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No importa ser gordita o bajita: Modelos “cholitas” buscan su lugar en el mundo de la moda

Uverhq (CC) Flickr
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Para ser una modelo “cholita” -denominación que se le da en Bolivia a la mujer vestida con el traje típico del país- no hace falta ser alta y delgada. Las mujeres andinas que se preparan para desfilar en pasarelas o aparecer en publicidades siguen sus propios cánones y buscan imponer su estilo en su país y el mundo.

“Hay modelos gorditas y bajitas, lo que no es impedimento para modelar” resume Gabriela Gutiérrez, propietaria de ‘Gaby Boutique’, una de las empresas bolivianas que fabrica vestidos para la llamada “moda chola”.

“Lo que se busca es mostrar la belleza de la vestimenta y saber lucirla”, subraya.

Unas 50 muchachas se reúnen todos los sábados en el salón de un viejo hotel del centro de La Paz para aprender los secretos del modelaje.

Lucir un conjunto que consiste en una manta de macramé o una falda con seis o nueve pliegues a tono, hecha a mano, “es un lujo” considera Rosario Aguilar, quien abrió la escuela de modelos hace nueve años con apenas 15 jóvenes reclutadas en fiestas populares.

Visionaria, Aguilar vislumbraba el valor artesanal y el atractivo que podía generar este estilo, y creó su productora.

Desde entonces se puso como meta “mostrar a Bolivia y al mundo entero que estas mujeres pueden estar en una pasarela”.

Vestir y caminar con elegancia

Patricia Rodríguez, una de las instructoras, les muestra cómo deben caminar con elegancia mientras sus faldas doradas de tafetán resplandecen en cada movimiento y su sombrero gris luce en cada gesto.

Rodríguez cuenta a la AFP que para reunir experiencia las jóvenes ya “realizaron presentaciones en varios eventos en La Paz y viajarán a Santa Cruz en junio” para modelar ropa de cholita.

“Estamos tratando de salir al interior y luego al exterior” del país, comentó.

Claudia Villegas es estudiante de ingeniería comercial y modela desde hace dos años.

“Antes no había cholitas en el modelaje, pero ahora imponemos moda, sacamos a relucir las últimas telas, colores y tendencias de los artesanos y también así revalorizamos a la mujer de pollera”, dice Villegas, quien “últimamente” ha sido elegida “la cholita del carnaval”.

Villegas comenta que este vestuario no es nada barato. “Una parada así, bien bonita, puede costar unos 5.000 bolivianos (384 mil pesos), además de que las joyas están en 8.000 bolivianos (1.200 dólares) y el sombrero Borsalino en unos 6.000 (439 mil pesos). Ahorita yo debo estar vistiendo alrededor de 30.000 bolivianos (2,2 millones)”, calcula.

Un conjunto de varias piezas y joyas

La ropa de la cholita, como se denomina a la típica mujer andina, es ostentosa.

“En la pasarela, la cholita tiene que lucir la manta (una suerte de chal bordado), la blusa o corsé y joyas” de oro o plata, describe Gabriela Gutiérrez, de 25 años.

“Antes la gente de la alta sociedad discriminaba a las personas que vestían de este modo, y creían que sólo servían para empleada doméstica, pero hoy en día no es así”, sostiene.

“Ahora las hijas de las señoras que visten de chola no se avergüenzan de la vestimenta de las abuelas y de sus mamás”, afirma.

La ‘moda chola’ logró romper tabúes e instalarse en la política, la economía y la publicidad.

Las cholas son “parte del ámbito publicitario y se las toma en cuenta también para participar en avisos, en vallas, en spots publicitarios”, destaca Olga López, ejecutiva de la empresa publicitaria Trazos Creativos.

“La mayor experiencia que hemos tenido es con una entidad financiera, que está dirigida a la microempresa. Para ellos su principal cliente son las mujeres de pollera”, relata López.

Aunque el cambio parece a simple vista un asunto de tendencia, refleja una mayor inserción de estas mujeres en la sociedad, especialmente a partir de una nueva Constitución boliviana de 2009.

La irrupción de la chola en los medios y la política surgió en los años 1980 cuando el extinto radialista boliviano Carlos Palenque formó un partido político cuya figura emblemática era Remedios Loza, una mestiza aindiada hija de artesanos.

La llegada al gobierno de Evo Morales, primer presidente indígena, marcó una revalorización de las naciones originarias históricamente marginadas como la aymara y la quechua que, junto a una mayor presencia en los sectores de poder, logran insertar también sus estilos de vestimenta.

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