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Arte, ruegos y desprecio: el escenario para la difusión de “pequeños músicos” en medios chilenos

Blanka Tóth (cc) | Flickr
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En los 25 años que llevo en esto de las comunicaciones he visto pasar innumerables bandas de músicos buscando, pidiendo, casi rogando una oportunidad para que sean tocados sus temas.

Los cantantes llegaban a las radios –en esos años- con cintas de cassette grabadas de forma muy artesanal, algunos incluso en radios de casa, en improvisados estudios donde la mejor amiga de la acústica era la humilde y poco valorada bandeja de huevos.

Otros, con un poco más de suerte podían grabar en las mismas radios si algún amigo paleteado les prestaba el estudio en la noche sin que supieran los jefes (varias veces lo hice). Los menos podían grabar en estudios profesionales.

Si ya grabar una canción era toda una odisea, que sonaran la radio era otra historia, quizás mas dura, a veces hasta humillante. Vi a muchos jóvenes casi salir llorando porque a algún pelotudo productor o programador de radio simplemente no le gustó la facha, la pinta o le cayó mal algún integrante.

Con el tiempo y a pesar de la tecnología, que ha permitido tener verdaderos estudios de grabación en un computador, en un notebook y hasta en un teléfono celular, son cientos los músicos que siguen buscando “la oportunidad”. Hay fenómenos que se viralizan en Internet a través de YouTube, a través de las redes sociales, pero siempre el denominador común es que se necesita el espacio para que esos músicos jóvenes y no tan jóvenes puedan mostrar su trabajo.

Sigo manteniendo que no es justo que se obligue solo a la radios a difundir un 20% de música chilena: la ley debiera extenderse a la televisión, la que debiera tener espacios para difundir música nacional emergente, grupos nuevos. Debiera extenderse a los portales electrónicos de origen nacional para que no solo YouTube sea la plataforma para mostrar el trabajo de estos músicos; debiera también extenderse a los diarios para que incluyan reportajes de artistas emergentes. Incluso podría legislarse para que los festivales, los municipios, las productoras, incluyan por ley a los artistas locales, emergentes o bandas nuevas en los shows que organicen.

En estos años he aprendido que existen varias categorías de artistas; los que buscan fama, los que hacen música para vivir de la música y los que hacen música porque les gusta o porque quieren entregar un mensaje a la sociedad.

El fin de semana tuve la posibilidad de acompañar a un grupo de amigos rockeros a una presentación al Festival Palmenia Pizarro de San Felipe. Es uno de los pocos festivales de la canción -no de la voz- que van quedando y eso es absolutamente destacable; es un festival que (por lo menos en esta edición) no se tentó con artistas extranjeros y, por sobre todo, es un festival que incluyó a artistas locales -uno cada noche-, y aunque a mis amigos les dieron solo la oportunidad de tocar tres temas y no los seis que les habían dicho al principio, se agradece.

Lo bueno es que no los censuraron por su estilo rockero fuerte y contestatario. Sonaron estridentes, es verdad, y las caras desencajadas de algunas abuelitas que estaban en primera fila lo decían todo. Sin embargo, no es menor mencionar que grandes bandas, hoy clásicas, en su momento fueron también cuestionadas y criticadas por su estridencia. ¿O no?

Lo malo: cuando le pregunte a uno de los productores del evento en que lugar actuarían mis amigos, me dijo todo suelto de cuerpo “aún no vemos el relleno”. Quizás no se supo expresar, o eso quiero pensar. Pero esa frase, insisto quizás malinterpretada por mi, me hizo reflexionar y pensar que, lamentablemente, esa es la realidad de muchas bandas locales de todos los estilos. Los llevan como relleno, los tratan como relleno, y lo peor es que los hacen sentir como relleno. Un poco de respeto, un poco al menos de reconocimiento al trabajo que hacen, es lo mínimo que piden.

Ojalá que tal como se invierten miles y miles de millones de pesos en construir canchas de fútbol para que las utilicen sociedades anónimas del fútbol, algún día se puedan construir salas de ensayos o estudios de grabación para hacer mas accesible la producción musical para las bandas emergentes y no tengan que estar grabando en las piezas recubiertas con bandejas de huevo. Porque, definitivamente, lo mas complicado para los músicos es, paradójicamente, hacer música.

Es caro grabar, es caro promocionar, es caro moverse. Es como estar cesante y gastar la plata que no tienes en sacar currículum y papel de antecedentes para que se queden archivados en un polvoriento escritorio; lo mismo pasa con los discos que llevan a las radios, muchas veces quedan guardados por años si es que no se van al tacho de la basura.

Esto es algo suavecito que hicieron mis amigos, ojalá les guste y a través de ellos quiero saludar y reconocer a todos esos músicos emergentes, solistas, baladistas, rocheros, hiphoperos, folclóricos, rancheros, cumbiancheros, etc. Parafraseando un mensaje que leí en las redes sociales, amigos músicos, tienen dos opciones: “O tiran la toalla y se rinden, o la usan para secarse el sudor del esfuerzo y seguir adelante”. No importa que sean relleno, porque a veces los rellenos son lo mas sabroso del plato, dicen los “masterchef”

http://youtu.be/skgzeYWTpOU

Francisco Ovalle
Radio Bío Bío en Valparaíso y Viña del Mar

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