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HUTTENWEEK o la semana de los “maestros chasquillas” holandeses

Huttenweek, Hernán Azócar (c)
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Los “maestros chasquillas” no son sólo “patrimonio” chileno. En Holanda, casi todos hacen pequeños trabajos domésticos, lo que cultivan en jóvenes y niños en una actividad notable de creatividad, de cohesión social, de ciudadanía.

Texto de Hernán Azócar (Fotógrafo chileno radicado en Holanda)

Huttenweek, Hernán Azócar (c)

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Huttenweek, Hernán Azócar (c)

Huttenweek, Hernán Azócar (c)

La caja de herramientas es un bien infaltable en el patrimonio de toda familia holandesa. En un país donde el precio de la mano de obra se ha disparado a tarifas siderales, el gásfiter, el electricista o el carpintero son sólo el último recurso, para cuando el chasquilla de la familia ya se ha declarado formalmente incompetente.

Por eso las habilidades manuales están en el ADN de los holandeses, al igual que el diálogo y la búsqueda de consensos, el andar en bicicleta o el reciclar los desechos.

En muchas ciudades de Holanda , antes de la vuelta a clases después de las vacaciones de verano, se organiza la Huttenweek, o en español, la semana de construcción de cabañas, una actividad masiva para escolares, auspiciada por particulares y pequeñas empresas, que financian el transporte de pallets de madera, la instalación de baños químicos y la amplificación e iluminación de uno de los eventos más entretenidos del verano: levantar una cabaña en cuatro días, trabajar duro para terminarla y dormir en ella la noche previa a la clausura, a la luz de las linternas, que en lo posible solo vienen a apagarse cuando ya se han agotado las risas y las historias para asustarse entre los niños del equipo.

Huttenweek, Hernán Azócar (c)

Huttenweek, Hernán Azócar (c)

Armados sólo con un martillo, un serrucho y una cuota de clavos, los peques le van dando forma a la cabaña, la que por razones de seguridad, solo puede tener un máximo de dos pisos. No se permite el uso de herramientas eléctricas ni pintura. Ni hablar tampoco del ingreso de bebidas energéticas.

El alcalde es extremadamente breve en su discurso de inauguración. Los niños impacientes, solo esperan un gesto de los organizadores para lanzarse sobre la plancha de cholguán que podría servir de techo, o los despuntes de madera con los que van a reforzar las paredes contra el viento.

Una veintena de voluntarios, formada principalmente por los padres más entusiastas, se encarga de la seguridad, de la cocina de campaña y por supuesto, de la música, que suena de sol a sol por los altoparlantes.

Al caer la tarde del primer día, el recinto, que es algo más grande que una cancha de fútbol hace pensar inevitablemente en la película de ciencia ficción Distrito 9; un paisaje multiforme de casuchas, algunas desafiando el más equilibrio más elemental, otras más a plomo, con un cierto aire a casa de veraneo de Ritoque.

La idea de la Huttenweek es pasarla bien y despedir las vacaciones de verano con la gran aventura del trabajo en equipo. Dormir en la cabaña es la guinda de la torta. Este año no fue posible; una lluvia de proporciones bíblicas, con truenos y relámpagos obligó a los organizadores a cancelar la última noche, a pesar de los chiflidos y la resistencia de los más temerarios. Pero todo lo reído y compartido los dejó a todos con las pilas bien cargadas para el duro regreso a clases.

¿Algo para copiarle a los holandeses? A ver si alguna comuna chilena se atreve a organizarlo.

Huttenweek, Hernán Azócar (c)

Huttenweek, Hernán Azócar (c)

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