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Fieles disidentes cuestionan canonización relámpago de Juan Pablo II

James G. Howes, 1985
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La canonización de Juan Pablo II refleja el fervor que aún despierta entre los fieles el papa fallecido en 2005, aunque hay quienes cuestionan la celeridad del proceso y le reprochan sus posiciones conservadoras y su silencio ante las denuncias de abusos sexuales a niños.

Entre las mayores críticas al papa polaco figuran también la severa condena a la Teología de la Liberación en América Latina y su excesivo poder personal acumulado en 27 años de pontificado, según varios expertos.

Si bien era un papa que gozaba de una enorme popularidad en América Latina, la región con mayor católicos del mundo, y que recorrió a lo largo y lo ancho, importantes sectores no le perdonan haber tratado con mano dura a los obispos y teólogos comprometidos con los sectores más pobres de la sociedad.

Muchos de ellos fueron obligados a dejar la docencia o fueron remplazados por ultraconservadores, poco sensibles a las injusticias sociales y muy rígidos en asuntos morales.

“Era un adversario del comunismo por haberlo vivido en persona”, comentó a la AFP el cardenal francés Georges Cottier, al explicar las razones de su oposición a la teología de la liberación, influida por el marxismo.

Duro con Romero, tolerante con Pinochet

Un grupo de teólogos contestatarios deploró en abril del 2011 que la beatificación del arzobispo de San Salvador, Óscar Romero, asesinado en 1980 por un comando de extrema derecha, permaneciera “bloqueada” en el Vaticano y que, en cambio, fuera beatificado el papa Juan Pablo II.

El teólogo italiano Giovanni Franzoni, quien fue abate de la basílica de San Pablo Extramuros, testimonió en 2007 en el Vaticano contra la beatificación de Juan Pablo II, a quien no le perdona el “doloroso aislamiento” del obispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, asesinado mientras oficiaba misa.

“Romero de regreso en 1979 del Vaticano quedó destruido, afligido tras la audiencia con el papa. Decía que nunca se había sentido tan solo como después de ese encuentro”, contó hace tres años a la AFP Franzoni.

El teólogo recordó que el papa instó a Romero a “llegar a un acuerdo con el gobierno”, algo impensable, ya que el obispo salvadoreño denunciaba en sus homilías dominicales las numerosas violaciones de los derechos humanos y manifestaba públicamente su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país.

En esos años, en pleno 1987, el papa polaco se asomó al balcón del palacio presidencial al lado del dictador chileno Augusto Pinochet, lo que fue considerado como una suerte de bendición a la dictadura.

La relación con Maciel: gran lunar de su pontificado

Pero una de las críticas más fuerte es por no haber sabido o querido alejar de la Iglesia a los curas acusados e inclusive condenados por pedofilia.

Para sus detractores no tomó suficientes medidas, claras y firmes, cuando en el 2000 estalló el escándalo en Estados Unidos.

El hecho de no haber sancionado a eclesiásticos acusados de pedofilia, como el cardenal austríaco Hans-Hermann Gröer, y sobre todo al influyente religioso mexicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, figuran entre las grandes manchas de su pontificado.

Maciel, quien llevaba una doble vida, tuvo varios hijos y fue condenado por abusar sexualmente de varios jóvenes y hasta de sus propios hijos, fue recibido -gracias a sus buenas relaciones con importantes jerarcas del Vaticano- en 2004 por el pontífice, cuatro años antes de su muerte.

“Juan Pablo II no estaba al corriente. Se hizo una investigación sobre el tema y llegamos a esa conclusión”, aseguró este martes en una conferencia de prensa el postulador de la causa de canonización, el polaco Slawomir Oder.

Para varios vaticanistas, el papa estimaba que esas acusaciones eran calumnias, ya que Karol Wojtyla fue personalmente víctima de los sistemas empleados por el régimen comunista polaco para denigrar a la Iglesia y a sus miembros.

Los legionarios, capaces de llenar seminarios en una era de crisis de vocaciones, con una fortuna para financiar campañas y abrir universidades, suscitaban admiración en Juan Pablo II.

Un papa “eurocentrista”

Para el movimiento católico progresista Somos Iglesia, había una “trágica brecha” entre el deseo de Juan Pablo II de realizar reformas y su voluntad de diálogo con la centralización que impulsó dentro de la milenaria institución.

Según ese movimiento, que propugna una reforma a fondo de la institución, uno de los mayores defectos del pontificado de Juan Pablo II fue su “autoritarismo dogmático” contra los teólogos rebeldes.

Para ellos el papa polaco impulsó el “eurocentrismo” en la Iglesia, según resumió el movimiento en un documento enviado al argentino Francisco tras ser elegido el año pasado al trono de Pedro.

De acuerdo a Somos Iglesia, Juan Pablo II tenía una visión de la Iglesia “retrógrada”, “pomposa”, “clerical”, basada en el “culto de la personalidad”, escribieron.

“Era un hombre de Dios, pero no era necesario hacerlo santo. Tendría que haberse retirado antes”, comentó el fallecido cardenal italiano Carlo Maria Martini, prestigiosa figura de la iglesia progresista, según cuenta en el libro “La santidad del papa Wojtyla” el historiador italiano Andrea Riccardi.

Martini indicó algunas “limitaciones” del pontificado de Karol Wojtyla, entre ellas algunas designaciones “no muy felices”.

También consideraba negativo el excesivo apoyo a algunos movimientos religiosos como Opus Dei y Legionarios de Cristo y calificó de “imprudencia” el haberse colocado en “el centro de la atención -especialmente en los viajes- con el resultado de que la gente lo percibía como el obispo del mundo y quedaba opacado el rol de la Iglesia local y de su obispo”.

La “inflación de santos”, al haber sido el mayor fabricante de santos y beatos de la milenaria historia de la Iglesia, también ensombreció el pontificado, según el movimiento Somos Iglesia que recoge el descontento de numerosos católicos en todo el mundo.

Todo ello sin hablar de su intransigencia respecto a temas como el matrimonio, la sexualidad y la familia y su rechazo total al uso del preservativo cuando millones de personas morían de sida en Africa.

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