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Un excepcional concierto ofreció la Orquesta Filarmónica de Santiago

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Este martes, bajo la excelente dirección del joven maestro ruso Konstatin Chudovsky y con la participación del prestigioso pianista Alexei Volodin, de la misma nacionalidad, el público brindó grandes aplausos que valieron un “encore”.

Chudovsky condujo una seleccionada programación con obras de los compositores rusos, Tchaikowsky y Borodin, y del chileno Guillermo Rifo, en una presentación en el Teatro Municipal de Santiago, correspondiente al octavo concierto de la temporada internacional 2014.

La programación, destacó la interpretación del “Concierto Fantasía en sol mayor, opus 56″, de Piotr Ilich Tchaikowsky, considerada como una de las obras más originales del repertorio del compositor ruso y en la cual el concertista Alexei Volodín ofreció una notable interpretación, con una técnica perfecta y una inspirada ejecución que le valieron grandes aplausos a su término y la interpretación de un “encore”.

La obra presentada es una composición a medio camino entre un concierto a gran escala y una fantasía de un solo movimiento, vivaz “híbrido” que requiere especial virtuosismo del solista, característica resaltante en el pianista europeo y que resultó en un todo perfecto con la participación de la orquesta en pleno . Destacó además, en parte de la obra, el dúo de Volodín con la cellista concertino Olga Levkina y la participación del ayudante solista Sam Sherwood (“piano contra cello”).

El concierto de la Filarmónica se inició con “Al Sur del Mundo”, atractiva suite del autor chileno Guillermo Rifo, fundador del Instituto Profesional Escuela Moderna de Música y propulsor de la fusión entre la música clásica y popular.

En 1983 se emitió por primera vez una serie de documentales dedicados a la geografía, flora y fauna de nuestro país: se trataba de “Al sur del mundo” y uno de los factores cruciales de su éxito fue la inolvidable banda sonora compuesta por Guillermo Rifo, En 1987, Rifo integró los principales temas del programa en la Suite “Al sur del mundo”, fiel reflejo de su credo conciliador y ciertamente ya trasformado en uno de los clásicos de la música moderna chilena. De poco más de un cuarto de hora de duración, la obra tiene junto a una bella melodía, algunas pinceladas picarescas de la percusión, para constituír una armoniosa composición.
A continuación vino la “Marcha eslava” en si bemol menor, opus 31, de Tchaikowsky, conocida pieza también inspirada en la música popular, una mezcla de conocidas melodías que culminan con varios compases en tono de marcha. La obra, muy bien ejecutada por la Filarmónica, incorpora canciones folklóricas serbias y temas rusos—como el himno “Dios salve al Zar”.

En la segunda parte y final, de gran lucimiento de director y orquesta, con excelentes solistas de las familias instrumentales, la Filarmónica retornó al lenguaje folklórico con la Sinfonía n°2 en si menor, de Alexander Borodin. La obra rememora el pasado legendario de la vieja Rusia, un tiempo de bardos y guerreros, pero también de peligrosas amenazas. Es entonces, una patriótica alabanza a la fortaleza de estos héroes, cuya entereza e integridad defendieron a Rusia y forjaron la identidad de su pueblo.

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