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La esforzada vida de un ex indigente que hoy trabaja como guía turístico en Barcelona

QUIQUE GARCIA | AFP
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Acostumbrado a la buena vida de cocinero en un restaurante de lujo de Nueva York, Ramón Holgado se encontró de repente durmiendo en las calles de Barcelona, que ahora recorre en una ruta turística guiada por personas sin hogar.

Poco se imaginaba llegar a esta situación en 2004 cuando, tras casi treinta años en la Gran Manzana, este español de 64 años, natural de Salamanca, se mudó a Barcelona por problemas personales.

Desubicado en una ciudad desconocida y en una edad crítica para encontrar trabajo, Ramón se hundió cuando en menos de dos meses fallecieron su padre y uno de sus hermanos.

“Estuve diez meses ingresado en un hospital, con depresión, sin ganas de vivir”, recuerda con emoción este hombre de pelo rizado, algo canoso, y con ojos entrecerrados detrás de unas gruesas gafas.

Cuando se recuperó, se encontró en la calle. Orgulloso de haber cocinado para estrellas de Hollywood en Nueva York, a Ramón le cuesta hablar de cuando dormía “con un saco, entre cartones”.

“Te encuentras expuesto en todo momento a gamberros, ladrones, otras personas sin techo y a mil adicciones. Es muy fácil caer en un pozo del que no puedes salir”, añade.

Con pequeños trabajos en negro consiguió alquilar un pequeño piso compartido. Ahora, el dinero que obtiene de las guías le alcanza para comida y tabaco, pero espera que el negocio prospere para llevar una vida más digna.

La Barcelona invisible

En sus rutas, los clientes descubren la Barcelona de los comedores sociales y las desigualdades de los barrios céntricos, donde conviven hoteles de lujo con pisos patera que albergan a diez personas en 30 metros cuadrados.

El paseo dura alrededor de dos horas, durante las cuales visitan también los puntos más turísticos como la pequeña y acogedora plaza Sant Felip Neri, rodeada de edificios renacentistas y con una fuente en medio.

Ramón cuenta a su reducido grupo la historia del lugar, donde murieron cuarenta personas durante un bombardeo de la Guerra Civil, la mayoría niños que se habían refugiado en una iglesia cuya fachada conserva todavía las cicatrices de la metralla.

Pero las explicaciones no terminan aquí. Entre turistas, dos novios fotografiándose con vestidos de boda y unas mujeres con compras de Navidad, un hombre barbudo, con aspecto cansado y ropas gastadas, descansa sentado en una esquina.

“Esta plaza es uno de los lugares favoritos de las personas sin techo de Barcelona. Es tranquila, fresca en verano y recogida en invierno”, relata en inglés a los tres clientes de Hidden City Tours, un joven irlandés y dos amigas, japonesa e italiana, residentes en Londres.

“Es realmente impactante. Esos callejones pobres, la vida en las calles… No te imaginas Barcelona así”, dice Marcella Santocchi. Su amiga Tomoko Fukuzawa la convenció para apuntarse: “Nunca había hecho una ruta de estas porque son aburridas y frías pero esta era diferente”, asegura la nipona.

Nacida hace poco más de un año, esta pequeña compañía ofrece una visión distinta de la ciudad, visitada anualmente por 27 millones de turistas atraídos por la arquitectura modernista o el buen clima y la playa.

“Nosotros mostramos una realidad invisible. Es la Barcelona que no se puede ver en ninguna guía turística”, dice Lisa Grace, su fundadora.

“Le puede pasar a cualquiera”

Tras perder su trabajo en el sector del márquetin, esta inglesa residente en Barcelona decidió fundar esta mezcla de operadora turística y entidad social en una ciudad con 3.000 personas sin hogar, una décima parte del total en España.

Con ella trabajan cuatro guías, que dominan español, inglés, francés o alemán. Además de Ramón, hay un filólogo y un arquitecto que perdió su casa al divorciarse y al poco tiempo se quedó sin trabajo en plena crisis económica.

Aunque sorprenda, desde la Fundación Rais, que ayuda a estos colectivos, señalan que es un perfil habitual. “Los sin hogar no son personas desestructuradas, son gente normal que en poco tiempo sufre varios hechos muy dramáticos y acaba en la calle”, dice su directora adjunta, Patricia Bezunartea.

“Esto que nos ha pasado a nosotros, le podría pasar a cualquiera. Si la gente conociera las historias detrás de cada sin hogar, se romperían muchos

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