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5 preocupantes suposiciones de los jóvenes sobre el sexo anal

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Lies Thru a Lens | Flickr (CC)

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En un país conservador como Chile, hablar sobre sexo todavía hace enrojecer a sus interlocutores. Ni mencionar entonces prácticas que se consideran tabú como el sexo anal, considerando que la sodomía como delito recién fue retirada de nuestro código penal en 1999.

Sería un error aún más grave considerar el sexo anal como una práctica exclusiva de homosexuales. Según un estudio publicado recientemente por la Escuela de Londres en Higiene y Medicina Tropical en la revista científica BMJ Open, 1 de cada 5 adolescentes entre 16 y 18 años -hombres y mujeres- lo han practicado en los albores de su sexualidad.

Sin embargo lo preocupante son los conceptos que los jóvenes tienen del mismo, precisamente a causa de la falta de información.

1. “Doloroso, riesgoso y coercitivo, sobre todo para las mujeres”

Con estas palabras, la institución resumió el concepto general que tienen los jóvenes sobre el sexo anal, una situación que debiera alarmarnos considerando que esta práctica está en auge, al compararla con estudios anteriores similares.

“El sexo anal es cada vez más prevaleciente entre la juventud. Esto pese a que la penetración anal entre hombres y mujeres -aún apareciendo con frecuencia en medios explícitos- está usualmente ausente de los planes de educación sexual y es un tema prohibido en la mayoría de los contextos sociales”, advierten los investigadores.

“Que muchos jóvenes asimilen como normal que esta práctica sea forzada, dolorosa y arriesgada es algo que deben comenzar a combatir los trabajadores de la salud y las escuelas en sus planes de educación sexual”, recoge el diario británico The Independent.

Como muestra de lo anterior, la líder de la investigación, doctora Cicely Marston, informó que de las mujeres entrevistadas, sólo una afirmó que el sexo anal había sido una experiencia placentera para ella.

2. Favorable a los hombres, perjudicial para las mujeres

En las respuestas entregadas por los 130 adolescentes entrevistados, quedó claro que si bien el sexo anal se da regularmente en el contexto de parejas estables, rara vez ocurre como una forma de exploración o placer sexual mutuo.

Muy por el contrario, los hombres ven el sexo anal como una competencia donde quien logra hacerlo con más chicas aumenta su prestigio ante sus pares, mientras que -por el contrario- las mujeres que acceden ven afectada su reputación.

Esto, aunque varios de los hombres entrevistados aseguraron que la experiencia no les resultó tan placentera como habían imaginado.

3. Las mujeres son fuertemente presionadas a practicarlo

Aún más preocupante que lo anterior, es que en la mayoría de los casos las mujeres son presionadas de forma persistente para practicarlo, pese a que tanto el hombre como la mujer tienen el concepto de que será una experiencia dolorosa para ellas.

“Que la mujer sea empujada casi a la fuerza a tener sexo anal es visto como algo normal entre los jóvenes”, indica el estudio.

“Para las mujeres es algo corriente estar en una situación donde debe aceptar de mala gana u oponerse a su compañero, en vez de ser iguales en el ámbito de las decisiones que toman para su vida sexual. Ser capaz de decir que no era frecuentemente citado por las mujeres como un ejemplo positivo de controlar la situación”, añade.

4. “Accidentes” que colindan con la violación

En muchos de los casos encuestados, la práctica de sexo anal se inició de forma no consensuada, con el hombre intentando penetrar a la mujer con su dedo o su pene esperando que esta no presentara oposición.

“Algunos eventos, particularmente la penetración ‘accidental’ reportada por algunos entrevistados, eran demasiado ambiguos como para saber si podían calificarse como una violación. Uno de los jóvenes nos aseguró que le había dicho a su novia que la había penetrado accidentalmente, cuando en realidad lo había hecho a propósito”, indica la Escuela de Londres.

5. Desconocimiento sobre contraer enfermedades o provocar un embarazo

Quizá uno de los puntos más preocupantes que develó el estudio, es el mito generalizado entre los jóvenes respecto de que a través del sexo anal no se contraer enfermedades de transmisión sexual. De hecho, muchos de ellos aseguraron que usaban preservativo sólo como una medida de higiene personal, no de protección.

De igual forma se demostró extendida la creencia de que el sexo anal es un método anticonceptivo, cuando en realidad la cercanía de la cavidad del ano y la vagina en las mujeres puede provocar que el semen se traslade de una a otra, provocando un embarazo.

Finalmente, la doctora Marston urgió a los organismos competentes a abordar el sexo anal como parte de los programas de educación sexual.

“Existe una necesidad urgente de realizar esfuerzos paliativos hacia el sexo anal y a animar la discusión en torno a la relación de pareja y el consentimiento, a reducir las técnicas dolorosas o arriesgadas, y a cambiar los puntos de vista que institucionalizan la coerción”, señaló.

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