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Nuevo traje para tratantes del ébola promete mejor ventilación y más seguridad

Paul J. Richards | AFP
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Los trabajadores de la salud que están en la línea de fuego en la lucha contra la epidemia del ébola en África occidental, y que arriesgan sus vidas con trajes protectores sofocantes, tendrán pronto un gran alivio.

Investigadores de la Universidad Johns Hopkins desarrollaron un nuevo tipo de traje que no sólo es más cómodo, sino que además tiene menos probabilidad de infectar accidentalmente a los usuarios.

Concebido durante un fin de semana de tormenta de ideas en octubre, el traje acaba de obtener financiación de la agencia estadounidense para el desarrollo internacional (USAID), por lo que su producción masiva podría ser cuestión de meses.

“No quiero decir que esto es una profunda revolución en materia de EPP (equipos de protección personal)”, dijo a la AFP el profesor Youseph Yazdi, director del Centro de Innovación y Diseño en Bioingeniería.

“Sino que queremos simples mejorías capaces de salvar vidas, que tengan impacto en la salud y la seguridad (…) y que estén pronto en el terreno”, añadió, flanqueado con un maniquí con un prototipo amarillo en el estudio de diseño del centro en Baltimore (Maryland, noreste).

El ébola, uno de los virus más mortales de los que se tenga noticia, se transmite por contacto directo con fluidos corporales de una persona infectada. Tomando en cuenta que se manifiesta con vómitos y diarrea, los que cuidan a los enfermos son particularmente vulnerables.

De las casi 7.000 personas que han muerto de ébola este año, al menos 365 son trabajadores de la salud, informó esta semana la Organización Mundial de la Salud.

El traje protector que se usa actualmente ayuda, pero conlleva riesgos que el equipo de Johns Hopkins, un diverso grupo que incluyó médicos, ingenieros, técnicos e incluso a un diseñador de vestidos de novia, se dedicó a identificar y corregir.

Un asunto de cremallera

Todo comienza con la cremallera. Normalmente está al frente, que es la zona del traje protector donde hay más posibilidades de que caigan salpicaduras de fluidos corporales, y cerca de la nariz y la boca.

Por eso, actualmente quitarse el traje “acarrea un gran riesgo”, dijo Willibrord Shasha, un médico de Jhpiego, una organización afiliada a Johns Hopkins que se ocupa de llevar novedades en equipos de salud a países en desarrollo.

El nuevo traje se abre en la espalda. Detrás de los hombros hay que tirar de un par de pestañas para que luego el traje caiga limpiamente al piso con mínima intervención de parte de quien lo usa.

Pero también incluye un dispositivo de aire seco montado en la cintura que mejora la ventilación y la comodidad. El aparato, del tamaño de un libro de bolsillo, consta de una lata desecante y un pequeño ventilador conectado a la capucha con un tubo plástico.

Yazdi, quien se probó el equipo en una sala en Baltimore que imitaba las condiciones climáticas de África occidental, donde el calor alcanza los 57ºC, dijo a la AFP: “Te pones el traje y en un minuto sientes que te vas a sofocar, pero luego, a medida que empieza a soplar el aire seco, aunque sea aire caliente es un gran alivio”.

Otra variación simple pero importante es el tamaño del visor. En el nuevo traje es enorme, lo que permite a los enfermos de ébola ver el rostro de las personas que los cuidan y, por tanto, sentirse mejor y más seguros.

El traje está hecho de Tyvek, un tejido sintético de DuPont muy utilizado en batas industriales y sobres de correo reforzados.

La universidad Johns Hopkins ya ha sido contactada por fabricantes de los EPP existentes que desean elaborarlo.

Respecto al precio, Yazdi espera que sea similar al de los trajes actuales, que normalmente cuesta entre 12 y 17 dólares.

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