Durante los últimos siglos, ciencia y religión parecen haber transitado caminos separados y muchas veces conflictivos en torno a sus principios, sobre todo en los que conciernen a la metafísica.

Sin embargo, si el biólogo celular Robert Lanza tiene razón, la ciencia podría haber provisto la prueba final de que en realidad existe la vida más allá de muerte, cita el diario británico The Independent.

En un artículo expuesto en su sitio web, Lanza defiende una teoría denominada biocentrismo, la que se centra en que el universo sólo existe en la medida en que un individuo está consciente de él. De esta forma, en realidad es la vida la que crea el universo, y no el universo a la vida, como se piensa tradicionalmente.

Dado que bajo esta premisa el tiempo y el espacio son sólo conceptos mentales, la muerte como la conocemos simplemente no existe, ya que no existen verdaderos límites para definirla. De hecho, sería sólo un concepto mental.

Para Lanza, el biocentrismo es una teoría hermanada a la de los universos paralelos -de bastante aceptación entre los físicos teóricos- donde cualquier acción podría tener diferentes efectos, en múltiples universos, de forma simultánea.

Y si aprendemos a cuestionar nuestras ideas preconcebidas sobre el tiempo y la conciencia, podríamos estar ad portas de un cambio radical en nuestra forma de ver el mundo, tal como sucedió en el siglo XV tras comprender que la Tierra no es plana sino redonda, argumenta el especialista de la Wake Forest University de Carolina del Norte.

¿Pruebas?

Pero, ¿cómo pasamos de estos principios filosóficos a las evidencias? Según Lanza, el experimento de la doble rendija -usado en física cuántica- es la mejor prueba de cómo la percepción de una persona puede incidir en su entorno.

En este intrigante experimento, cuando los investigadores observan a una partícula pasar a través de una ranura, esta lo hace como haría una bala disparada desde un cañón. Sin embargo, cuando no se observa, la partícula cambia su comportamiento y lo hace como si fuera una onda.

Los físicos han tratado de explicar esta extraña situación, argumentando que una partícula es capaz de actuar como dos entidades separadas a la vez, lo que por supuesto modifica nuestros conceptos de tiempo y espacio.

Si quedaste con dolor de cabeza, Lanza propone un ejemplo más simple. Mira el cielo, ¿es de color azul verdad? Sin embargo si nuestras células receptoras fueran modificadas para ver el cielo verde, ¿significa que el cielo alguna vez fue de color azul o en realidad era nuestra percepción de él?

Respecto de nuestra mortalidad, el científico explica que nuestra vida es “una flor eterna que vuelve a florecer en el multiverso”.

“La vida es una aventura que trasciende a nuestra forma lineal de pensamiento. Cuando morimos, no lo hacemos en un sistema aleatorio de bolas de billar que caen en un agujero, sino en un sistema de vida de la que no podemos escapar”, concluye.

http://youtu.be/akL7y_8Og6w