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Julio Cortázar elige su “foto oficial”

Sara Facio
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Julio Cortázar te mira reflexivo. Distraen su corbata, su ceño fruncido, pero te mira tan frontal que provoca encenderle el cigarrillo: así es “la foto oficial” que inmortalizó al autor argentino tomada en 1967 en París por su amiga Sara Facio.

La imagen devenida en ícono del autor de “Rayuela” (1963) “fue tomada con una Leica 35 mm, sin flash, sin trípode, sin nada de esas cosas que suelen usar la mayoría de los fotógrafos”, contó a la AFP la fotógrafa argentina.

Sara Facio es hoy una autoridad de la fotografía cultural en Argentina y, a sus 82 años, puede ufanarse de haber retratado a los escritores más prominentes de la literatura hispana contemporánea.

Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Ernesto Sábato, entre otros escritores, cantantes y actores posaron delante de su Leica. Pero fue con el poeta chileno y con Cortázar con quienes nació una relación de amistad real, contó.

Hablando de aquella imagen en la que Cortázar luce excepcionalmente guapo, con un Gauloises en la boca, de saco, rostro de medio lado y arrugas primerizas, Facio recordó que “él mismo fue el que la eligió como su foto oficial”. Había conocido a su amigo en París en 1967, el mismo año en que tomó esa y otras tantas.

“Él mismo me dijo que quería que fuera su foto oficial, que algún día estuviera en la tapa de algún libro y se cumplió mucho su deseo, porque está en cientos de tapas”, dice orgullosa esta mujer que lleva tantos años haciendo fotos, como luchando por el respeto del derecho de autor de sus fotografías.

El creador surrealista de “Historias de Cronopios y de Famas” habría cumplido el martes 100 años y, en Argentina, país de sus padres, donde estudió filosofía y escribió sus primeros textos, está recibiendo varios homenajes.

“Nos unió una amistad bastante profunda, basada en todo lo que es afinidad cultural y además un gran afecto”, contó Facio del Cortázar amigo.

El retrato que es tarjeta postal, tapa y contratapa de libros e imagen en la prensa de todas partes del mundo, fue tomado en una sesión de fotos en los jardines de la sede parisina de la UNESCO.

“Fue en un receso de su trabajo como traductor en la UNESCO, nos fuimos a los jardines y esa fue la foto que más le gustó, pero hay otras donde se ve lo demás, el ambiente”, reveló Facio, que conserva sus originales -que ella revelaba- con el celo que se resguardan las grandes obras de arte.

Entre rayuelas, Cronopios y “selfies”

Los Otros Cielos es el nombre de la exposición que inauguró el martes en la noche el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, para rememorar aspectos íntimos del escritor que nació en Bruselas en 1914 y murió en París en 1984.

“En París hizo su vida, pero Argentina fue su referencia, y eso se ve en la obra, de eso se trata la muestra”, dijo Facio.

Su máquina de escribir, su pipa, una vieja guitarra que le regaló Pablo Neruda y una muestra de fotos personales, entre ellas 25 de Facio, están expuestas en este museo hasta el 28 de septiembre.

La muestra permite ver los libros que acumuló, el cine que disfrutó, comprobar su pasión por el boxeo, escuchar el blues que lo inspiró entre el placer de fumar y degustar un whisky.

Julio Cortázar, de ideales de izquierda, decidió nacionalizarse francés en 1981 en protesta por el régimen militar que gobernaba Argentina.

Rayuelas en tiza o pintura están en distintos puntos de Buenos Aires, donde el lunes reabrió el London City, un acogedor café de 1954 que frecuentó Cortázar en los años 70.

En una estrecha mesa para dos, arrinconada contra una vidriera que da a la Avenida de Mayo, en pleno centro capitalino, hay ahora una placa de bronce en su honor y un cenicero de acero, abollado por el tiempo y sus cigarros.

Desde el martes, turistas y reporteros van al local haciéndose la “selfie” correspondiente.

“Tomar fotos con celulares me parece una porquería”, lanza Facio que tiene su cámara digital y está fascinada con las nuevas tecnologías.

“Ojalá en mi juventud hubiese habido este cambio, porque desde el punto de vista profesional es un avance que no se puede medir, es extraordinario”, opinó.

Pero “eso de tomar fotos en todas partes con los teléfonos está bien, si les gusta y tienen ganas de no ver nada”.

“A mí que saco fotos para después mirarlas no me convence la calidad de los teléfonos. Es como ver películas en un teléfono ¡es un horror!”.

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