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Crítica de Teatro: “Balada entre dos perniles”

Maribel Fornerod | Agencia Uno
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Con el nombre de “Estrategia para dos jamones” debutó en un escenario, en 1979, esta obra de Raymond Cousse (1942-1991), actor y dramaturgo autodidacta francés, dueño de una brevísima bibliografía.

El texto, interpretado por un solo actor, también adaptado como “El cerdo”, llegó a Chile como “Balada entre dos perniles” con el destacado actor Humberto Duvauchelle (84).

Pero el montaje que dirige Juan Pablo Donoso conserva y subraya el torrente reflexivo de carácter filosófico que propone el autor.

Simple y extraordinariamente, habla de lo que piensa un cerdo sobre su vida y de la relación con los llamados seres humanos, en los momentos previos de comparecer en el matadero para convertirse en jamón, chuletas, perniles y todo lo que sirva para ser degustado.

No es primera vez que la literatura y el teatro humaniza la vida animal para observar en contraste las similitudes y diferencias entre ambos niveles de la naturaleza.

“Animal Farm” (“Rebelión en la granja”), novela satírica de George Orwell, seudónimo del escritor británico Eric Arthur Blair (1903-1950), podría considerarse como una célebre referencia, toda vez que alude al tema de la tiranía y la corrupción y, especialmente, a la libertad que el cerdo de Cousse aborda intenamente.

En el chiquero

Humberto Duvauchelle protagoniza a un cerdo anónimo vestido con un mameluco de color indefinido, cuidadamente sucio y amplio, sobre todo entre las piernas, y un maquillaje que de alguna manera distorsiona su rostro.

El actor se moverá durante una hora en un espacio escénico enrejado de unos seis metros cuadrados que alude a un chiquero cubierto de paja.

Sin embargo, no incluye barro, como ocurre en los establecimientos modernos de producción animal (Diseño integral de Rodrigo Ruiz)

Anónimo como millones de seres humanos, el cerdo de Duvauchelle camina en cuatro patas, se yergue y se sienta en cubículos y en el tarro que sugiere que está el agua que puede beber.

En esta obra de cámara, muy íntima, cien por ciento de texto, el actor se mueve lo justo y necesario, sugiriendo un estado mental pausado del animal, sin explosiones ni arrebatos, como si el organismo se preparara para una muerte programada.

Aunque se trata de una comedia negra, el director se concentra más en la gravedad del momento que en los bordes humorísticos que también tiene.

Vida animal

La libertad, la manera cómo se ejerce o si se acepta que se limite están en el trasfondo de este montaje.

Una referencia hacia la vida humana ya que, en momentos, al espectador le parece que la reflexión pertenece a personas corrientes.

La vida en el campo, el proceso de engorda y el momento de la matanza forman parte de la línea histórica del cerdo protagonista, como si fueran los pasos inevitables de su destino.

El cerdo, humilde y concreto, sabe que será faenado y que se reencarnará en sabrosa comida y alimento para los demás.

Defiende los márgenes de su libertad, se enorgullece de su capacidad reproductiva y exhibe sus discrepancias con el mundo exterior que llega a través de la banda sonora seca y potente que incluye una contrastante música barroca.

Leopoldo Pulgar

Leopoldo Pulgar

Y aunque no hace denuncias, sus reflexiones sobre cómo y por qué ha vivido y morirá parecen enjuiciar lo ilógico de la vida contemporánea, el afán consumista, la avaricia y la ambición en la sociedad actual. Un recado también inevitable en un montaje que busca hacer pensar más que provocar compasión.

Leopoldo Pulgar Ibarra
Periodista

Sala UFT. Pocuro 1935. F: 22420 7444. Vi., 20.30; sá. y do., 20.00. $ 6.000 y $ 3.000. Hasta el 26 de Octubre.

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