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Director japonés ofrece brillante “Noche en la Antigua Rusia” con la Sinfónica de Chile

Yuki Kakiuchi- Ceac
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Obras de Shostakovich, Borodin y Mussorgsky constituyeron la presentación del último concierto de la Temporada Oficial 2014 de la Orquesta Sinfónica de Chile (OSCH), que contó con la conducción del maestro japonés Yuki Kakiuchi este fin de semana.

El programa contó con la interpretación de la música de los tres compositores rusos, donde la Sinfónica tuvo una vibrante participación bajo la excelente y muy entusiasta batuta del joven y premiado director japonés, discípulo de grandes directores como Seiji Ozawa, Leopold Hager, Jorma Panula, Gianluigi Gelmitti, Isaac Karabchevsky y Kotaro Sato.

Kakiuchi, músico talentoso de 33 años, ganó en septiembre del 2011, el 52° Concurso Internacional de Besançon para Jóvenes Directores, cuyo premio fue dirigir la Orquesta Filarmónica de Bruselas durante el certamen. “Algo absolutamente mágico” recuerda y agrega que ese triunfo “significó tener muchas invitaciones a trabajar con otras orquestas profesionales y solistas en Europa, que me han entregado una gran experiencia”.

El concierto se inició con la “Obertura Festiva” breve introducción de Dmitri Shostakovich, para celebrar el 37° aniversario de la Revolución de Octubre, desatando las críticas de las autoridades soviéticas, como ocurre en gran parte de la música del compositor. Decían que sus sonoras fanfarrias apuntaban más al esplendor cortesano que al impresionismo urbano requerido de los artistas soviéticos y que su contexto tonal clásico era claramente decadente según los expertos censores musicales de Stalin.

“Shostakovich la escribió en tres días y las autoridades rusas reclamaron por su carácter festivo”, expresó Kakiuchi, quien sacó partido al gran conjunto que tuvo enfrente en esta ocasión, para brindar una pieza al estilo de marcha militar, en que hubo un lógico brillo de las familias instrumentales de las maderas y los bronces.

A continuación, vino “La Sinfonía N° 2, en Sí menor, de Alexander Borodin, una de las primeras sinfonías rusas que, si bien el autor la escribió en el estilo europeo, es música puramente de su patria, que el propio Borodin consideraba como un retrato de la vieja Rusia. Una obra clásica, muy melódica, con cuatro movimientos muy bien estructurados y con una interpretación global de gran calidad, en la cual lucieron, especialmente, las cuerdas y los instrumentos de viento.

En el cierre, se ofreció la considerad a obra central del programa, “Cuadros de una Exposición”, de Modest Mussorgsky, composición plena de colorido, versión de Maurice Ravel, derivada de una obra para piano, con música descriptiva, con un “leitmotif” muy especial, dividida en seis partes y con la opción para la exposición de un gran nivel técnico y brillo de los solistas instrumentales de la orquesta.

Este poema sinfónico obtuvo el reconocimiento de un público muy entusiasta, el que además premió en reiteradas ocasiones con merecidos aplausos al director Kakiuchi.

En la despedida de la presentación, Kakiuchi reiteró su admiración por la última obra, afirmando que “Cuadros de una exposición” es una de las piezas más importantes de Mussorgsky. “Escrita para piano, fue llevada al pentagrama por Ravel que era un gran orquestador y manejaba muchas sutilezas para establecer colores con la orquesta. Su idea era que la orquestación debería sonar como si fuera para piano”.

Finalmente, dijo que si bien Mussorgsky se inspiró en una exposición que se realizó en homenaje a su desaparecido amigo Víctor Hartmann, la obra del compositor ruso “es una construcción imaginaria de éste y es así como debe ser también, la interpretación que de ella haga el público”.

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