Notas
La desconfianza a Celco: cosechando lo que sembraron
Publicado por: B√°rbara Cox
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Durante las √ļltimas semanas, la planta Valdivia de Celulosa Arauco ha vuelto a estar en la mira de muchos.

El histórico fallo del Primer Juzgado Civil de Valdivia que condenó al Grupo Angelini por la contaminación del Río Cruces abrió las puertas para intentar recomponer una tensa relación con la sociedad civil en Los Ríos, marcada por la desconfianza.

La ciudadan√≠a aprendi√≥ a leer entre l√≠neas cualquier acci√≥n de la papelera. En los √ļltimos diez a√Īos, sus hist√≥ricas actuaciones soberbias, vulnerando la institucionalidad y subestimando a la comunidad hicieron de la gigante de Mariquina un √≠cono de la lucha contra el poder√≠o econ√≥mico en la zona.

En la memoria de quienes se opusieron a ella quedan los intentos de estudios en Mehuín, cuando la Armada repelía a balazos a los locales que evitaban las mediciones para que la empresa no instalara allí un ducto por el que evacuaría sus efluentes.

No se olvidan, tampoco, las amenazas de sus ejecutivos de 2004, cuando dec√≠an que llevar√≠an a tribunales a quien p√ļblicamente vinculara el desastre del R√≠o Cruces con su funcionamiento.

Muchos guardar√°n en la mente la imagen de cientos de trabajadores de la empresa, marchando por las calles de Valdivia con sus motosierrras funcionando y con monstruosos camiones resguard√°ndolos.

Est√°n en la retina los diversos incumplimientos a su Resoluci√≥n de Calificaci√≥n Ambiental, sanciones a las que apel√≥ hasta la √ļltima instancia: reci√©n en enero de este a√Īo se confirm√≥ una multa de 800 UTM en su contra, que hab√≠a sido aplicada en 2005.

Los que cuentan con una mejor memoria recuerdan también un estudio presentado por Celco ante la Corte Suprema que no era tal y que incluso terminó con uno de sus abogados renunciando.

Y qué decir de la cuestionada maniobra de pagar cifras millonarias a pescadores de Mehuín para poder terminar los estudios del ducto. Con ello, se generaron divisiones que derivaron en duros enfrentamientos entre los habitantes de lo que era antes una tranquila caleta

Por ello, no sorprende la sospecha que generó el contenido del recurso presentado contra el fallo de primera instancia del Juzgado Civil de Valdivia.

No debiera sorprender, tampoco, a los ejecutivos de la propia empresa. En los √ļltimos a√Īos han hecho esfuerzos evidentes para retomar el v√≠nculo con la comunidad: financiando iniciativas de peque√Īos productores, de municipios y trabajando de manera asociativa con instituciones de prestigio en Valdivia y representantes de gremios empresariales locales. Pero no ha sido suficiente.

No. La empresa no puede pensar que los valdivianos le creer√°n lo que diga, sin cuestionamientos. Arauco debe tener en sus c√°lculos que no bastan 10 a√Īos para enterrar a Celco.

El reconocimiento de su responsabilidad en la contaminación del Santuario Carlos Andwanter es histórico. Pero sus ejecutivos deben aprender que cualquier gesto será analizado desde la desconfianza.

Por ello, no se pueden permitir espacios para errores de interpretación. Si lo que busca Arauco es demostrar que aprendió la lección y que renuncia a evitar a un castigo por el bien de la convivencia, sus gestos no pueden facilitar el más mínimo cuestionamiento.

Es hora que la empresa demuestre que dejar√° morir a la √ļltima parte de Celco, que tanto molesta a los valdivianos.

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