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Parisinos dicen basta a los “candados de amor” pero la alcald√≠a hace o√≠dos sordos
Publicado por: Agencia AFP
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En el Puente de las Artes, Marylin busca en vano un lugar disponible en la baranda para colgar su candado. La adolescente llegada de Los Angeles a París junto con dos primas se resigna a engancharlo a otros candados ya colocados.

“¬°No me iba a ir de Par√≠s sin poner el m√≠o!”, suspira resignada.

Enganchar un candado a la baranda de la pasarela que conduce de la Academia Francesa al Louvre cruzando el Sena, un puente adorado por los amantes de París y cantado por sus poetas, pasó hoy a formar parte de las atracciones turísticas de la ciudad luz. Y tirar luego la llave al río, para que el gesto sea irreversible

Presente en los cinco continentes, de Alemania a Rusia, de Uruguay a M√©xico, pasando por China o Italia, la tendencia de los “candados de amor” colocados por parejas en monumentos de todo el mundo lleg√≥ en el 2008 al Puente de las Artes en Par√≠s.

Al principio limitado, el fenómeno terminó cubriendo la totalidad de los 150 metros de baranda y se propagó después a otros puentes de la capital. El puente del Arzobispado, las pasarelas Simone de Beauvoir, Léopold-Sedar-Senghor o la del canal Saint-Martin también quedaron invadidas de cerraduras.

Incluso se ha se√Īalado la presencia de unas cuatro decenas de candados en la punta de la Torre Eiffel.

“Es una moda fea y peligrosa”, deplora Lisa Taylor Huff. Para esta franco-estadounidense, la tendencia atenta contra la naturaleza del “verdadero Par√≠s”. Junto a su amiga Lisa Anselmo, una neoyorquina establecida en la capital francesa desde hace tres a√Īos, lanz√≥ el mes pasado una petici√≥n solicitando a la municipalidad eliminar los candados, argumentando que afean algunos de los lugares m√°s bellos de la ciudad y provocan un problema de seguridad por la acumulaci√≥n de peso.

Miles reclaman eliminarlos

M√°s de 6.000 personas -de las cuales un 70% de franceses- ya firmaron la petici√≥n en internet, seg√ļn Liza Taylor-Huff. “Al dejarlo de lado desde hace seis a√Īos, la municipalidad no est√° tomando en cuenta el sentimiento de los parisinos. Los turistas pasan primero”.

La mayor√≠a de los vecinos est√°n muy molestos. “El puente parece un basural”, dice Guillaume, un joven elegante que cruza el Pont des Arts. “Cuando hab√≠a unos pocos, era algo m√°s bien simp√°tico, pero ahora la vista est√° tapada y rompe la perspectiva”.

Liza Taylor-Huff propone que se instale una gran reja dedicada especialmente a los candados. En el Campo de Marte, por ejemplo. Ese lugar est√° bajo la Torre Eiffel y hay mucho espacio disponible, se podr√≠a incluso poner una fuente para arrojar la llave del candado, como ya es tradici√≥n. Y evitar√≠a adem√°s contaminar el Sena”.

Consultado sobre el da√Īo que representa la presencia de los miles de candados, Beno√ģt Hartmann de la ONG Francia Naturaleza Medio Ambiente (FNE) critica el despilfarro. “La contaminaci√≥n es la gota que desborda el vaso, el verdadero problema es ante todo esa relaci√≥n enfermiza de nuestra sociedad de consumo”. Para los turistas se trata simplemente de un inofensivo acto de amor, pero los detractores de la tendencia argumentan que, como s√≠mbolo, un candado tal vez no sea lo m√°s feliz.

En Roma, donde esta moda prospera desde hace siete a√Īos, la colocaci√≥n de candados est√° prohibida bajo pena de una multa de 50 euros. En Dubl√≠n la alcald√≠a decidi√≥ sacarlos a la fuerza en 2012 y los sigue eliminando a medida que aparecen.

Par√≠s parece renuente a seguir un camino contrario al clich√© de ser la ciudad de los enamorados. La municipalidad socialista encabezada por Anne Hidalgo ha evitado pronunciarse sobre el asunto y se limit√≥ hasta el momento a reemplazar las barandas estropeadas del Puente de las Artes, pero dijo estar en b√ļsqueda de nuevas ideas sobre “otra forma de manifestar el amor”.

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