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Marie Christine Barrault brinda su arte teatral a la Sala 660 de CorpArtes

Marie Christine Barrault- Unifrance
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En este comienzo de noviembre, los días lunes 3 y martes 4, a las 20 horas, en la Sala 660 de CorpArtes se ofrecerá el espectáculo “Una femme en Guerre”, centrado en la participación femenina en la Primera Guerra Mundial a través de la interpretación de la reconocida actriz francesa Marie Christine Barrault (sobrina del célebre Jean Louis Barrault).

En escena, la artista junto al pianista Hugues Leclère, va narrando el papel de la mujer en el conflicto, por medio de la lectura dramatizada de diferentes textos poéticos o históricos.

La actriz explica que “en la selección de textos que hicimos hay de todo. Mujeres muy nacionalistas, que animaban a los soldados y que me parecen un poco ridículas. Pero también recogimos la voz de las mujeres que sufrieron, que no tendrán más hombres en su vida, que perdieron a sus padres, sus hermanos, sus futuros maridos”.

Sin embargo, Barrault añade; “En fin, estamos acostumbrados a oír la versión masculina de la guerra, de los hombres que sufrieron tanto en las trincheras en una guerra que fue horrible. Pero el conflicto marcó también un gran cambio en la vida de las mujeres”.

Así es como al discurso más conservador de una desconocida Yvone Pitrois, Barrault y Leclère, contraponen la visión más crítica y pesimista de una consagrada Colette, que en el periódico satírico La Bayoneta publicaba una especie de apología a las madres, víctimas también de la guerra, titulada “A las mamás”. “¿Qué mamá?” -se pregunta Colette-. “No podemos olvidar a ninguna. Porque desde el inicio de la guerra todas tienen cada una más grande que la otra el corazón, la esperanza, el don y el dolor”.

La actriz europea reconoce que la Primera Guerra marcó también un momento de emancipación social de la mujer, que accedió a actividades que le estaban vedadas hasta ese momento, como el trabajo en las industrias de armas o textil, obligando incluso al gobierno a fijar un sueldo mínimo en 1915, lo que queda reflejado además en el espectáculo.

De esta manera cuenta: “Las mujeres hasta la guerra estuvieron en una especie de servidumbre. Amaban, admiraban, pero como sirvientas: el hombre decidía todo. Y de un momento a otro, en cuatro años, se volvieron agricultoras, responsables de su granjas, comerciantes. Tomaron el lugar de los varones”. Es decir, se trata de un espectáculo que rinde honores a un grupo de grandes mujeres que cambiaron el destino de sus vidas, producto de la Gran Guerra.

Los textos de Clara Malraux son, a juicio de la actriz, los que mejor grafican esta transformación: “Malraux lo explica muy bien. Estaba a punto de comprometerse con un oficial con el que se aburría mucho y tuvo la valentía de romper el compromiso y se dio cuenta de que a partir de ese momento su vida le pertenecía. Y de hecho, eso trajo luego problemas cuando los hombres volvieron de la guerra encontraron que las mujeres habían ocupado su sitio y no estaban dispuestas a devolverlo”, destaca Marie Christine Barrault.

La pieza no sólo incluye textos de mujeres, sino que da un espacio a la arenga populista de René Viviani, presidente del Consejo de Ministros en 1914, llamando a las mujeres a reemplazar a los hombres en el trabajo por el bien de la patria. Y otro para Antígonas eternas del Nobel de literatura 1915, Romain Rolland, reconocido pacifista que se refugió en Suiza durante el conflicto.

Todos estos escritos van acompañados por el piano de Leclère que se pasea por las composiciones de Cécile Chaminade, Mel Bonis, Lili Boulanger, Claude Debussy y Erik Satie, intentando hacer un dúo con las palabras recitadas por Barrault, conocida como “la más melómana de las actrices francesas”.

Rohmer y Woody Allen

La experimentada actriz que visita Chile en estos días, está lejos ya de aquélla Marie Christine Barrault que se estrenaba en el cine en 1969 bajo la dirección de un joven Eric Rohmer en uno de sus primeros éxitos, “Mi noche en casa de Maud”.

Tras esa experiencia, Barrault participaría en “Cousin, cousine”, que le traería una nominación al Oscar como mejor actriz. Y como pasa también hoy, la notoriedad del Oscar haría que un joven Woody Allen la invitara a participar en Stardust memories en 1980, donde hizo de una joven casada de la que Allen, un cineasta en plena crisis existencial, se enamora perdidamente.

Al respecto, Marie Christine comenta que “fue una experiencia emocionante grabar con él, durante varios meses en Nueva York. Nos entendimos muy bien en el rodaje, pero yo me sentía como una turista en su película”.

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