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Bill Cunningham, el fotógrafo de moda que conoce todos los secretos de las calles

JOSHUA LOTT | AFP
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En otra vida, vistió a Jackie Kennedy y diseñó sombreros. Desde entonces, Bill Cunningham se ha convertido en una leyenda viviente de la fotografía de moda callejera, una disciplina que prácticamente creó. Su pasión es aún su obsesión: capturar el encanto.

Con la mirada atenta, una camisa azul, la espalda ligeramente arqueada y la cámara colgando sobre el cuello, Cunningham, de 85 años, tiene las maneras y el vocabulario de un hombre de su época.

El fotógrafo de The New York Times llama a todos “niño”, sin importar su edad. Cuando le hablan, se concentra en la pregunta y escucha con atención.

Son raras las personalidades del ámbito que pueden, como él, presumir de siempre estar a la moda o predecir cuál será la próxima tendencia.

En un documental de 2010 sobre Cunningham, Anna Wintour, la poderosa editora de Vogue, se mostró maravillada de su habilidad para “ver algo, en la calle o en la pasarela, que todos nosotros pasamos por alto completamente. Y en un período de seis meses, ¡eso se convierte en moda!”.

El discreto hombre, nacido en Boston en 1929, “no habla mucho”, dijo recientemente a la AFP el editor de InStyle Hal Rubinstein Nueva York.

“Su riqueza de conocimiento es absolutamente asombrosa y es modesto. Sabe exactamente quién es, no es hombre de nadie más que de sí mismo… está más allá de lo académico”, opina.

Mientras que las décadas en las que Cunningham se dedicó a la moda callejera lo ayudaron a desarrollar un conocimiento enciclopédico, los años no parecen haber disminuido su gran talento: el arte de descubrir grandes tendencias en la calle, la pasarela o fiestas fastuosas.

Una figura omnipresente que a menudo viaja en bicicleta de la Quinta Avenida y la 57 a los shows de moda de Nueva York, Cunningham también visita la semana de la moda de París para “educar el ojo”.

El intenso escrutinio de los medios sobre él le genera gran frustración. En una entrevista con la AFP, dijo que trae “demasiada atención” a su trabajo y de algunas maneras lo destruye.

Un bicho raro en un mundo que gira alrededor del ego, la extravagancia y la individualidad de estilo, un mundo donde las actrices jóvenes y los blogueros compiten por ser el centro de atención, Cunningham solo aspira a una cosa: ser “invisible”.

“Dejo que la calle me hable”, dice y afirma con humildad que no es un “buen fotógrafo”.

Pero su trabajo captura momentos de moda pura: la elegancia de una mujer saltando sobre un charco de agua o un dandi luciendo un sombrero mientras cruza la calle.

Impulso a los blogs

Cunningham describe su aproximación al trabajo de manera simple: “No tener un preconcepto, sino salir y dejar que la calle le hable a uno”.

Comenzó su carrera como un sombrerero para la alta sociedad de Nueva York. En 1963 estaba trabajando en Chez Ninon, una pequeña tienda de alta costura, cuando Jackie Kennedy, una clienta regular, le entregó un traje rojo de Christian Dior antes del funeral de su marido asesinado.

“No había tiempo de conseguir la tela y hacer un nuevo traje, así que durante la noche lo teñimos de negro”, recordó Cunningham durante una conferencia en Nueva York semanas atrás.

Sus primeras fotografías de mujeres desconocidas y celebridades, incluida la actriz Greta Garbo en 1978, lo ayudaron a conseguir una columna regular en The New York Times, “En La Calle” (On The Street), donde cada semana se presentan las últimas tendencias.

Durante todos estos años, ha mostrado hombres en falda, estampados de leopardo, blusas tanto para el día como la noche y un caleidoscopio de colores.

“Consideraría absolutamente a Bill Cunningham como el fundador de la fotografía de moda callejera”, dijo Brad Paris, quien enseña fotografía en el prestigioso Fashion Institute of Technology de Nueva York.

“Otros fotógrafos podrán haber cubierto el estilo callejero antes de Cunningham, pero él realmente lo hizo de sí mismo con su visión consistente”, agrega.

Y su trabajo ha dado un impulso a los blogs de moda.

“Fotógrafos como Scott Schuman (del blog The Sartorialist) estuvieron directamente influenciados por las divulgaciones de Cunningham en The New York Times”, opina Paris.

“La columna de Cunningham llevó, eventualmente, a la idea de que cualquier persona con una cámara, una cuenta en WordPress y algunas ideas sobre moda puede influir en el mundo de la moda”, explica, y remarca que “Cunningham mostró las posibilidades del estilo callejero y creó el ambiente en el que puede ser tomado muy en serio”

JOSHUA LOTT | AFP

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