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Más de 100 casos de cáncer de tiroides se han reportado en habitantes de Fukushima tras desastre

Instalaciones de Fukushima | IAEA/David Osborn
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Un estudio sobre el impacto de las radiaciones de la catástrofe de Fukushima reveló que 103 niños y adolescente de la región, menores de 18 años en el momento del accidente, han desarrollado un cáncer de tiroides confirmado por cirugía o altamente probable, pero la relación con el desastre atómico está por confirmar.

Un comité de seguimiento de la salud de los habitantes hizo pruebas a cerca de 300.000 jóvenes de la provincia de Fukushima (noreste).

El número de casos de cáncer confirmados después de una intervención quirúrgica es de 57 a fecha de hoy. Los 46 casos restantes no son seguros al cien por cien pero la probabilidad es muy alta.

Otro adolescente fue operado pero el nódulo extraído era benigno.

La proporción de niños de la provincia de Fukushima afectado es por lo tanto de 30 por 100.000, pero no existe una base de referencia para esta región, lo que impide comprobar si se ha producido un aumento desde el accidente atómico de marzo de 2011.

Los especialistas designados por las autoridades prefectorales tienden a pensar que estos casos de cáncer no guardan relación directa con el desastre.

Difícilmente se puede establecer una relación de causa a efecto pero es necesario no obstante seguir con los exámenes porque la proporción de descubrimiento de tumores aumenta con la edad, también en tiempo normal”, declaró el profesor Shunichi Suzuki, de la facultad de medicina de la prefectura de Fukushima, en la presentación de los resultados, la tarde del domingo.

Esta opinión se funda, entre otros, en datos comparativos, sobre todo con el caso de la catástrofe de Chernóbil, en 1986, en Ucrania.

No obstante, los padres de los niños afectados no pueden evitar pensar que la causa es la exposición a las radiaciones (y sobre todo al yodo 131) los primeros días después del siniestro.

La tiroides es una esponja de yodo (materia prima para la fabricación de las hormonas tiroideas), sobre todo en el niño en crecimiento. Esta glándula es pues particularmente vulnerable a las emisiones de yodo 131 radioactivo en caso de accidente nuclear. Por eso se recomienda la absorción de yodo estable con el fin de saciar e incluso saturar de antemano la tiroides. Esta medida no se aplicó en el caso de Fukushima.

Las autoridades niponas decidieron hace poco repartir yodo estable a los habitantes más cercanos de los reactores que podría volver a la actividad en un futuro próximo, empezando por los llamados Sendai 1 y 2 en el suroeste.

Por el momento, el parque japonés de 48 unidades está detenido (sin contar los seis de Fukushima Daiichi saqueados y condenados a ser desmantelados).

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