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Siria desmiente un atentado contra el presidente Bashar al Asad

Bashar al Asad | Ricardo Stuckert/ABr
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El gobierno sirio desmintió este jueves que el convoy del presidente Bashar al Asad haya sido atacado cuando se dirigía a una mezquita de Damasco para celebrar la fiesta de Eid al Fitr, contradiciendo informaciones de varios medios y de fuentes rebeldes.

“Sobre las informaciones transmitidas por Al Arabiya, puedo asegurarles que son totalmente falsas”, afirmó el ministro de Información, Omran Al Zohbi, a preguntas de la televisión estatal siria en alusión a la cadena árabe por satélite.

Es la primera vez que el régimen informa sobre un ataque contra Asad desde que, hace más de dos años, empezó el conflicto en Siria entre el ejército y los insurgentes que intentan derrocar al régimen.

“El presidente conducía él mismo el vehículo. Asistió a la oración y saludó a la gente”, indicó Zohbi.

Las informaciones sobre un ataque son “una proyección de los sueños y de las ilusiones de ciertos medios de comunicación y de los gobiernos que se encuentran detrás de ellos”, añadió el ministro de información.

Según la ONG Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) el jueves cayeron obuses en el sector de Malki, en el centro de Damasco, cerca de la mezquita donde estaba Asad, pero no causaron daños ni víctimas.

Por su parte un grupo de rebeldes y militantes antirégimen, citados por la cadena árabe, indicaron que los lanzamientos se dirigían al convoy de Asad en esta zona cercana a la mezquita de Anas ben Malek, donde tuvo lugar la oración.

Al Arabiya es una cadena financiada por Arabia Saudita, uno de los principales apoyos de los rebeldes que intentan desde hace más de dos años derrocar el régimen de Bashar Al Asad.

En las imágenes de la televisión estatal, el jefe de estado, sentado en el suelo junto a otros dignatarios, apareció sonriente y tranquilo durante la ceremonia que marca el final del ramadán.

Asad tiene su apartamento y sus oficinas en Malki, un barrio acomodado de la capital donde las medidas de seguridad son draconianas.

El mandatario sirio ha aparecido muy pocas veces en público desde el comienzo del conflicto, desencadenado en marzo de 2011 por una violenta represión de las manifestaciones que exigían reformas democráticas.

Más de 100.000 personas han muerto, según la ONU, en la guerra que ha devastado al país y obligó a millones de sirios a refugiarse.

Asad, que califica de “terroristas” a los rebeldes y denuncia el apoyo que reciben de países extranjeros, reiteró el domingo su determinación a aplastar con “mano de hierro” la rebelión formada por desertores y civiles que tomaron las armas, apoyada por combatientes yihadistas extranjeros.

A pesar de los esfuerzos de Estados Unidos y Rusia, un aliado del régimen sirio, para concretar una conferencia de paz internacional en Ginebra, el conflicto podría alargarse.

El presidente estadounidense Barack Obama y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, que apoyan a la oposición a Asad, hablaron el miércoles por teléfono “y se pusieron de acuerdo en la importancia de respaldar a [una oposición] unificada y amplia”.

Sin embargo, también discutieron “el peligro que constituyen los extremistas extranjeros en Siria”, indicó la Casa Blanca en un comunicado.

Ese mismo día, el número 2 de CIA, Michael Morell, dijo que la guerra en Siria constituye la principal amenaza contra la seguridad de Estados Unidos y manifestó el temor a que el país se convierta en un nuevo refugio para Al Qaida.

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