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¿De dónde proviene la expresión “El Abogado del Diablo”?

Carlos Gonzalez VIllares (CC) | Flickr
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“Voy a hacer el papel de ‘Abogado del Diablo’”. Ésta es una frase común en la cultura occidental, pero su origen no sólo es lingüístico sino que también religioso. El rol del malvado o del que defiende lo indefendible se basa en postulados católicos, y el reciente anuncio de canonización del Papa Juan Pablo II es prueba de aquello.

Según se desprende de una nota del medio inglés BBC, el profesor de derecho canónico de la Universidad Católica Argentina, Juan Navarro Floria, señaló que este concepto es definido por ellos como “una especie de fiscal que efectivamente debe controlar que se cumplan todos los pasos que hay que cumplir, todos los procedimientos y ver si hay alguna objeción a la santidad”.

Como sabemos, el proceso de hacer santo a tal o cual personalidad religiosa debe tener una mirada más bien crítica y abierta y es aquí donde intercede el “Abogado del Diablo”, con testimonios que aseguren que la persona en cuestión no merece el reconocimiento, entregando los argumentos acorde al caso.

Para tales efectos es necesario recordar que durante 1983, cuando Juan Pablo II ejercía como Papa, se modificaron las normativas de las canonizaciones. Se estableció que “la función de fiscal en el proceso la desempeñaba el ‘promotor general de la fe’, que contaba con su propia oficina dentro de la Congregación para las Causas de los Santos, el equivalente a un ‘ministerio’ encargado de los asuntos de la santidad”.

Su misión, según BBC, era generar una mezcla del cumplimiento de la ley con las animadversiones propias del fiscal contra el candidato a la canonización. Tales cambios en las leyes, generaron una eliminación de la oficina de este promotor y su rol resultó modificado, simplificando el proceso. La función de ese fiscal sería, desde ese momento, “presidir las reuniones de teólogos” y “preparar los informes de la reunión”.

Los cambios instaurados por el Papa de la época, derivaron en que el papel del “querellante” se viera disminuido a un simple secretario, generando la impresión dentro de la Iglesia Católica que el otrora ‘Abogado del Diablo’ simplemente había muerto.

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