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Pasajeros aéreos: conectados a Internet para bien y para mal

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¿Libertad total o nueva alienación? La utilización de teléfonos, tabletas y otros aparatos electrónicos tiende a generalizarse en los aviones por la presión de los pasajeros.

El uso de estos aparatos, prohibidos hasta ahora durante el despegue y el aterrizaje por razones de seguridad, ha recibido la luz verde de las autoridades de la aviación estadounidense y europea.

“Los aparatos digitales modernos tienen un campo electromagnético bajo que no amenaza a los aviones, incluso los de pilotaje por mandos electrónicos”, el llamado Fly-by-wire (FBW), explica Dominique Fouda, portavoz de la Agencia Europea de Seguridad Aérea (AESA) que publicó una directiva el 9 de diciembre.

Además, “los aviones modernos están certificados para resistir a fuertes radiaciones exteriores y por tanto, a las radiaciones interiores”.

Como consecuencia, las compañías han empezado a retirar esta restricción, como lo han hecho esta semana Air France, Lufthansa y Ryanair.

Concretamente, los pasajeros pueden “seguir trabajando o divertirse desde el momento en que suban al avión y hasta que lleguen a su destino, en total libertad”, dice Air France en un comunicado.

“Ya tenemos una respuesta muy positiva de los clientes. Era una verdadera necesidad de los pasajeros”, dijo Paul Thevenon, piloto de un avión de Air France.

Y la próxima etapa será sin duda la posibilidad de hablar por teléfono durante el vuelo. “Es una necesidad de los pasajeros a la que nos gustaría responder”, dice.

Cada vez más compañías proponen internet en los vuelos. Los pasajeros pueden navegar en la mayoría de los aviones A380 y algunos B777 de Emirates.

“Hasta ahora, cerca del 30% de nuestra flota (102 aviones) está equipada con la tecnología ‘on air’ que permite la conexión wifi. Hemos empezado por los A380 y los Boeing 777-300 ER”, dice por su parte Franklin Auber, portavoz de Singapore Airlines. “Este acceso es de pago y facturado mediante el operador telefónico del pasajero”, precisó.

La compañía japonesa JAL propone también internet en vuelo mientras que su compatriota ANA tiene previsto hacerlo próximamente.

Para Didier Bréchemier, experto en transporte aéreo de la agencia de asesoría estratégica Roland Berger, la posibilidad de conectarse a internet, enviar correos electrónicos, bajarse libros o incluso comprar en el duty free, es una manera que tienen las compañías para mejorar el tiempo que se pasa en el avión. “Esto permite también cuidar y fidelizar a los clientes”, agregó.

Consecuencias para la salud

Claude Posternak, presidente de La Matrice, agencia de asesoría en estrategia de comunicación y análisis de opinión, se preocupa por esta evolución.

“La productividad en el mundo se multiplicó por dos entre 1880 y 1960. Y por 5 desde 1960. El acelerador fue el microprocesador (…) Esta evolución en los aviones va a acelerar todavía más el proceso”, dijo.

La consecuencia, es una merma continua del espacio privado a favor del espacio profesional.

“Poco a poco, todos los espacios han sido invadidos. Quedaba un espacio, el del viaje. Ahora, incluso durante las 8 horas de avión, la persona a bordo será una persona productiva”, dice. “Una tendencia sumamente peligrosa para la vida social, la vida privada, la vida afectiva y familiar”.

Asimismo se pregunta sobre las consecuencias para la salud del uso del wifi en un espacio totalmente cerrado.

Didier Bréchemier reconoce que esta nueva libertad concedida a los pasajeros no está exenta de interrogantes sobre las eventuales repercusiones.

“Un estudio reciente muestra por ejemplo que leer los correos antes de irse a la cama genera improductividad al día siguiente sobre los asuntos consultados”, dice. “Hay que preguntarse sobre la gestión del tiempo. ¿Soy capaz de generar o no nuevas comunicaciones en un avión? Esto puede aumentar el estrés ya que es el final de este espacio protegido”.

En cuanto a la posibilidad de llamar por teléfono en los aviones, “sin duda, habría que educar, imponer reglas”, dice el experto.

Por su parte, Paul Thevenon estima que las molestias eventuales son más un problema de civismo que un problema de transporte aéreo.

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