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La “revolución de los paraguas” podría acabar en tormenta para Hong Kong según analistas

Annabel Symington | AFP
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La “revolución de los paraguas” comienza a pesar en la economía local, y amenazaría el estatuto de plaza financiera internacional de Hong Kong si la situación degenerara en violencia.

Las protestas en la ex colonia británica se han intensificado desde el domingo, y decenas de miles de manifestantes exigen sufragio universal sin límites, provocando la peor crisis política que vive Hong Kong desde que los británicos la devolvieron a China en 1997.

La interrupción del transporte público, el cierre de algunas sucursales bancarias y la suspensión de viajes de negocios son por ahora los efectos de las protestas en este territorio del sureste de China con siete millones de habitantes y cuya economía tiene un peso equivalente a la de Chile, Filipinas o Egipto.

Si las protestas se alargan, “el turismo y el comercio, que en conjunto representan el 10% del producto interno bruto del país, se verán muy afectados”, dijo Gareth Leather, de la consultora Capital Economics, para quien Hong Kong podría sufrir una recesión.

Son las consecuencias financieras de un agravamiento de la situación las que centran todos los temores, porque la isla y sus territorios representan un importante engranaje del motor capitalista de la región y más allá.

Cientos de miles de millones de dólares se mueven cada día en los mercados de divisas, materias primas, en el interbancario y en la bolsa de Hong Kong, donde cotizan pesos pesados del sector financiero (como HSBC), las telecomunicaciones (China Mobile) o la energía (PetroChina).

El mercado de Hong Kong es considerado el tercero más eficiente del mundo, sólo por detrás de Nueva York y Londres, según el ránking de la empresa Z/Yen con sede en la capital británica, elaborado mediante una amplia encuesta bianual de profesionales.

Singapur, ¿la beneficiada?

Este rango de plataforma financiera se construyó pacientemente, en particular durante la segunda mitad del siglo XX, por los ciudadanos de Hong Kong, los chinos que huyeron de la toma de poder comunista en Pekín en 1949, los británicos y otros occidentales.

“Durante el período colonial británico, Hong Kong fue testigo de un período de relativa paz que le permitió prosperar”, dijo el analista independiente Howard Wheeldon, que cita sólo unos pocos incidentes entre los distintos segmentos de la población.

Esta agitación esporádica, sin embargo, nunca amenazó la imagen de tranquilidad que desprendía Hong Kong, encrucijada de la influencia estadounidense, soviética y china durante la Guerra Fría.

La devolución de la colonia a China hace 17 años no rompió este equilibrio apreciado por los inversores, a pesar de las tensiones periódicas entre las fuerzas democráticas y los partidarios de la línea oficial china.

Según Ivan Tselichtchev, profesor de economía en la Universidad de Gestión de Niigata (Japón) y experto en la región, la fortaleza de Hong Kong en el tablero financiero está relativamente poco amenazada porque “las autoridades chinas y de Hong Kong tienen suficiente poder y recursos para contener problemas significativos”.

Pero, añade, “estas protestas ponen de relieve el riesgo político asociado a la práctica de ‘un país, dos sistemas’, introducido por Pekín en 1997″ para salvaguardar el sistema capitalista de la ex colonia británica.

“El peligro es estructural, y los inversores van a pensar más en ello”, sostuvo.

Todo dependerá de cómo gestionen las autoridades la disputa. Pekín sabe muy bien el impacto devastador que tendría sobre la economía de Hong Kong y China en su conjunto una imagen de represión demasiado feroz.

“El gobierno de Hong Kong probablemente no tolerará por mucho tiempo la ocupación de las principales arterias comerciales y podría permitir a la policía usar la fuerza para despejar las calles. Y no se puede descartar el envío del ejército”, dijo Leather, de Capital Economics.

“Tal escenario sería un golpe a la situación de Hong Kong como centro financiero internacional, que depende del mantenimiento de un estado de derecho, un gobierno estable y una agradable calidad de vida“, predice.

La ciudad-estado de Singapur sería probablemente la principal beneficiada de la partida de bancos y servicios financieros, si el daño colateral de la represión también empañara la respetabilidad de centros chinos como Shenzhen y Shanghai.

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