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Los secretos no revelados de la prostitución en Chile

Surizar | Flickr (CC)
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“La prostitución es necesaria en algunos casos”“todos sabemos que hace la gente morena en las noches”… Estas fueron parte de las declaraciones que encendieron la polémica en la apacible ciudad de Quillota, ubicada a sólo 47 kilometros al interior de Valparaiso, y que enfrentó al consejero regional Manuel Millones de la UDI y al alcalde Luis Mella (DC) durante los últimos meses de 2014.

Todo se originó en un Twitter que publicó en su cuenta el mismo consejero regional: “Prostitutas, drogas, asaltos, mendicidad, suciedad, en eso es lo que hoy se ha convertido Quillota”. La autoridad luego en entrevista con el Diario el Observador de esa ciudad, lanzó otra frase de antología “toda la gente sabe que la gente morena que anda acá en el día trabaja en la noche”. Como si esto fuera poco, después en entrevista con Radio Bío Bío de Valparaíso, Millones dijo que “no hay que ser timorato… en algunos casos la prostitución podría ser hasta necesaria”.

Pero mas allá de la polémica sin duda el tema de la prostitución se vuelve a poner en el tapete, como un lastre para algunos, como un trabajo para otros, como una fuente de ingresos, como un delito, como un concepto reñido con la moralidad.

Muchos han hablado por ejemplo de establecer un Barrio Rojo. Incluso el mismo Manuel Millones lo ha planteado. Pero si bien es cierto que hay que poner la discusión en el tapete, esto debe debe ser más que una idea. Hay que analizar primero cómo se entiende la prostitución en nuestro país

Primero tenemos que decir que la prostitución en Chile no es legal, pero tampoco ilegal. La prostitución sólo es penada cuando involucra 3 factores: uno, menores de edad; dos, trata de personas y tres, acceso carnal por la fuerza. Si no estan estos factores, el comercio sexual no es penalizado.

Así se desprende de un interesante articulo, El derecho a ejercer el Comercio Sexual en Chile de Carolina Sáez Tapia y Fabián Aravena Canales quienes hacen un desglose desde el punto de vista constitucional, legal y reglamentario de la prostitución.

Para resumir se plantea que “Nuestra Constitución Política reconoce el derecho a desarrollar cualquier actividad económica que no sea contraria a la moral, al orden público o a la seguridad nacional, con la condición de que se respeten las normas legales que la regulen”. Ante la ambigüedad de estos preceptos los autores del artículo se cuestionan, ¿cómo reconocemos entonces una actividad económica lícita –y que por ende posee resguardo constitucional- de una ilícita, sin amparo alguno? Las críticas al ejercicio de la prostitución, entendida como la explotación comercial del cuerpo, se basan entonces solo en términos morales y no jurídicos, por lo tanto no puede perseguirse por el solo ministerio de la Ley, ya que no esta regulado y además seria anticonstitucional.

La normativa vigente incluso obliga a las trabajadoras (es) sexuales a mantener controles sanitarios para prevenir algún contagio. Es decir, la prostituta o el prostituto deben hacerse chequeos médicos y mantener un carnet o certificado de sanidad que indica que está en condiciones sanitarias óptimas libre de enfermedades de transmisión sexual. Cabe consignar que esos chequeos los paga el Estado.

En ese sentido y como no está regulada directamente, la prostitución se disfraza bajo la pantalla de otras actividades relacionadas porque, por ejemplo, si bien existe en Chile la patente comercial de cabaret, esta no permite que se concreten relaciones sexuales en su interior. Tampoco se permite bailar en el local. Sólo se permite el show erótico, que puede incluir desnudos e incluso sexo explícito en el escenario, pero si un cliente desea los servicios sexuales de una de las mujeres, deben llevarlas fuera del local.

Glosario de la Prostitución

En un cabaret existen las bailarinas exóticas o eróticas, que realizan topless o desnudos totales; las “copetineras”, término nacional para describir la función de la mujer que “saca” tragos o copetes (de ahí su nombre) a los clientes. En ambos casos, no necesariamente son prostitutas. Algunas sólo bailan, otras solo ofrecen compañía, pero son las pocas. La gran mayoría sí ejercen el comercio sexual. También existen los llamados “cafés con piernas”, donde las mujeres sirven y ofrecen café y compañía en ropa interior. Si el cliente quiere “algo más”, debe pagar adicional por ese servicio y concretar el contacto íntimo fuera del local.

Olga Berrios | Flickr (CC)

Olga Berrios | Flickr (CC)

Pero en la práctica, la gran mayoría de los cabaret tienen dormitorios equipados con al menos una cama, o bien cuentan con “privados” donde se realizan “bailes privados” que pueden incluir sexo oral o de otro tipo. En el caso de los llamados “cafés con piernas”, también pueden existir privados que cumplen la misma función.

El comercio sexual también se ejerce de forma privada, con las llamadas scort, que son prostitutas de alto nivel y ofrecen sus servicios vía Internet, redes sociales, avisos en periódicos o simplemente “por datos”. Los valores son mas altos que lo que cobra una prostituta “corriente” de cabaret o café con piernas porque el servicio es personalizado, supuestamente más higénico porque normalmente cuentan con departamentos propios o arrendados para esos efectos. No obstante no hay como saber si estas mujeres tienen o no sus controles sanitarios al día.

Y finamente esta el comercio sexual callejero, el que se ofrece en la vía pública, principalmente por parte de travestis y homosexuales, y que se concreta en un motel, en el auto del propio cliente o simplemente en la calle.

“Chile no está preparado para legalizar la prostitución”

Zuliana Araya ejerció el comercio sexual callejero 33 años. Homosexual transgénero que hoy es concejal de la municipalidad de Valparaíso recuerda de esa época que la prostitución siempre ha sido perseguida, que los llevaban detenidos y que muchas veces debían “pagar” no en dinero, las fianzas para poder salir de los calabozos. Los clientes, dice, son variados y muchos de ellos no buscan ni siquiera sexo: buscan compañía, conversar, desahogarse, algo así como para ahorrarse el psicólogo.

Zuliana no esta de acuerdo con un Barrio Rojo. Concuerda que primero hay que regular y legislar sobre la prostitución. “Imagínate que aún hay polémica por el Acuerdo de Vida en Pareja (hoy, Acuerdo de Unión Civil), aún hay discriminación a los homosexuales, aún discutimos sobre la marihuana y no hay acuerdos. Chile no está preparado para legalizar la prostitución” afirma con cierto grado de resignación. Zuliana dice que incluso si en algún momento se estableciera un Barrio Rojo, alguien tiene que a asumir la seguridad, no sólo de los o las trabajadoras sexuales, sino también del resguardo de la privacidad de los clientes, porque asegura que al tener todo concentrado en solo lugar, el morbo haría de las suyas buscando a algún famoso.

La concejal afirma que la solución al comercio sexual callejero no pasa por trasladar a un solo sector a las prostitutas. Pasa por intentar ofrecerles otras alternativas de empleabilidad, algo por lo cual ha luchado desde la agrupación Afrodita y ahora como autoridad comunal en Valparaíso, pero reconoce que también es difícil cuando muchas veces son quienes ejercen el comercio sexual, los que no quieren salir de esa actividad.

Antonella y Haly son prostitutas. Ejercen en un cabaret de la zona y tienen una visión bastante particular del tema. Para ellas un Barrio Rojo tiene más desventajas que beneficios. Desde su visión y entendiendo su actividad como un trabajo que les reporta importantes ingresos, en primer lugar un sitio de esta naturaleza podría aumentar la inseguridad de ese sector, aumento de la delincuencia y por ende el natural nacimiento de “sistemas de seguridad” informales, es decir, grupos de personas que ofrecen seguridad a las mujeres a cambio de dinero y servicios sexuales. También aumentarían los proxenetas, aquellos hombres que explotan sexualmente a las mujeres y los “cafiches”, como se les conoce en el ambiente, aquellos que son pareja de prostitutas y viven cómodamente de los ingresos que generan las mujeres. En ambos casos dicen, a cambio de seguridad.

Haly asegura además que concentrar el comercio sexual callejero en un solo lugar haría bajar los precios que ya están desvalorizados para ellas, debido al aumento de la prostitución “privada” que ejercen las scort. Por ejemplo, un servicio de sexo oral donde en un local se cobra entre 10 mil y 20 mil pesos, en la calle se puede encontrar en 5 mil. Sin control, sin resguardo, sin seguridad. Esto mientras que por 40 mil o 50 mil pesos se puede contratar el servicio completo con una scort en un departamento privado. Es decir, para el cliente es más beneficioso y atractivo, económicamente hablando, contratar a la scort o a la “patinera” (prostituta de calle, como se les conoce), porque con una prostituta en el interior del local además deben consumir tragos y, si quieren salir fuera del recinto, pagar el motel y un porcentaje de dinero al dueño del local, porque eso significa que el recinto deja de ganar con una “niña” menos .

Antonella lleva 5 años ejerciendo el comercio sexual. Nadie en su familia sabe. Incluso aún es carga de salud de su padre, porque asegura que está estudiando. Antonella dice que es un error tener un Barrio Rojo sólo para concentrar el comercio sexual callejero, porque “así como yo, somos muchas las que trabajamos en esto sin que sepan en la casa. Algunas dicen que cuidan enfermos de noche, otras que van de empleadas a otras ciudades. Entonces, si se hace un Barrio Rojo y se pone más estricta la fiscalización, eso va a hacer que aumenten las mujeres que ofrecen sus servicios en privado, en departamentos, sin ningún control sanitario, ni nada.”

Adolfo es dueño de un cabaret. Tiene entre 10 y 15 mujeres trabajando para él y concuerda en que hablar de un Barrio Rojo es una irresponsabilidad si sólo se busca concentrar el comercio sexual callejero en un solo lugar.

El problema es más de fondo, dice, como querer sacar a los comerciantes ambulantes. Guardando las proporciones, hace la misma comparación. El comercio ambulante le hace daño al comercio establecido, en el caso del comercio sexual callejero es lo mismo, afirma. Las mujeres que se dedican a esto, la mayoría emigra o se pone al servicio de un “empresario” de privados. El tipo les tiene departamento, les paga gimnasio, estilistas y finalmente ellas cobran cifras altísimas donde un porcentaje queda para él y el resto para ellas. También hay mujeres que se dedican en forma independiente a ofrecer sus servicios privados. “Si a eso le sumas el comercio sexual callejero, los negocios como el mío están en decadencia. Cada vez es más difícil encontrar mujeres que quieran trabajar en esto, precisamente porque a veces les es mas rentable hacerlo discretamente”.

Adolfo agrega que antes de pensar en un Barrio Rojo, hay que legislar primero para regularizar y autorizar el ejercicio real del comercio sexual en locales, establecer reglas claras. Hay que darle seguridad a los negocios y a las mujeres que allí trabajen. Recién ahí se puede eliminar o reducir al menos el comercio sexual callejero, porque me imagino -dice- que ese es el objetivo de un Barrio Rojo, de lo contrario no tiene sentido.

Una vez que eso ocurra, que esté todo regularizado, recién ahí podemos hablar de un Barrio Rojo. “Imagínate que hoy la prostitución es perseguida por las mismas autoridades que finalmente te obligan a disfrazarla con otros nombres. Cafés con piernas, bailarinas exóticas, saunas, casas de masajes, incluso restaurantes que contratan prostitutas como meseras, pero todos saben que allí hay en su mayoría, prostitutas. Si hasta los diarios -agrega- permiten publicitar el comercio sexual sin ningún control, para qué hablar de Internet. Tener un Barrio Rojo sin regulación previa de la prostitución, va a aumentar la clandestinidad con todos los riesgos que eso lleva a los mismos clientes”, puntualiza.

Establecer un Barrio Rojo no es sólo concentrar el comercio sexual callejero en un solo lugar. Básicamente esto significa cambiar el problema de un lugar a otro y eso tampoco asegura que en los lugares donde ya se ejerce continúen ofreciéndose servicios de esta naturaleza.

Comercio sexual con menores de edad: cuando la ley no es suficiente

Guache | Flickr (CC)

Guache | Flickr (CC)

Mas allá de los cuestionamientos valóricos que algún sector mas conservador de la sociedad pueda esgrimir respecto a la prostitución, el comercio sexual en Chile, para muchos debe ser regulado, no perseguido.

Así lo plantea el ex fiscal de delitos sexuales y ahora alcalde de Los Andes, Mauricio Navarro. Porque por una parte se reconoce la actividad pero no es posible -por ejemplo- otorgar patentes comerciales a locales porque tampoco se clarifica si esto corresponde a hechos reñidos con la moral y las buenas costumbres

Dice el alcalde y ex fiscal que si se llegara a establecer un barrio rojo, podría eventualmente generarse a través de las herramientas territoriales, la prohibición de ejercer la actividad en otro lugar que no sea el establecido para esos efectos

Habría entonces que normar y establecer que se entenderá por prostitución, quienes podrán ejercerla y como se podrá ejercer y quienes podrán consumir o contratar esos servicios.

En la actualidad el comercio sexual se condena cuando se generan tres factores: trata de blancas, es decir tráfico de personas para que ejerzan la prostitución sin su consentimiento; prostitución infantil u obligar por la fuerza a alguna persona a ejercer el comercio sexual. Así lo explica Navarro

Sin embargo y a pesar de estas regulaciones, existen menores de edad que clandestinamente ejercen el comercio sexual. Así lo reconoce Zuliana Araya, concejal transgénero de Valparaíso.

Una opinion similar tiene Haly, prostituta que accedió a contarnos algunos secretos nocturnos. Por ejemplo, que muchas menores de edad son abusadas sexualmente y finalmente terminan ejerciendo el comercio sexual.

“El comercio sexual privatiza sus beneficios y socializa sus costos”

En los Países Bajos donde el comercio sexual está legalizado, las trabajadoras pagan impuestos, tienen contratos y tienen derecho a beneficios sociales, salud y previsión para jubilar. En Chile no, dice Mauricio Navarro, abogado y alcalde de Los Andes. Al ser regularizada la actividad y catalogada formalmente como una actividad comercial, y al tratarse de una transacción de dineros, debiera hacerse un pago de impuestos.

Ahora bien, legislar y establecer parametros serios, no con la ambigüedad que hay hasta hoy, es fundamental. Por ejemplo se condena la prostitución, pero por otra parte por razones sanitarias se reconoce como actividad y se resguarda. Pero desde el punto de vista tributario, hay una especie de nube negra en torno al tema que debe ser regularizado, dice el alcalde.

Misma opinión tiene Gonzalo Becerra, ex director de la Escuela de Negocios de la Universidad Viña del Mar. Sin considerar el factor valórico que va por otro carril de la discusión, dice, hay una falla de mercado. El comercio sexual privatiza sus beneficios y socializa los costos.

Pero desde el punto de vista tributario hay un dato que es aún más interesante: como el comercio sexual no esta regulado, no se puede saber cuántas personas oficialmente lo ejercen. Por lo tanto sólo en base a estimaciones y considerando las tarifas en promedio de lo que se ofrece como ingresos en los avisos publicitarios, el país deja de percibir sólo por concepto de impuesto a la renta, 200 mil dolares mensuales. Algo así como 1.368 millones de pesos al año, sin considerar patentes comerciales y otros insumos que no se cuantifican.

Para Zuliana Araya pagar estos tributos podría ser aceptado por las nuevas generaciones –como les llama– de trabajadores sexuales.

Si bien las opiniones son divididas en este punto, en un tema donde sí concuerdan todos quienes consultamos es la previsión. La gran mayoría de las prostitutas en Chile, formales, informales o privadas, no tienen previsión ni derecho a salud, excepto las que tienen la “suerte” de que el dueño del local les haga un contrato, habitualmente como meseras para disfrazar la verdadera actividad que ejercen, o las que derechamente no temen en exponerse públicamente dando la cara y reconociéndose como prostitutas.

Una alta fuente de Carabineros que pidió reserva de su identidad nos confiesa que para las policías la prostitución por sí sola tampoco es una actividad que les genere mayores complicaciones, excepto cuando se transforma en un delito, como ya lo mencionamos, que involucre a menores de edad o “trata de blancas”. Lo complejo es que la prostitución esta asociada a efectos colaterales, como drogas, consumo excesivo de alcohol, etcétera.

Un alto oficial de la PDI también nos dice bajo reserva de identidad que la prostitución es “la piedra en el zapato” de las policías, sobre todo cuando se trata de extranjeras. “A las extranjeras no se les detiene por ser prostitutas, se les detiene porque ejercen una actividad comercial sin autorización. El problema es que como en Chile esa actividad no esta regulada, no tienen donde conseguir ese permiso. Es como un vacío legal” nos dice resignado.

Lo mismo ocurre con los locales donde se ejercen estas actividades. “Técnicamente no se puede hablar de ‘prostíbulos clandestinos’ porque no hay regulación de estos locales. Entonces a veces sólo se pueden multar a estos locales por faltas ridículas, por ejemplo no contar con patente de residencial, hoteles o moteles, o para tener camas en las habitaciones”. Por eso es tan dificil enfrentarla, dice otro policia consultado.

La experiencia internacional

Ahora bien, las preguntas son simples: ¿es realmente necesaria la prostitución?, ¿se puede penalizar el ejercicio del comercio sexual?, ¿es una buena experiencia la legalizacion de la actividad como en los barrios rojos?

Pareciera que la respuesta viene, para variar, del otro lado del mundo, según consigna el Women’s Justice Center de EEUU.

“En 1999, luego de años de investigación y estudios, Suecia aprobó una ley que: a) penaliza la compra de servicios sexuales y b) despenaliza la venta de dichos servicios. La novedosa lógica detrás de esta legislación se estipula claramente en la literatura del gobierno sobre la ley:

En Suecia la prostitución es considerada como un aspecto de la violencia masculina contra mujeres, niñas y niños. Es reconocida oficialmente como una forma de explotación de mujeres, niñas y niños, y constituye un problema social significativo… la igualdad de género continuará siendo inalcanzable mientras los hombres compren, vendan y exploten a mujeres, niñas y niños prostituyéndoles”.

A esta estrategia se le suma una importante inyeccion de recursos en materia social para ofrecer una oportunidad distinta a quienes ejercen la actividad.

Los primeros años no hubo resultados y las autoridades detectaron el problema. Falta de fiscalización de las policías. Entonces se abocaron a capacitar en la materia a los agentes y al cabo de unos meses los resultados mejoraron. Así –dice el portal “las fuerzas de seguridad de Suecia han descubierto que la ley sobre prostitución les beneficia en el manejo de todos los crímenes sexuales, en particular porque les habilita para virtualmente erradicar el elemento del crimen organizado, que es una plaga en otros países donde la prostitución ha sido legalizada o regulada”.

Esto se reafirma con un estudio encargado por el gobierno de Escocia a la Universidad de Londres respecto a la prostitución. “Los resultados en los estados bajo revisión que habían legalizado o regulado la prostitución fueron tan desalentadores como la penalización tradicional, o tal vez aún más. En cada caso los resultados eran drásticamente negativos”.

Parte del estudio hecho por la Universidad de Londres arrojó que la legalización y/o regulación de la prostitución condujeron a: un drástico aumento en todas las facetas de la industria del sexo; un marcado incremento en el involucramiento del crimen organizado en la industria del sexo; un dramático aumento en la prostitución infantil; una explosión en la cantidad de mujeres y niñas extranjeras traficadas hacia la región, así como indicaciones de un incremento en la violencia contra las mujeres.

Los resultados del modelo sueco para enfrentar la prostitución son elocuentes: “Es nula la cantidad de mujeres extranjeras que ahora están siendo traficadas a Suecia para comercio sexual. El gobierno sueco estima que en los últimos años sólo entre 200 y 400 mujeres y niñas han sido traficadas cada año hacia este país, cifras que no son tan significativas en comparación con las 15,000 a 17,000 mujeres traficadas anualmente hacia la vecina Finlandia”.

Si es o no necesaria, si la ejercen o no personas morenas, si deben o no pagar impuestos, si es un problema real o no para la justicia, son preguntas importantes, pero no de fondo. El fondo real del problema es que da la sensación que el Estado de Chile, al igual que con otras tantas cosas, no sabe que hacer con la prostitución… ¿o no se quiere hacer nada?.

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