarines le consultaron hasta “qué punto podían llegar”, razón por la que uno de ellos quedó completamente desnudo y el otro “en zunga”.

Pese a que no existió contacto íntimo, la clienta revela que este particular espectáculo les costó 20 mil pesos, por media hora. “Las mujeres somos bien fan de organizar estas cosas y contratarlos”, cuenta y confiesa que prefiere los shows privados en casa, antes de un club de stripper puesto que “todo lo que suceda, se queda entre cuatro paredes”.

¿Inmadurez sexual?

Detrás del lente de un profesional en trastornos mentales, el doctor Christian Arévalo, médico psiquiatra y académico de la Facultad de Medicina Universidad Diego Portales, el comportamiento de los prostitutos se debe a “una forma de inmadurez sexual”, la cual se basa en la genitalidad y no en la constitución de una pareja.

“La decisión de prostituirse en una persona se puede entender más bien como el resultado de una combinación de distintos factores, entre ellos los más importantes son la presencia de rasgos de personalidad anormales, inmadurez en la conformación de la sexualidad adulta y con variable importancia, aspectos económicos y culturales“, declara el doctor, asegurando que los escorts además sobrevaloran su imagen corporal.

Respecto a quienes mantienen una “doble vida”, el psiquiatra aclara que es “poco probable que sea un opción sostenible en el tiempo, a menos que se tenga una personalidad con ciertos rasgos patológicos, que permitan mantener a este sujeto virtualmente dividido en dos”.

En relación a esto, el psicoanalista Joan Cordech describe un trastorno sociopático de la personalidad en un 86% de quienes ejercían la prostitución en Barcelona el año 1964. “Es probable que actualmente no sea tan alto, pero sin duda debe haber un número significativo”, finaliza el experto de la Universidad Diego Portales.

Unsplash (CC)

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Prostitución: Fuera del control

Después de tantas y extensas declaraciones, es difícil pensar que no exista un control legal sobre este tipo de comercio, pero así lo confirma el Inspector D’Angelo Espíndola, de la Brigada de Delitos Sexuales de la PDI, quien explica que sólo realizan controles de identidad para encontrar casos de abusos de menores o trata de personas.

“Revisamos los lugares típicos donde se centra la prostitución, para fiscalizar si hay niños involucrados”, cuenta el detective asegurando que los más conocidos en la capital, son la calle San Antonio (ente Merced y Monjitas), San Camilo, 10 de julio, Madrid, Parque Bustamante; y decenas de sitios ubicados en distintas comunas de Santiago.

Consultado sobre los menores que ejercen prostitución voluntariamente en sitios web o discotecas, el Inspector asegura que “hay muchas aristas que examinar”. “A veces el cliente da por hecho que el prostituto es mayor de edad, porque está en un lugar para mayores de edad o páginas de la misma índole”, comenta D’Angelo y agrega que “sin embargo, la culpa tampoco se atribuye al joven, siempre hay alguien que lo influenció a estar ahí”.

Pese a que la brigada traslada a los adolescentes a hogares, éstos regresan a las redes del comercio sexual. “No se dan cuenta, no se sienten víctimas, sólo ven los ingresos y obedecen las órdenes de alguien mayor”, relata.

La única sanción que puede afectar a los escorts (mayores de edad), la pueden efectuar Carabineros, quienes poseen la facultad de clausurar departamentos o sitios donde se ejerza la prostitución por motivos sanitarios o molestias a los vecinos.

Si bien no existen cifras que determinen cuántos prostitutos hay en Chile, organizaciones como el Movimiento por la Diversidad Sexual, MUMS, o la Fundación Margen, protegen los derechos de quienes practican el oficio, aunque mayoritariamente (en la segunda fundación) éstos apuntan hacia el ámbito femenino.

Por ahora, el campo se expande más allá de los límites de las pantallas de artefactos electrónicos o de la edad, para los cientos de prostitutos que día a día se ganan la vida explotando su importante, preciado e inseparable recurso: su cuerpo.

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