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Día mundial del autismo: Expertos analizan los 8 mitos más comunes sobre este padecimiento

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Existen muchos mitos relacionados con el autismo, padecimiento que afecta a seis de cada mil menores de 10 años y que se conoce como un trastorno al neurodesarrollo que compromete lenguaje, interacciones y acciones en general de quienes lo sufren. Este jueves se celebra el Día Mundial de Concientización por el Autismo, por lo que se llama a conocer más sobre esta condición.

Respecto a los síntomas de este padecimiento, Lorna Wing, autora del libro “El autismo en niños y adultos”, de Editorial Paidós, explicó que son graduales en la mayoría de los casos y se pueden evidenciar con exactitud luego del segundo año de vida.

“Si el niño no habla bien o si el patrón de conducta es diferente a los del resto de la misma edad, los padres comienzan a preocuparse”, agregó.

Según contó al portal médico Salud180, en una minoría, a los padres les parece que el desarrollo evoluciona normalmente, hasta que se da un notable cambio de conducta en semanas o meses, quizás con una regresión en ciertas habilidades, especialmente en el habla. “En ambos tipos de inicio, el diagnóstico de la conducta de un trastorno autista surge, antes o después, en los años preescolares”, destacó.

Mitos y realidades

Con objetivo de desmentir algunas creencias sobre el autismo, el psicólogo y presidente de Consejo Directivo de Enlace Autismo, Eduardo Díaz, aclaró los mitos más conocidos sobre el padecimiento.

1. El autismo es una enfermedad

Si bien el autismo es una alteración a la salud normal en una persona, el psicólogo aseguró de que no se trata de una enfermedad. “No, no es una enfermedad. Es una condición de vida que afecta el desarrollo del cerebro; es decir, es un problema neurológico”, señaló.

2. Tiene cura

Según la Organización de las Naciones Unidas, este padecimiento de desarrollo es incurable. Al respecto, el experto aseguró que es una condición con la que “se nace, se vive y se muere”. “Un tratamiento temprano con terapia conductual puede ser muy benéfico, aunque no es una cura como tal”, agregó Díaz.

3. Poseen habilidades superiores para las matemáticas

“Como cualquier otro individuo, tienen fortalezas y debilidades. En general, suelen tener una inteligencia promedio, cabe mencionar que algunos poseen una gran capacidad con los números”, señaló el experto y agregó que “además, tienen habilidades cognitivas muy desarrolladas y en áreas muy específicas, pero no son genios”.

Si bien algunos niños con autismo son capaces de entender una compleja operación matemática, no saben cómo aplicarla a la vida real, contó Díaz. “En carencia de ciertas habilidades, ellos utilizan su memoria que en condiciones normales podría considerarse prodigiosa”, señaló.

4. No son capaces de expresar emociones

Pese a que el doctor no negó que los autistas puedan expresar sus emociones sí aclaró que no lo manifiestan de manera tradicional. “Quienes conviven con ellos deben aprender a reconocer su forma de comunicarlas. Por su condición, suelen establecer fuertes relaciones afectivas con gente que es cercana como papá, mamá y hermanos, pero no con desconocidos, debido a que estos no les interesan”, agregó.

5. Nunca llegan a ser independientes

Debido a sus características neurológicas que les complican las interacciones y la comunicación, muchas personas no creen posible que un autista se independice. Al respecto, Eduardo Díaz aseguró que “sí pueden, pero es equivocado generalizar porque cada individuo es diferente”.

“Hay algunos casos en los que de pequeños recibieron atención y estimulación adecuadas, por lo que se convirtieron en adultos independientes, capaces de conseguir un empleo y mantener relaciones sociales saludables”, agregó.

Por otra parte, cabe señalar que el nivel de autismo varía de leve a severo dependiendo de la atención que requiera la persona: puede necesitar ayuda las 24 horas del día, como puede hacerlo sólo en situaciones complejas.

6. Son complicados y tienen “berrinches” porque sí

La fotógrafa Sara Dunn es madre de Lewis Callaghan, un niño de cuatro con autismo, y cabecilla de un proyecto ilustrativo que desmentirá con fotografías los mitos sobre el padecimiento. Al respecto, la mujer explicó que “cuando estos niños tienen un berrinche en público están teniendo una experiencia sensorial muy complicada”.

Según declaró a BBC, Lewis es “hiposensible”, lo que significa que necesita estar muy en contacto con la gente y las cosas a su alrededor para entender su entorno.

“Es un espectro muy amplio, podrías tener un hijo que es tan sensible al ruido que tiene que llevar orejeras todo el tiempo, o tan sensible al tacto que no puede llevar ropa normal. Puede ir de un extremo al otro y cualquier cosa en medio”, agregó la madre explicando las reacciones repentinas de algunos autistas.

“Normalmente estos niños tienen experiencias sensoriales muy complejas, están angustiados, y algunos adultos lo perciben como si se portaran mal. Da bastante miedo”, agregó.

Sara Dunn

Sara Dunn

7. No son cariñosos y no les gusta el contacto físico

La autora del proyecto en curso, aseguró que uno de los propósitos es demostrar que estos niños también sienten como los demás. Las imágenes “muestran una serie de cosas que la gente pensará que los autistas no hacen, como besar, abrazar y sonreír”.

Es por ello que comentó que si bien les cuesta relacionarse con personas extrañas en un principio, los niños autistas son muy apegados y cariñosos con sus familiares directos: padre, madre y hermanos.

8. Las vacunas provocan autismo

Uno de los mitos más polémicos sobre el autismo trata sobre las vacunas que presuntamente lo provocarían. Según un importante estudio de la Universidad de Sydney en Australia, no existiría ninguna evidencia que vincule las vacunas con el desarrollo de autismo en los niños.

Tras reunir datos de 1,3 millones de niños de Estados Unidos, Reino Unido, Japón y Dinamarca, los investigadores concluyeron que no hubo riesgo de autismo asociado con alguna de las vacunas probadas, ni con sus ingredientes, incluyendo al cuestionado timerosal y el mercurio.

Cabe señalar que el origen de este mito, surgió luego de un estudio realizado por Andrew Wakefield y publicado en la revista The Lancet en 1998. Tiempo después, la investigación fue retractada y se consideró que Wakefield actuó “de manera deshonesta e irresponsable” en su análisis.

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