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El crecimiento de China se frena y sus motores económicos pierden fuelle

ARCHIVO | Pablo Ovalle | Agencia UNO
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El crecimiento económico de China se frenó claramente en los tres primeros meses del año, informó el miércoles la oficina nacional de estadísticas, revelando además mediocres indicadores que sugieren que la segunda economía mundial pierde fuelle.

La progresión del producto interior bruto (PIB) entre enero y marzo fue del 7% en cifra anual, algo mejor de lo esperado por los especialistas (+6,9%).

Pero esta cifra oficial es muy inferior al +7,3% del trimestre precedente y al +7,4% registrado en todo el año 2014, que era ya el resultado más flojo en un cuarto de siglo.

También constituye el crecimiento trimestral más bajo de China desde 2009 y el inicio de la crisis financiera mundial. Pekín se ha fijado para este año un objetivo de crecimiento del PIB de 7%.

La salva de indicadores publicados simultáneamente el miércoles por la Oficina Nacional de Estadística (BNS) describe una situación de desesperante morosidad.

La producción industrial china solo ha crecido un 5,6% interanual en marzo, contra un 6,8% el periodo enero-febrero.

Esta progresión es la más débil desde noviembre de 2008 e inferior a la de por sí modesta aceleración del 7% anticipada por los expertos consultados por la agencia Bloomberg.

El sector sigue minado por una demanda interior modesta y una caída de las exportaciones (15% en marzo).

Les ventas al por menor aumentaron un 10,2% el mes pasado, el ritmo más bajo por lo menos en diez años.

Las inversiones en capital fijo aumentaron un 13,5% interanual el periodo enero-marzo, y también se estancaron más de lo previsto por el mercado.

“A pesar de la desaceleración del crecimiento económico, el empleo, los precios al consumo y las expectativas del mercado se mantienen estables” mientras que los “esfuerzos de reestructuración progresan a grandes pasos”, aseguró la BNS en un comunicado.

Pekín se jacta de sus esfuerzos para “reequilibrar” un modelo económico considerado obsoleto, incitando al consumo, apoyando la innovación y reforzando los servicios en detrimento de la industria pesada, los monopolios de los grupos de Estado y las inversiones poco productivas, aunque el crecimiento se esté moderando un poco.

El banco central (PBOC) multiplica por su parte en los últimos meses las medidas de flexibilización con la esperanza de estimular la actividad.

Menos inversiones

Sin embargo “el crecimiento padece la ralentización de las inversiones, lastradas por el sector inmobiliario” donde hay una oferta demasiado abundante que paraliza a los promotores, explica Li-Gang Liu, analista del banco ANZ.

Por ello, “el hecho de que China se haya convertido en dependiente del sector inmobiliario y de la construcción para crear empleos, supone un peligro”, coincide Andrew Colquhoun, analista de Fitch Ratings.

“Un freno (en el crecimiento) no es mala cosa si ello se traduce por ajustes hacia un modelo más duradero”, pero a condición de que esta transición se vea “apoyada por un verdadero refuerzo del consumo” añade este analista.

Las autoridades chinas están dispuestas a aceptar una moderación controlada del crecimiento, pero quieren evitar a toda costa una desaceleración brutal que desestabilizaría el empleo y agravaría el descontento popular, un temor recurrente entre los dirigentes del régimen comunista.

“Debemos tener como prioridad estabilizar el crecimiento económico y garantizar el empleo” afirmó este miércoles Sheng Laiyun, portavoz del BNS, aunque mencionó el impacto positivo de los “ajustes macroeconómicos”.

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