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El juicio que condenó a la poderosa sociedad de brujos de Chiloé

Francisco Negroni | Agencia UNO
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Suelen ser confundidas, pero ambas sociedades, estrictamente relacionadas entre sí, apuntaban a lo mismo. Tanto la ‘Recta Provincia’ como la ‘Mayoría’ son nombres dados a agrupaciones que en Chiloé se dedicaron a la impartición de una irregular justicia popular y también, según se acusó, a la brujería.

Tras la llegada de los españoles a la isla grande, el sincretismo católico colonial permeado por las tradiciones autóctonas fue desarrollando una serie de creencias entre los habitantes insulares, algunos de los cuales, incluso, pasaron de la superstición a la asociación sectaria, manifestada en los dos grupos mencionados.

Estos apartados de la masa fueron sinónimo de hechizos, autoritarismo y muerte a fines del siglo XIX, lo que les llevó a ganarse un respeto mucho más cercano al miedo que a la reverencia entre los chilotes. Hasta nuestros días, su leyenda es ampliamente conocida en el sur del país.

La ‘Mayoría’, se dice, fue un juzgado de brujos autodefinido como tribunal de la raza indígena. Una suerte de organismo destinado a “dictaminar sobre la suerte que correrán los ofensores de sus leyes, ya sean éstos adeptos o profanos”, explica el Diccionario de la Brujería en Chiloé del investigador Manuel Romo Sánchez, director de la revista digital Archivo Masónico.

En tanto, la ‘Recta Provincia’ (nombre esparcido en literatura y otras expresiones), en base al mismo codificador anterior, fue una asociación secreta, compuesta en su generalidad de indígenas, y que tenía por objeto castigar a los que hacían mal, generalmente con la muerte, aunque también con el exilio.

Memoriachilena.cl

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Para hacer efectivas las penas tenían cabildos o corporaciones, los que autónomamente nombraban a sus jefes con el nombre de ‘reparadores’. Ellos se supeditaban a las directrices de un rey de la ‘Recta Provincia’, regulador de la administración de los distintos territorios.

“Tienen además sus curanderos para aplicar remedios a alguna persona enferma y cobrar sus derechos por la curación. Esto es lo más inhumano y terrible de esta sociedad de hechiceros. Se valen de venenos que es la medicina más común para castigar a los que se muestran rebeldes a obedecer o pertenecer a la brujería, o para efectuar una venganza que cualquiera solicita, con tal que le den alguna recompensa en dinero. Hacen creer también a los ignorantes que los que pertenecen a la sociedad pueden transformarse en seres irracionales que les pueden hacer muchos males a los que se resistan a obedecer a sus jefes”, agrega el diccionario.

En suma, una compleja organización que fue parcialmente desmantelada durante el famoso ‘Juicio a los brujos de Chiloé’.

HECHICEROS CASTIGADOS POR LA JUSTICIA

En 1880, el gobernador (considerado a su vez intendente) Martiniano Rodríguez decidió enjuiciar a esta sociedad mística establecida en Chiloé luego de la recopilación de una serie de testimonios que daban cuenta de las fechorías y la sumisión que causaban entre sus pares.

Ramón Espech, cronista y funcionario de gobierno en aquellos años de juicio -citado en una investigación relativa al caso publicada por la Dibam-, escribió en torno al curso de la acción punitiva que Martiniano Rodríguez ordenó una redada de los individuos calificados como miembros de las sectas, entre ellos machis y curanderos, principales sospechosos.

“Impartió a las autoridades subalternas del archipiélago la orden de que en un día dado hiciesen una recogida de todos los brujos y se los remitiesen a Ancud, con todos sus trebejos, yerbas, que debían servir de cuerpo del delito. Llegados que fueron se encerró con ellos y, uno a uno, fueron convencidos breve y sumariamente de la impotencia de su institución”, reza la reproducción.

Así, en el curso de las investigaciones judiciales, se logró establecer o confirmar lo que se presumía. Estos ‘hechiceros’ habían creado una organización que denominaban ‘Recta Provincia’, cuyos objetivos y extensión fueron expuestos en el proceso respectivo, que resolvió, literalmente:

CIRCULAR N° 294:
Ancud, Abril 7 de 1880.

Con esta fecha he decretado lo que sigue:
Considerando que es una práctica constante en la provincia la deserción de los habitantes de ella que son llamados al
servicio militar;
que a este delito contribuyen diariamente los muchos que se prestan para fomentarlo, ocultando a los desertores;
que en esta misma falta se está incurriendo respecto de los machis i brujos a quienes persigue la autoridad;
que es indispensable poner término a estos abusos que relajan seriamente la administración pública;
Decreto:
Toda autoridad administrativa de la provincia cuidará de aprender (sic) y remitir a disposición del Intendente a los
desertores de la compañía llamada al servicio activo.
A los machis, brujos o hechiceros con el carácter de tales.
A los individuos que oculten a unos u otros, o los acepten en sus casas sin dar parte a la autoridad. Todos estos deben
ser preferidos para el servicio.
Anótese y transcríbase.
Al transcribir a U. el presente decreto, le recomiendo mui encarecidamente que haga lo posible porque sea conocido por
todos sus subordinados.
Dios gue. a Ud. .
Luis M. Rodríguez. (En «El Liberal» N° 75, Ancud, 9 de Abril de 1880).

Tras el juicio, que se hizo bajo el cargo de asociación ilícita, la poderosa organización de brujos se desarticuló y cayó poco a poco en el olvido, reseña el portal Memoria Chilena.

Sin embargo, con el tiempo, el imaginario popular tejería una serie de mitos y leyendas relacionadas con la brujería, las cuales aún sobreviven y se encuentran profundamente arraigadas en la cultura de Chiloé y sus alrededores, donde todavía, más de alguno, aún cree en el señorío de la ‘Mayoría’ y la ‘Recta Provincia’.

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