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Rodrigo Peñailillo, sus trabajos para Martelli y la sombra de Soquimich

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Rodrigo Peñailillo Briceño es un nombre fácil de reconocer en estos días, un nombre que representa poder y autoridad como cabeza política del Gobierno, pero también un nombre que durante las últimas semanas ha estado en la lengua de todos los sectores, y además, bajo fuertes críticas de la opinión pública.

Pasó sus primeros años de vida en Cabrero, tuvo una breve estancia en Santiago tras la muerte de su padre y retornó a la región del Bío Bío para vivir sus años de estudiante entre Coronel y Concepción. En la década del 90’ se tituló de ingeniero comercial en la Universidad del Bío Bío, tiempo en que se convirtió en líder de su federación de estudiantes y más tarde en miembro de la Confech, con un papel importante, pues fue quién concretó una negociación con el Gobierno de Eduardo Frei en 1996. Negociación que, por cierto, terminó con un quiebre entre los universitarios de la época.

De ahí en adelante comenzó su historia en las esferas de poder, uniéndose a la ‘Fundación Chile 21’, lo que lo acercó a Francisco Vidal y a Ricardo Lagos, a quien siguió en su campaña en 1999. Con la victoria de este último ingresó a la Subdere y a partir del 2000 lideró la juventud del PPD. Sólo un año después, el mandatario lo nombró Gobernador de la Provincia de Arauco, cargo al que llegó con sólo 28 años (el más joven de la época) y en el que permaneció hasta 2005 antes de dejarlo en manos de su asesor jurídico, el abogado Alex Matute Johns, cuando nuevamente decidió ser parte de una carrera presidencial, pero esta vez, la de Michelle Bachelet.

Cabe destacar que su periodo en la Gobernación no pasó inadvertido pues, por un lado, implementó Área de Desarrollo Indígena (ADI) con varios acercamientos a la etnia, y por otro, dejó su firma en once querellas -una de ellas por Ley Antiterrorista y otra por Ley de Seguridad Interior del Estado- relacionadas con tomas de fundo por parte de mapuche.

Camino a la Moneda

En el primer mandato de la actual presidenta, Peñailillo o “El Peña”, como le llaman sus amigos, jugó un rol fundamental como jefe de gabinete, puesto al que llegó también recomendado por Francisco Vidal (PPD) y con la venia de la propia Bachelet, ya que lo ubicaba de la época en que compartieron en el comando de Lagos 7 años antes. Por esto pasó a ser de confianza, llevando el control de la agenda presidencial entre 2006 y 2009 junto a su par, la conocida asesora y amiga de la presidenta, María Angélica Álvarez, con quien logró buenas relaciones en aquellos años, un tiempo que también le sirvió para fortalecer su cercanía y lealtad con Bachelet.

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Fue un buen periodo para Peñailillo, pero llegó el fin de la administración y un cambio en las caras políticas con la llegada de La Alianza y Piñera a La Moneda. Era hora de emprender el camino, y como es costumbre para muchos ex personeros de Gobierno, Peñailillo lo hizo emigrando al extranjero para cursar un master en ‘Análisis Político’ con una beca en la Universidad Complutense.

Fidelidad y bajo perfil

No perdió el contacto con Bachelet, quien lo visitó en 2011, mientras ella dirigía ONU Mujer y él continuaba sus estudios en Madrid. Luego – cuentan cercanos – Rodrigo Peñailillo viajó en más de una oportunidad a Nueva York, incluso se les vio comprando en un mercado local de Manhattan. De ahí en adelante comenzó a pavimentarse el camino de regreso a La Moneda para el ingeniero, que mantuvo su fidelidad a la mandataria y su ya conocido bajo perfil en la esfera pública.

A poco de regresar a Chile, en noviembre de ese año, se integró al cuerpo académico de la escuela de postgrados de la Universidad Central, invitado por un ex asesor de Ricardo Lagos, y a la ‘Fundación Dialoga’, la plataforma del bacheletismo durante el gobierno de La Alianza.

Ya en 2012 contactó al ex ministro Enrique Correa, líder y dueño de la empresa de lobby y comunicaciones Imaginacción, para que se encargara de desarrollar la estrategia comunicacional para contener la crisis que se avecinaba debido al “Caso Tsunami”, en el cual los diputados de La Alianza imputaban a Peñailillo “una responsabilidad menor por ignorar peticiones de la Onemi” y a Bachelet “una responsabilidad gravísima”.

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El regreso

Las ideas de una precampaña se instalaron en 2012, y aunque no fue confirmada, en marzo los medios ya hablaban de él como “el embajador de Bachelet” o “la voz oficial”, que se encargaba de coordinar las posturas de la Nueva Mayoría y el Bacheletismo que promovía la repostulación de la, en ese entonces, directora de ONU Mujer.

Según publicó la revista ‘Qué Pasa’ en su edición del 13 de junio de 2013, en marzo de ese año Peñailillo volvió a viajar a Nueva York a reunirse con Bachelet, pero esta vez para “exponerle a la ex mandataria su trabajo de los últimos meses, con todos los preparativos para su regreso”, ya que “había estado trabajando durante un año en la operación, con un reducido equipo de militantes PPD de su plena confianza”, entre ellos Harold Correa, compañero de la llamada G-90 y el ex PC que fue expulsado del PS Robinson Pérez.

Además, quedó enmarcado como el hombre logró encaminar las negociaciones con el Partido Comunista para que entregaran su apoyo a Bachelet.

De ahí en adelante la historia es conocida: En marzo de 2013 se anuncia la postulación presidencial de Michelle Bachelet y Peñailillo es nombrado secretario ejecutivo de la campaña, en la cual aparece escoltado por los voceros del comando, Álvaro Elizalde y Javiera Blanco, además del jefe programático, Alberto Arenas.

Robinson Pérez y Rodrigo Peñailillo ingresando a la sede en calle Tegualda

Robinson Pérez y Rodrigo Peñailillo ingresando a la sede en calle Tegualda

Asimismo en el comando lo acompañó uno de los hombres más cercanos a “Peña” y que más tarde se convirtió en el jefe de asesores del Ministerio que dirige: Robinson Pérez.

Pérez es un hombre que trata de cultivar el bajo perfil y que es reconocido como el “pepegrillo” de Peñailillo. A menudo parlamentarios como también otros funcionarios de gobierno, se quejan en privado por cómo “opera” Pérez sobre el llamado hombre fuerte de Bachelet. Inclusive desde la nueva Mayoría se responsabiliza a Pérez por el quiebre y desorden que tiene Interior en su estructura y las diferencias con el subsecretario Mahmud “Pancho” Aleuy, que han llevado a que el patio de Los Canelos se le tilde de “Kosovo”.

Martelli, el hombre del dinero

El financiamiento de las campañas políticas es un tema que se instaló firme tras darse a conocer las irregularidades de los casos Penta y SQM, precisamente en este último apareció relacionado un personaje bastante conocido por el ministro Peñailillo.

Giorgio Martelli | US Embassy

Giorgio Martelli | US Embassy

Se trata de Giorgo Martelli Robba, un geógrafo de 55 años que no se identifica ni como político ni como empresario, pero sí se reconoce públicamente como operador y recaudador de fondos.

Martelli Robba tiene una amplia red de contactos y conocimiento de la legislación sobre aportes privados y donaciones para fundaciones y campañas políticas. Fue Administrador Electoral de la primera incursión de Bachelet, asesor de Eduardo Frei en primera vuelta de 2009 y segunda de 2010, y recaudador de fondos para la campaña de la actual mandataria en 2013.

A esta última la conoció cuando aún era secretario ejecutivo en la Asociación Chilena de Municipalidades, pero su relación apunta con más fuerza hacia el grupo PPD que fue parte del comando Bacheletista, en el cual estaba Carolina Echeverría, la recaudadora oficial y Rodrigo Peñailillo, el generalísimo.

De acuerdo a los antecedentes oficiales, Martelli pagó durante un mes el arriendo de la casona de calle Tegualda, que sirvió como centro de operaciones para el comando de campaña de Bachelet, antes de hacer el traspaso definitivo del arriendo.

El geógrafo también tiene lazos con personajes que han tenido repercusión mediática en las últimas semanas, como el caso de Michel Jorratt, director del Servicio de Impuestos Internos, que también colaboró en el grupo programático de la campaña presidencial y que actualmente está a cargo de la entidad que debe investigar a la empresa de Martelli, su ex empleador.

A fines de 2011, cuando ‘El Peña’ retornaba a Chile, Martelli creó Asesorías y Negocios SPA (AyN), una empresa sin oficinas, sin teléfono ni información oficial en la web, destinada a realizar asesorías, estrategias y contratos con movimiento de dinero y participación en sociedades, ya sea para ellos o para terceros. Es decir, uno de sus servicios era comprar estudios para otras empresas.

Ministerio de Interior

Ministerio de Interior

Entre boletas y estudios

Precisamente fue AyN la que recibió boletas de Jorratt y Peñailillo, por distintos estudios realizados entre enero de 2012 y marzo de 2013, mismo periodo en que se ha ligado a la empresa con una filial de la minera no metálica SQM, conocida en el marco del caso Soquimich.

En el caso del ministro de Interior, las documentos que emitió a Asesoría y Negocios SPA fueron por tres informes basados en ‘cómo la crisis económica europea afecta las políticas sociales del Estado y el impacto en empleo juvenil’, los cuales fueron remunerados a través de cuatro boletas del 31 de enero, 29 de febrero, 30 de marzo y 4 de mayo del 2012, por $4 millones cada una.

Son informes que el ministro asegura haber realizado en su calidad de profesional y magister en análisis político, los cuales no han sido dados a conocer ni se sabe en qué se usaron, pero que fueron cuestionados desde ambos flancos políticos, incluso por el líder del PS, Osvaldo Andrade, quien dijo que “haría bien” presentar públicamente dichos documentos.

Peñailillo ha descartado en reiteradas ocasiones que hayan irregularidades en los pagos hechos por AyN, que como ya es conocido, también pagó entre 2012 y 2013 por servicios al jefe de asesores del Ministerio del Interior, Robinson Pérez, y al coordinador de actividades de Peñaililo, Héctor Cucumides, los brazos fuertes de su gabinete.

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La sombra de Soquimich

Martelli Robba se instaló en los titulares a principios de abril, cuando El Mostrador informó que AyN aparecía entre 2011 y 2013 en la contabilidad de Salar, una de las empresas cascada de Soquimich, esta última investigada por aportes irregulares a campañas políticas que ascienden a unos 11 millones de dólares.

De hecho la sociedad de Martelli fue notificada por el Servicio de Impuestos Internos para que aclare la emisión de facturas a SQM, que ascenderían a un monto de $246 millones repartidos en 23 facturas que fueron emitidas entre 2012 y 2013, y que se suman una boleta de 2013 con rut 761827529 que aparece por $8 millones en la primera contabilidad de Soquimich que llegó a manos del SII.

Uno de los nexos que se hicieron entre Giorgio Martelli, las boletas de Peñailillo y SQM fue otro ex miembro del PPD, el empresario y pareja de la ministra Ximena Rincón, Jorge Rosenblud, quien ha estado en altos puestos dentro de la italiana Enersis y que el pasado 14 de noviembre asumió como presidente de la compañía, la misma que financió a la ‘Fundación Dialoga’ durante algún tiempo.

Si bien Rosenblud descartó haber coordinado una reunión entre Martelli y Patricio Contesse, ex gerente general de SQM, sí reconoció haber pedido a este último dinero “para financiar la democracia”, en este caso, a favor de Bachelet.

El manejo político

De aquí en adelante han decantado una serie de críticas hacia el ministro Peñailillo, primero por los lazos de la empresa para la que ‘boleteó’ con SQM, y segundo por la actitud tomada frente a los cuestionamientos.

Recordemos que ya se había generado una división de discurso en La Moneda, entre las posturas del “caiga quien caiga” a la que suscribía la presidenta Bachelet, y la de “poner fin a la caza de brujas” que fue manifestada por Peñailillo durante la defensa que hizo al subsecretario Rodolfo Baier por los estudios que realizó para SQM.

También surgen dudas cruzadas con respecto a para qué Soquimich necesita tantos estudios de distintas personalidades ligadas a las campañas políticas, y para qué se usaron los estudios de la empresa Asesoría y Negocios SPA, que eventualmente fueron pagados con dinero de la empresa del ex yerno de Pinochet, Julio Ponce Lerou.

Rodrigo Peñailillo ya ha dejado clara su postura, y ha respondido a los llamados de los parlamentarios Juan Luis Castro (PS), Manuel Monsalve ( PS), Jorge Tarud (PPD) y Fuad Chahin (DC) , que lo instaron a mostrar sus informes.

“Yo los expliqué, los entregué. Son informes que tienen sus fundamentos, que están entregados donde corresponde, a las instituciones que corresponde, y por supuesto que no tengo ningún problema en comentarlos, en verlos, no tengo ningún problema”, dijo, pese a que aún no se conocen públicamente. Es así como los cuestionamientos continúan, apuntan a Peñailillo, a sus asesores, a sus cercanos del PPD.

Osvaldo Andrade | Agencia UNO

Osvaldo Andrade | Agencia UNO

Cuestionamientos que incluso lo llevaron a mantener algunas diferencias públicas con el presidente del partido Socialista, el diputado Osvaldo Andrade, con el mismo que protagonizó un efusivo saludo durante la entrega del informe anticorrupción en La Moneda.

Lo anterior, como una forma para dejar atrás la tensa semana que se pudo observar entre ambos, y que incluso llevó a que Andrade calificara como una “estupidez” las declaraciones de Rodrigo Peñailillo sobre una supuesta rivalidad entre vieja y nueva guardia debido a los cambios y reformas.

Consultado por Radio Bío Bío, Andrade dijo que con Peñailillo finalmente habían quedado de acuerdo para tomarse un café en los próximos días.

Agregó además que, sobre los cambios estructurales que Chile necesita, él los ha respaldado y promovido. “Desde el día siguiente en que ganó el Presidente Piñera, hace 5 años atrás, éste presidente del partido socialista ha estado hablando de ellas, no solamente colaborando. La reforma laboral es un planteamiento que hice cuando fui ministro del Trabajo por ejemplo”, señaló.

Quizás bajó la tensión con el presidente del PS, pero mientras tanto Peñailillo sigue a la defensiva frente al resto de los sectores políticos, asegurando que se ha cruzado un límite, que espera un respeto mínimo en el marco de un Estado de derecho, y preguntándose: “¿Desde cuándo es una falta trabajar profesionalmente y pagar los tributos?”.

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