Cultura


Singular exposición de Bjork en Nueva York logra que la música ingrese al MoMa

Lydia Mutschmann | AFP
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Es una de las retrospectivas más singulares y sin duda la más compleja que el prestigioso Museo de Arte Moderno de Nueva York haya hecho: ¿Cómo lograr que la música ingrese, en particular la electro-pop de Bjork, al museo?

El MoMa, templo del arte pop, ambiciona no solamente ilustrar la carrera experimental de la islandesa, sino también sentar un precedente para otros museos para que multipliquen los soportes de la mano del público.

La retrospectiva de Bjork, que debuta el próximo domingo y se extiende hasta el 7 de junio, propone una deambulación onírica de dos pisos a través de los ocho discos solistas de la ex cantante de Sugarcubes.

Cada visitante tienen derecho a un casco de audio, activado por sensores, que relata la biografía (imaginaria) de Bjork basada en los momentos más emblemáticos de su música.

El narrador, Antony -cantante de Antony and The Johnsons-, invita a la reflexión en cada cuadro que compone la obra escrita por el poeta islandés Sjon. En el corazón de la trama: una niña nacida en las arenas negras que se lanza a la defensa de los más débiles.

Las libretas en las que Bjork gestó sus pensamientos también son parte de la muestra. “No me reconozco/Es muy interesante”, escribe ella en una página. Estas palabras son luego retomadas en la canción “Headphones”.

En forma más prosaica, la exposición exhibe los atuendos más extravagantes de Bjork, como el “vestido-cisne” blanco que lució para los Oscar en 2001, o “instrumentos” utilizados por la artista, como la bobina de tesla, un transformador eléctrico que apareció en su álbum “Biophilia” en 2011.

Romper las reglas

“Bjork nos pidió traspasar los límites de la tecnología y del sonido, pero sobre todo de lo que podíamos hacer en el marco de una exposición”, explicó a la prensa Glenn Lowry, director del MoMa, unos días antes del vernissage.

“Pienso que la única regla a respetar era romper las reglas”, agregó calificando la exposición como complicada y apasionante.

“Es uno de los proyectos más interesantes en los cuales he tenido la oportunidad de trabajar”, añadió.

Si bien es difícil privar a Bjork del título de artista innovadora, los defensores de una cierta ortodoxia en materia de arte visual no dejarán de interrogarse sobre la pertinencia de esta exposición que otorga tanto espacio del prestigioso MoMa a una música de 49 años.

Mientras, la retrospectiva gira a veces hacia la hagiografía. Las fotos y maniquíes de efigie de la estrella están omnipresentes.

Durante la presentación a la prensa el martes, Bjork, que trabajó durante años en la exposición, apareció en forma furtiva y agradeció al MoMa, antes de la proyección del video de la canción “Lago Negro”.

El título es extraído de “Vulnicura”, el último álbum de la cantante, sobre la ruptura con su compañero Matthew Barney, un artista contemporáneo cuyas obras son parte de la colección del MoMa.

Pero para probar que su trabajo no está paralizado, Bjork acompañará la apertura de la exposición con varios conciertos intimistas en Nueva York y alrededores con una primera fecha prevista el sábado en el Carnegie Hall.

Klaus Biesenbach, uno de los responsables del MoMa, cuenta que Bjork misma le pidió que la considerara como una “música, una cantante y una compositora” y espera que esta retrospectiva no quede como un evento efímero, sino más como un “instrumento” que podrá, a más largo plazo, servir de modelo a futuras exposiciones.

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