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Islamitas empoderados tras Primavera Árabe sufren duras crisis en sus gobiernos

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Tanto en Túnez como en Egipto, el horizonte se ensombrece para los islamistas, que deben enfrentar el incremento de la contestación y se ven perjudicados por su falta de experiencia gubernamental, dos años después de haber aprovechado la “Primavera Árabe” para llegar al poder gracias a elecciones.

En Túnez, el asesinato del opositor de izquierda Chokri Belaid, adjudicado a los islamistas de Ennahda, alimentó las manifestaciones de un sector de la población indignado por la lentitud de los progresos económicos y sociales. El desempleo y la miseria fueron los detonadores de la sublevación.

En Egipto, los Hermanos Musulmanes y la oposición se enfrentan a través de sus respectivas manifestaciones, en unos mítines que regularmente degeneran en violencias a veces mortíferas, dos años después de la caída del presidente Hosni Mubarak.

Según el experto tunecino Slah Jourchi, familiarizado con los movimientos islamistas, esos partidos sufren a causa de su falta de experiencia en el ejercicio del poder.

“Los movimientos islamistas eran de tipo puramente contestatario y se vieron sorprendidos al encontrarse en la dirección debido a un vacío creado por la crisis de las oposiciones laicas”, explicó.

“Esos movimientos deben alejarse del ejercicio del poder durante un tiempo y llevar a cabo revisiones doctrinales para adaptar su ideología a los tiempos modernos”, opinó.

En Egipto, los Hermanos Musulmanes tendían a tratar de gobernar llegando por la fuerza, lo que movilizó a sus adversarios.

“En Egipto, más que en Túnez, los islamistas del presidente Mohamed Mursi no esperaban tanta resistencia por parte de la sociedad”, subrayó Stéphane Lacroix, profesor de Ciencias Políticas.

Lacroix señaló “un déficit de la cultura de la gestión política” del partido de los Hermanos Musulmanes”, que parecen “novicios carentes de experiencia en la dirección de los asuntos públicos”.

El resultado es que el poder islamista en Egipto no llega a controlar las instituciones. “Puede dar instrucciones, pero la policía egipcia tiene su propia forma de actuar (…) y súbitamente usted tiene un presidente que carece de control sobre la policía, la justicia y el ejército”, agregó.

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