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Informe forense detalla las torturas que vivió Jesús antes de su muerte

Roberto Ferrari (CC) Flickr
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¿Cómo fue la muerte de Jesús? ¿A qué vejámenes fue expuesto previo a morir? ¿Cuánto aguantó? Esas son algunas las respuestas que promete responder el libro “CSI: Jesús de Nazaret. El crimen más injusto”.

Se trata de una obra del psiquiatra y forense español José Cabrera, quien aún sin tener el cuerpo para examinarlo, asegura, puede dar un informe detallado mediante testimonios, documentos de la época -Evangelios y textos apócrifos no ortodoxos- y en improntas de la Sábana Santa que “nadie ha desmentido”.

Cabrera explica a la agencia EFE los procesos por los que vivió Jesús, cuando fue detenido y luego muerto en la cruz, tiempo por el cual no pasaron más de 24 horas. La explicación a ello es la crueldad con la que fue tratado en su camino a la figura de madera.

De hecho se afirma que apenas dos horas logró permanecer con vida Jesús clavado en la cruz, cuando comúnmente los crucificados -en su mayoría ladrones y violadores- perecían en días.

Cristo, quien tuvo que cargar una parte de la cruz de entre 40 y 50 kilos, fue vestido no con una corona sino con un casco de espinas, ya que las heridas de las mismas -las punciones- se reflejaban en todo su cuero cabelludo. Asimismo, fue golpeado 300 veces por un flagelum, un palo con colas de bolas de plomo, que servían para dar latigazos a los castigados.

Para el caso, se dieron el doble de azotes de lo que permitía la ley judía, hecho que se explica en las varias costillas fracturadas, aunque se respetó no darle en zonas vitales, como la cabeza, para evitar su muerte y dar mayor sufrimiento, tal como establecía la norma de ese entonces.

En el libro se evidencian además fracturas en la nariz y el hombro derecho completamente desollado, producto de la carga del palo, conocido como patibulum.

En la investigación se indicó que generalmente los crucificados eran colgados y amarrados, en tanto que quienes sufrían siendo clavados, eran aquellos por ocasiones especiales, ya que los clavos eran caros para la época.

Finalmente, en la constatación de su muerte, el cinturión de la guarnición romana realizó una estocada final para saber si estaba muerto. Se trata de una lanza, la que cortó de abajo hacia arriba, en un corte de derecha a izquierda.

En la Biblia se asegura que brotó de ello agua y sangre -que provocó una sensación al soldado-, explicando Cabrera que el líquido era el suero que rodea al corazón, cuando la agonía es muy larga.

El forense español es enfático en señalar que no hubo razones legales para matar a Jesús, habiendo ocurrido un salto a las leyes romanas y judías vigentes en Palestina. “Pilatos, al final, no tuvo ningún elemento objetivo para condenar a Jesús, y lo condena por razones políticas”, concluyó.

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