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El difícil tranco de la RSE en Antofagasta

Puerto de Antofagasta | Víctor Burgos Romero (C)
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Durante el último tiempo hemos podido ser testigos, a través de diversos medios, de una serie de manifestaciones callejeras que dejan en evidencia una –cada vez más sentida- necesidad de espacios de participación ciudadana en nuestro país. ¿Por qué nos manifestamos? Podría preguntar alguien. La respuesta es bastante sencilla: porque queremos ser protagonistas de decisiones que afectan nuestro día a día.

Casi 19 años han pasado desde que la participación ciudadana fue incorporada a nuestras políticas públicas, otorgando importancia a la entrega de información y respuesta a quienes se verían afectados por cambios en su entorno. Con ello, se instala en las prácticas privadas una lógica de mejoramiento de sus relaciones con las comunidades, a través de la tan conocida (especialmente en regiones mineras) Responsabilidad Social Empresarial.

¿Qué ha cambiado en Antofagasta con la aparición del relacionamiento comunitario? Podría preguntar otro. Desde mi perspectiva, se ha ampliado la oferta de participación ciudadana.

Vemos como, son cada vez más, las empresas que desarrollan proyectos en alianza con consultoras, ONG, establecimientos educacionales, etc; intentando cubrir los requerimientos de las comunidades que constituyen sus áreas de influencia directa.

De este modo, sean iniciativas que obtengan mejores o peores resultados, inician su trabajo con un proceso de participación ciudadana, por lo que al vecino común (como Ud. o como yo) se nos abren espacios para expresar nuestras necesidades, preocupaciones, expectativas, exigencias, etc.

Claramente el relacionamiento comunitario ha cambiado también, hoy es frecuente ver cómo las inversiones en infraestructura o equipamiento de las organizaciones territoriales siguen siendo parte del quehacer del área de Relaciones Comunitarias de cualquier empresa; pero su labor ya no se limita a eso (como sucedía hace unos 15 años), sino que se ponen en marcha acciones que promueven el desarrollo sustentable de las comunidades. Lo que en términos prácticos se traduce en menos construcciones de sedes y más aportes a iniciativas que realmente recibirán un uso.Alberto Gonzalez

Ahora bien, si pensamos ¿qué le hace falta a las estrategias de relacionamiento comunitario en esta latitud? Creo que principalmente, incorporar la perspectiva de la “identidad”, pues con mayor frecuencia escuchamos que “Antofagasta es una ciudad de paso” o “el antofagastino no tiene una identidad arraigada”. Paradójicamente, es esa la identidad antofagastina, así como lo es la presencia de la empresa minera y el conocimiento popular del concepto “Responsabilidad Social Empresarial” como parte de nuestra cotidianidad.

El relacionamiento comunitario en la Segunda Región ha crecido, hoy es adolescente, y llegará a la madurez una vez que quienes trabajamos para o desde las empresas que lo desarrollan, comprendamos que las comunidades con quienes trabajamos, han sido parte –antes de que llegáramos- de a lo menos, uno o dos proyectos de responsabilidad social y sus correspondientes procesos de participación, por lo que no podemos estar siempre partiendo desde el mismo punto e iniciar el discurso una y otra vez con un “Érase una vez…”, porque generamos desmotivación y resistencia a un proyecto que podría realmente cambiar la historia de la comunidad.

No se debe perder de vista que las funciones centrales de un proceso de relacionamiento comunitario son informar, proponer y comunicar un plan de trabajo que mejore las condiciones y aminoren los efectos negativos de la operación.

Desde esa base, la recepción y puesta en marcha de propuestas que la propia comunidad define, desde su conocimiento del territorio y de los proyectos que ya otros equipos desarrollaron junto a ellos, beneficia y ayuda a fortalecer a todos los involucrados.

Gloria Arriagada.

Gloria Arriagada

Gloria Arriagada


Psicóloga de la Universidad del Mar y Magister en Gestión Integral de Proyectos de la Universidad Católica del Norte. Se especializa en gestión de proyectos de desarrollo sostenible en la industria minera y en organizaciones de la sociedad civil, incluyendo aspectos como medioambiente, responsabilidad social, control de costos y gestión de presupuesto. Jefa de proyectos en Fundación Casa de la Paz.

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