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La Orquesta Filarmónica de Santiago recuerda con dignidad y respeto el sufrimiento de Jesús

Maximiano Valdés, TMS (c)
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A comienzos de la presente semana, bajo la dirección del músico chileno Maximiano Valdés, el Teatro Municipal de Santiago brindó, con dignidad y respeto, tres conciertos de la Orquesta Filarmónica de Santiago, dedicados a la Misa de Réquiem en re menor, K. 626, de Wolfgang Amadeus Mozart. La Suite Sinfónica n° 2 del chileno Enrique Soro y la Sinfonía Concertante en mi bemol mayor K. 364, también de Mozart, completaron el repertorio.

De este modo, y a tablero vuelto durante tres tardes, los días 27, 28 y 29 del presente, Valdés, destacado músico nacional –actual cabeza de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico–, condujo en brillantes y aplaudidas versiones, a la Orquesta Filarmónica de Santiago, al Coro del Teatro Municipal, siempre dirigido por el uruguayo Jorge Klastornick y, a los destacados cantantes, la soprano Patricia Cifuentes, los tenores Luis Olivares (actualmente en la ópera de Bremen, Alemania) y (Exequiel Sánchez, intérprete nacido en Concepción –que cantó en el último concierto–), la mezzo-soprano Evelyn Ramírez –ganadora del Premio de la Crítica 2012– y al bajo Christian Peregrino, de nacionalidad argentina.

Basada en los textos latinos para el Réquiem, el acto litúrgico católico celebrado tras el fallecimiento de una persona, ésta es la decimonovena y última misa escrita por Mozart, quien murió antes de terminarla, en 1791. Con 50 minutos de duración, la obra condensa la magia musical y la fibra sensible de Mozart, teniendo ante su conciencia la proximidad de su propia muerte.. Fue, sin duda, una interpretación no sólo magnífica y brillante, sino que además fue entregada a un público (cerca de 1.500 personas en cada una de las tres presentaciones) con tal respeto y recogimiento, que el conjunto asemejaba a un templo repleto de fieles).

El programa de este concierto lo completaron dos obras que llenaron su parte inicial. La primera, la Suite Sinfónica n° 2 del compositor chileno Enrique Soro, una composición tanto musical como lírica –asociada a un poema suyo escrito en prosa– que el Premio Nacional de Música (1948) creó en sus mejores años, pero que hasta ahora ha permanecido prácticamente en el anonimato.

La Filarmónica también interpretó la Sinfonía Concertante en mi bemol mayor, K. 364, de Mozart, que fue compuesta entre 1779 y 1880 y que combina la elegancia del rococó con el más original sello mozartiano de lirismo emparentado con sus óperas. Para esta obra se contó con la sobresaliente dedicación y el talento de dos integrantes de la Orquesta Filarmónica de Santiago: la estadounidense Holly Huelskamp, de la primera fila y concertino de los violines y la inglesa Amy Greenhalgh, solista en viola.

Ficha Artística
Concierto III de la Orquesta Filarmónica de Santiago.-

Enrique Soro
Suite Sinfónica n°2

Wolfgang Amadeus Mozart

Sinfonía Concertante para violín, viola y orquesta en mi bemol mayor, K. 364
Solistas: Holly Huelskamp (violín), Amy Greenhalgh (viola)

Misa de Réquiem en re menor, K. 626
Solistas: Patricia Cifuentes (soprano), Evelyn Ramírez (mezzo-soprano), Luis Olivares / Exequiel Sánchez* (tenor), Christian Peregrino (bajo)

Orquesta Filarmónica de Santiago
Director: Maximiano Valdés

Coro del Teatro Municipal
Director: Jorge Klastornick

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