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No todo es fiesta en Brasil: Los conflictos sociales que incomodan a “la Copa de las Copas”

Protesta en Rio | Tasso Marcelo | AFP
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Brasil espera la llegada de 600.000 turistas extranjeros y el desplazamiento interno de tres millones de ciudadanos por las 12 ciudades sede del Mundial de Fútbol, entre el 12 de junio y el 13 de julio. Cifras que juegan a favor de la economía local, pero no todos los brasileños se sienten parte del equipo.

Conocidas son las protestas por el excesivo gasto del gobierno en los preparativos de la Copa, donde miles de personas irrumpieron en la festiva imagen del país carnavalero para decir al mundo que en sus barrios, la música de la fiesta del fútbol se escucha muy lejos, sin ver posibilidades de algún beneficio.

Una encuesta recogida por la agencia AFP, señala que el 66% estima que el Mundial traerá más inconvenientes que ventajas.

Niñas que serán explotadas como prostitutas, favelas “pacificadas” a punta de disparos, máquinas que arrasan con viviendas para ampliar estadios y un gasto de dinero público que llega a los 11 mil millones de dólares, son situaciones que ensucian el evento, pero que -según algunos sociólogos- quedarían ocultas bajo una alfombra de pasión por el fútbol.

Explotación sexual infantil

Una calle de Fortaleza | Yasuyoshi Chiba | AFP

Una calle de Fortaleza | Yasuyoshi Chiba | AFP

Si bien es imposible contabilizar los casos de prostitución infantil, sólo durante el 2013 el teléfono “Disque 100″ del gobierno recibió 124.000 denuncias de violaciones de derechos de menores, de ellas un 26% corresponden a violencia sexual. Fuentes de Unicef señalan además, que entre mayo de 2003 y marzo de 2011, ese fono denuncia recibió 27.664 alertas de explotación sexual en las 12 ciudades que serán sede de la Copa.

Tainá comenzó a ser explotada sexualmente a los 10 años en Natal y contó a la agencia AFP que junto a una compañera iban seguido a Ponta Negra, barrio turístico de Natal: “esperábamos que los coches pararan, nos subíamos. Muchos eran extranjeros, pocos brasileños”. La niña hoy tiene 18 años, está alejada de las calles y concentrada en sus estudios de hotelería, gracias a un programa gubernamental.

El temor es que las agresiones sexuales aumenten con la masiva llegada de turistas y más menores sean seducidos por el “negocio”. El gobierno y algunas ONG trabajan en distintas campañas y medidas concretas contra este flagelo. “Todo turista que llegue a Brasil sabrá que la explotación sexual infanto-juvenil es un delito, lo verá en propagandas en el avión, en el aeropuerto, estaciones, hoteles”, explicó el coordinador de protección a la Infancia del ministerio de Turismo, Adelino Neto.

El pasado 21 de mayo, la presidenta Dilma Rousseff firmó la ley que califica la explotación sexual infantil como “crimen hediondo”, es decir, se elevan las penas y se eliminan beneficios a condenados por estas prácticas. “Esta ley fortalece nuestra batalla contra un delito que hiere a nuestros niños y avergüenza al país”, dijo la mandataria a través de su cuenta en Twitter.

Brasil se ha ganado una imagen de sexo fácil, exacerbada por la invasiva publicidad del evento. En febrero, las autoridades se fueron en picada contra las polémicas camisetas de Adidas que mostraban un corazón con la leyenda “I Love Brazil” sugiriendo las nalgas de una mujer en tanga.

Desplazados

Estadio de Pernambuco | AFP PHOTO / CNES 2014

Estadio de Pernambuco | AFP PHOTO / CNES 2014

La construcción de grandes estadios en las ciudades sede, está acompañada de aún más enormes obras de infraestructura vial y hotelera. Para ello, miles de familias debieron expropiadas, abandonando sus hogares con un dinero que poco les sirve.

Emblemático es el caso de Camaragibe, en la ciudad de Recife. “Yo había construido mi futuro, mi casa, con mucho esfuerzo, y de repente vienen y nos hacen perder todo. Derribaron lo que era nuestro sin pedir ningún permiso”, dijo Jerónimo Sebastiao de Oliveira, uno de los afectados, a BBC Brasil. “Lo que me dieron no es ni la mitad del valor de la casa y no alcanza para comprar otra. Estoy viviendo de allegado con una sobrina y ya me está pidiendo que me vaya”, explicó.

La Procuraduría de Pernambuco reconoció “algunos errores” en los montos pagados, atribuyéndolo a la falta de una política de vivienda adecuada. “Antes de cualquier acción urbanística, antes de desalojar a las personas, hay que pensar dónde colocarlas”, dijo el procurador Thiago Norrões al medio británico. En el caso de Jerónimo, le pagaron 22.500 dólares, cuando una casa de iguales características en la misma zona varía entre 45 mil y 90 mil.

La situación fue fustigada desde Naciones Unidas. “El derecho a la vivienda adecuada ha sido violado en prácticamente todos los casos de expropiación”, afirmó Raquel Rolnik, relatora de la ONU sobre Vivienda Adecuada. “De acuerdo con las leyes internacionales, una persona jamás puede quedar tras una expropiación en una situación peor que la que tenía antes, pero eso es lo que ocurrió”, explicó Rolnik.

El “pintoresco” turismo en favelas

El contraste de Rio | Vanderlei Almeida | AFP

El contraste de Rio | Vanderlei Almeida | AFP

Por estos días, no son pocos los programas de televisión que festinan mostrando la pobreza de la periferia de Rio de Janeiro, con niños armados, drogas y fuerzas militares de élite que tratan de “pacificar” las poblaciones.

Distinto a los esfuerzos de la gente que a diario pelea por cambiar este escenario. “Los medios de prensa solo transmiten una imagen violenta de las favelas y no muestran jamás el buen lado: la samba, la alegría, la ayuda mutua. Eso me entristece”, dijo a AFP Cristiane de Oliveira, de 42 años, quien abrió el hospedaje “Favela Inn”, para turistas.

Antonio Scorza | AFP

Antonio Scorza | AFP

Pese a los intentos de intervenir los asentamientos a través de programas sociales, desde 2008 las autoridades han instalado 39 Unidades de la Policía Pacificadora (UPP), con 9 mil policías, en 253 favelas, donde viven más de 1,5 millones de personas.

La policía viene reforzando su presencia en estas comunidades y ejecutando operativos contra el narcotráfico, que aunque disminuido, aún mantiene presencia en las favelas “reconquistadas”. Se espera que unos 150.000 policías y militares y unos 20.000 agentes privados se movilicen en todo el país durante el Mundial.

Refuerzo previo al Mundial en favela Maré | Christophe Simon | AFP

Refuerzo previo al Mundial en favela Maré | Christophe Simon | AFP

Protestas

Rio de Janeiro | Yasuyoshi Chiba | AFP

Rio de Janeiro | Yasuyoshi Chiba | AFP

“¡Un educador vale más que Neymar!”; “¡No me interesa la Copa! ¡Quiero ese dinero para salud y educación!”. Estos son algunos de los gritos que llegaban a oídos de la selección brasileña cuando se disponían a iniciar su concentración el pasado lunes. Eran profesores que protestaban contra el Mundial.

Y es que las expropiaciones, los trastornos en el diario vivir, precios inaccesibles y por sobre todo, el gasto exagerado para la organización del evento, provocaron un estallido de molestia que se arrastra hace un año en las calles brasileñas, desde la Copa Confederaciones.

“Es un verdadero escándalo saber que gastaron más de 15 millones de reales para reformar este centro de entrenamiento y miles de millones en las obras de la Copa del Mundo, mientras hasta ahora ninguna de las víctimas de la tragedia de 2011 consiguió ser realojada en las viviendas prometidas”, decía una manifestante.

Pero las protestas “anticopa” dieron paso a movilizaciones de sindicatos y sectores sociales que aprovechan la visibilidad del evento para presionar por demandas particulares, de cara además, a las elecciones presidenciales de octubre.

En Sao Paulo los trabajadores del Metro anunciaron una huelga a partir del 5 de junio, mientras que agrupaciones de policías, profesores y conductores de buses ya se han manifestado pidiendo aumentos salariales. Los indígenas de la Amazonía también se hicieron sentir: representantes de unas cien tribus se enfrentaron a policías con arcos y flechas en Brasilia, mientras ancianos quemaban hierbas “para espantar el mal”.

Asesinatos de niños

Christophe Simon | AFP

Christophe Simon | AFP

Gran resonancia en redes sociales tuvo la denuncia del periodista danés Mikkel Jensen quien desistió de cubrir el Mundial por, según él, constatar el asesinato de niños que viven en las calles, presumiblemente para “limpiar” las ciudades de cara al torneo. Su relato ha sido desacreditado, pero viene a recordar que las matanzas de niños se vienen denunciando hace décadas en Brasil.

“En marzo estuve en Fortaleza para conocer la ciudad más violenta de todas las sedes de la Copa del Mundo. Hablé con algunas personas que me pusieron en contacto con niños de la calle y luego supe que algunos habían desaparecido. A menudo los matan por la noche, cuando están durmiendo en una zona donde hay muchos turistas. ¿Por qué? ¿Para dejar limpia la ciudad para los extranjeros y la prensa internacional? O sea, ¿por mi culpa?”, contó Jensen en una carta.

No presentó pruebas, porque sus fuentes temen identificarse -dijo-, lo que quitó credibilidad a su testimonio. Sin embargo, la muerte de niños y adolescentes es tema antiguo en este país, como parte de la violencia que viven los marginados. Ya en 1991, el diario El País de España titulaba: “Los ‘escuadrones de la muerte’ asesinaron a 445 niños en Río de Janeiro durante 1990″, atribuyendo los crímenes tanto a policías como a narcotraficantes.

Recordada también es la denominada “Masacre de Candelaria” en 1993, cuando encapuchados abrieron fuego a quemarropa contra unos 50 niños en las afueras de la iglesia que lleva ese nombre. El caso nunca fue aclarado, pero distintas organizaciones apuntan a la policía. “Nuestra policía aún tiene las manos manchadas de sangre y se le permite actuar con impunidad, pues los homicidios extrajudiciales siguen siendo habituales”, dijo Atila Roque, director de Amnistía Internacional en Brasil, al recordar esos hechos.

La acusación del periodista danés fue calificada de “criminal” por el gobernador de Ceará, afirmando que no “no hay registro” de recientes asesinatos de niños en Fortaleza.

Antonio Scorza | AFP

Antonio Scorza | AFP

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