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Cuando Facebook se convierte en un mausoleo virtual

Spencer E Holtaway (CC)
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La conocí hace muchos años, habremos tenido…yo unos 17 y ella unos 13 más o menos. Nunca la vi con otros ojos, además en esos años habían
códigos que se respetaban. “Jamas con la hermana de un amigo”.

Ella era de la escuela de niñas, yo de la de varones. Curiosamente compartíamos muchas cosas en común y no nos dimos cuenta hasta varios años después. Ambos integrábamos las respectivas bandas de guerra de nuestros colegios; a los dos nos gustaba la música, claro que ella cantaba, yo solo escuchaba y presentaba canciones en la radio.

La primera vez que la escuché cantar fue cuando participó de un festival en el Liceo Comercial; era la canción de la película “El Guardaespaldas”.
Dios mío, nunca la había escuchado y aquella tarde me enamoré de su voz y de su carita de niña. Nunca borré esa imagen de mi mente. ¿Cómo una
voz tan potente podía salir de un ser, en apariencia, tan frágil, tan delicado, tan pequeñito?

Otra de las cosas que teníamos en común era que nuestras madres eran amigas y además su hermano Christian, es y sigue siendo uno de mis
mejores amigos, casi como si fuera mi propio hermano, de esos que no van a asados juntos, que no se ven en años, pero siguen en contacto.

Pasaron muchos años, mas de 20 y a través de internet, en Facebook nos volvimos a encontrar. “Tu fuiste mi mentor” me escribió un día. “Te veía
como un ejemplo, como un modelo cuando estábamos en la escuela; gracias”, me dijo. Solo atine a escribir, … nada.

Mantuvimos contacto por varios meses, vía Facebook. Me preguntaba por mi mujer, por mi hija, por mi trabajo. Siempre sus publicaciones estaban
llenas de optimismo, de bellas fotografías que ella misma tomaba en sus paseos en bicicleta y de mensajes a su hijo. Era una mujer llena de fuerza. La misma fuerza que tenía en su juventud cuando la escuche cantar en el festival. Por eso no entendí ese día y aún no lo hago.

¿Por qué esa fuerza superior, esa energía cósmica que algunos llaman Dios, decidió que su tiempo había terminado? Quedó un hijo sin madre, una
madre sin hija, un hermano sin hermana y yo sin una amiga.

De cuando en cuando recibo notificaciones de su Facebbok y también de cuando en cuando me atrevo a revisar su muro. Su cuenta no se ha
cerrado, y sus amigas, colegas profesoras, y uno que otro de los alumnos que tuvo le escriben algo. Al principio debo reconocer que me parecía
extraño y hasta morboso, que aún sabiendo que ya no está, para mantener vivo su recuerdo sus seres queridos la visiten, como en un camposanto
virtual, probablemente en espera de lo imposible, en espera de que aparezca otra vez uno de sus mensajes de optimismo.

Hasta ahora no lo entiendo y no voy a desgastarme en tratar de resolver el enigma, prefiero seguir teniendo su imagen cantando en la
tarima de madera del Liceo Comercial y su foto de perfil con un hermoso atardecer en la montaña.

Saludos donde estés Loretito Ramonda.

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