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Crítica de Teatro: “Ursaris, el último encantador de osos”

Ursaris | Pacheco y Kaulen
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No es muy común que la simpatía de intérpretes y personajes se convierta en un factor tan predominante como lo artístico en una producción escénica.

Ocurre con “Ursaris, el último encantador de osos”, un trabajo de la compañía Circo Pacheco-Kaulen y Hnos., que combina lo teatral con la técnica circense.

Una alternativa usualmente definida como nuevo circo o circo contemporáneo. “Laszlo & Koqoshka” es su trabajo anterior.

Desde el ingreso al recinto se advierte el carácter de la obra que protagonizan el músico Alvaro Pacheco y la diseñadora Carola Sandoval.

El público es recibido en la carpa multicolor por un tercer personaje que ayuda a chicos y grandes a ubicarse en sus asientos, hace comentarios cómicos, bromea, se ríe de su propia locuacidad…

A su vez, la mano teatral de la directora Ana María Harcha se advierte desde el comienzo y es fundamental para organizar los detalles de este relato.

Se empieza a notar apenas el gitano Laszlo ingresa al escenario empujando un gran y colorido carromato, único y llamativo elemento escenográfico, de cuyo interior saldrán muchas sorpresas.

Esta producción, rica en detalles ambientales, reúne la antigua práctica de los encantadores de osos (llamados ursarios) de Europa del Este, la experiencia de vivir y convivir del domador gitano Laszlo y la presencia silenciosa y graciosa de la osa Koqoshka.

Un conjunto de elementos que saca a la luz aspectos del mundo nómade y las ferias ambulantes, formas de vida casi desaparecidas.

Y que, al mismo tiempo, tiene un objetivo preciso: mostrar una relación de trabajo respetuosa entre hombre y animal, a través de un adiestramiento sin violencia, con mucha ternura y caudalosa música.

Ursaris | Pacheco y Kaulen

Ursaris | Pacheco y Kaulen

Sencillez y profundidad

“Ursaris, el último encantador de osos” busca conectarse, simultáneamente, con el público infantil y adulto.

Para darse a entender, el protagonista va narrando sus andanzas del pasado y del presente. Por ejemplo, que por culpa de la hibernación obligada de Koqoshka, en invierno, lo pasa mal porque no puede trabajar sin su compañera. Pero el gitano no se amarga. Mantiene su espíritu positivo y, después, cuando llega la primavera, no intenta explotar ni abusar de la osa.

En realidad, la ama como su amiga. Sin olvidar que la relación es entre hombre y animal, le enseña las rutinas. Pero como la respeta, también acoge las sugerencias que ella le entrega a través de gestos y conductas a veces incontrolables.

El gitano, entonces, saca a relucir sus instrumentos, muy poco conocidos por el público occidental –un curioso violín-trompeta, entre otros-, provenientes de Turquía, Rumania, Bulgaria y Pakistán.

Así, siempre con la delicada y respetuosa guía del gitano, ambos van exhibiendo sus destrezas acrobáticas y cómicas, además de interpretar danzas y canciones tradicionales de estos países.

Leopoldo Pulgar

Leopoldo Pulgar

En realidad, esta experiencia provoca un encantamiento total. Del gitano, la osa y el espectador.

Leopoldo Pulgar Ibarra
Periodista

GAM. Carpa Plaza Zócalo. Jueves y viernes, 19:00 horas; sábado y domingo, 18:00 horas. $ 5.000 general; $ 4.000 estudiantes y tercera edad; $ 3.000 niños hasta 6 años. Hasta el 5 de octubre.

Ursaris | Pacheco y Kaulen

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