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El Oso Polar que murió en Santiago sin jamás conocer los hielos árticos

Anima Naturalis
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En respuesta a la carta publicada en BioBioChile de una estudiante de veterinaria sobre el oso polar Taco, escribí el siguiente texto. Si alguien no la leyó puede verla aquí.

La marea esta cambiando y los zoológicos y los falsos “Centros de Rescate” desperdigados por nuestro país lo saben. La muerte de la tigre Pampa fue el comienzo de una revolución silenciosa que ha calado profundamente en la población en general.

Cartas como la de la estudiante de veterinaria Paulina Pérez van en retirada hasta en su propio gremio como he tenido el placer de observar en los últimos años. Cada vez son más veterinarios los que se suman a nuestras filas y pelean por reales programas de conservación y menos exhibiciones medievales.

Por lo mismo, quiero echar algo de luz sobre algunos malentendidos que los amantes del cautiverio desean entregar sobre quienes peleamos por la vida silvestre y los derechos de los animales.

Taco nació en cautiverio y ciertamente no tenia las competencias para vivir en estado salvaje. No obstante, tenerlo en Santiago con más de 33 grados de calor en verano es un despropósito y un simple capricho de algunas personas con poder.

Fue por eso que las organizaciones hicieron campañas publicas y ofrecimientos privados para trasladarlo a un santuario. Nunca estuvo en discusión soltarlo en medio de la nada para que “sobreviviera” como pudiera. La desinformación en ese punto ha sido la principal arma de quienes promueven el cautiverio por lo que lo dejo en absoluta claridad nuestras intenciones para quienes desconocen el tema.

Todo lo que se buscaba era darle una vida digna en sus últimos años de vida, en un espacio amplio que se asemejara lo más posible a su hábitat natural. En simples palabras una vida de calidad.

Los Zoológicos se han amparado en que ellos no son solo una “exhibición” de animales, sino que tienen un rol más importante que es la conservación de la fauna. ¿Pero cuanto de eso es cierto? ¿Fue Taco parte de un programa que dio resultados? ¿Tuvo descendencia que alguna vez podrá repoblar su lugar de origen? Esas son las preguntas básicas que debemos hacernos antes de definir si era realmente conservación y cuantos de los animales que actualmente están ahí son parte de un programa asi.

Los animales son seres vivos sintientes y solo por esa condición merecen respeto, hoy por hoy, el Parque Metropolitano tiene la oportunidad de seguir desarrollando un sistema medieval de espectáculos o puede realmente empezar a ser el hogar de más programas de conservación reales como lo han hecho con el caso de los flamencos andinos, la ranita de Darwin y el de los pingüinos de Humboldt.

Hay que recordar que como país somos signatarios del Convenio CITES y graciosamente no hemos cumplido lo básico que es tener un Centro de Rescate dependiente del Estado, por lo que cada vez que el SAG o SERNAPESCA encuentra un animal herido debe mendigar el auxilio a centros privados, particulares o universidades, pues el Zoológico no siempre los recibe.

Hoy la lucha debe ser por cerrar el Zoológico tal como lo conocemos para convertirlo en un centro de estudios y por sobretodo de rescate de animales endémicos y del trafico internacional. Sin gente gritando alrededor de los animales, sin gente tirando piedras, basura o cualquier otra cosa que se les ocurra.

Necesitamos programas de conservación que nos permitan devolver a la naturaleza a nuestros queridos animales, con profesionales serios y no con políticos con calculadora en mano preocupados de las visitas y cuanto generan.

Zico Henriquez
Director Ejecutivo
ORCA Chile

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