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El cuero de sapo se convierte en apreciado objeto de moda en Europa

Andreas Kay en Flickr (cc)
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El cuero de una especie de sapo de América latina importada por Australia, donde se convirtió en plaga nacional, es un preciado accesorio de moda en Europa y se vende ahora al resto del mundo.

La historia tiene todo de un cuento de hadas moderno y arranca en el siglo pasado, cuando Australia decide importar el sapo Rhinella marina, una especie de batracio gigante tropical que abunda en América central y el norte de Sudamérica, para combatir coleópteros dañinos para la agricultura.

La saga del sapo que termina como accesorio de moda en Europa, donde es usado por hombres y mujeres, teñido en fuxia, turquesa, amarillo o verde, convertido en pulsera, cinturón, colgante o monedero, es una historia digna de ser contada.

Incluso aquellos que tienen gustos más clásicos sucumben a la tentación de cambiar el oro y las perlas por este cautivante amuleto de la era moderna, un sapo de piel tan frágil como la víbora pitón y cuyos ojos no son los de él: se substituyen por piezas de vidrio o piedras semipreciosas.

Todo comienza en París hace poco más de dos años. “Un amigo me había ofrecido una ranita amuleto neocelandesa embalsamada que me provocaba cierto rechazo, pero que terminó fascinándome, cuenta la diseñadora polaca Monika Jarosz, de 35 años, en su casa-taller instalada en una ex lechería del barrio parisino de Belleville.

Llegada a Francia hace 12 años de Ostrowiec Swietokrzyskie, en Polonia, esta joven mujer de cabello oscuro y cutis pálido comenzó modelando antes de iniciarse como estilista.

Objeto de brujería o amuleto de prosperidad

“Cuanto más tocaba la rana, más su cuero me decía cosas, y más iba tomando forma la idea de crear algún tipo de joya. Pero era necesario conseguirlos reciclados”, agrega.

Monika se dirige entonces a restaurantes que cocinaban ancas de rana, en vano. Hasta que descubre la existencia de un sapo gigante venenoso proveniente de América Central y del Sur, introducido en Oceanía hace muchas décadas.

El batracio proliferó tanto y evolucionó hasta alcanzar a veces el tamaño de un pequeño perro que aún los defensores del medio ambiente se suman hoy a las autoridades de australia para capturar y eliminar este animal convertido en amenaza para el ecosistema ya que su ingestión es venenosa para otros animales.

Con la ayuda de un taxidermista australiano de Cairns, Monika Jarosz obtiene los restos de sapo “cuyo tratamiento necesita 14 etapas antes de poder teñirlos y trabajarlos”.

Fue en un taller de marroquinería de lujo de Romainville, en los suburbios de París, donde ayudada por Hacen, Fafa y Beja, los sapos se convierten en carteras, monederos o cintos de lujo, fabricados a mano y “made in France”.

“Cuando llamé a Jean-Charles Duchêne, el dueño de la marroquinería Alric de Millau, para pedirle un presupuesto, pensó que era una broma”, cuenta Monika.

La empresa, que actualmente trabaja para empresas de lujo, comprende que deberá tratar “caso por caso a estos animales exóticos que nunca tienen el mismo tamaño y que exigen gran minuciosidad”.

A eso se suman todo tipo de creencias y supersticiones. “Símbolo de fertilidad y prosperidad, están muy vinculados a la brujería” recuerda Monika mientras selecciona un centenar de sapos muertos, aplanados y secos, de 10 a 20 cm de largo, cuya cabeza sobresale como en las antiguas alfombras de tigre, recién llegados de Australia, y a punto de ser reenviados a Millau.

“Yo no apuesto a lo gótico, lo que me interesa es el cuento de hadas, el sapo que se convierte en príncipe…”, agrega, antes de besar a uno de los sapos turquesa con mirada negra y brillante.

Transformado en monedero, cuesta entre 148 mil 280 pesos y 168 mil 500 pesos según el país donde se vende (Japón, Estados Unidos, China, Francia, Alemania). El bolso más caro cuesta más de 674 mil pesos.

Monika terminó lanzando su propia marca, Kobja, una palabra derivada de “ranita” en polaco.

Vendidos en tiendas de lujo o puntos de venta en Tokio, Pekín, Nueva York, París y Berlín, los sapos adquirieron el estatuto de “objetos de culto” y entre sus propietarios hay varios famosos que siguen dando a Monika novedades de sus modelos “Sacha” y “Rosa”.

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