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Un weichafe no es asesino

Archivo | Felipe Durán (C)
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El asesinato a puñaladas de Osvaldo Zapata, cuidador de un predio en Antiquina, es un acto que no tiene ninguna justificación. Todo lo contrario, ocurrió en un ataque cobarde a una familia inocente. Cómo no sentir rabia junto con esa familia en esta terrible Navidad que pasarán.

El Gobierno ha planteado que no hay antecedentes que liguen esta muerte al tema territorial mapuche. Por lo mismo, el Ministro del Interior se abstuvo de viajar para evitar dar señales políticas equivocadas. Esto tras las erradas versiones de prensa que confundían este asesinato con una quema de camiones de Forestal Volterra que ocurrió en otro lugar.

Pero por otra parte, la familia plantea que hace 2 años habían recibido amenazas de parte de gente perteneciente a comunidades mapuche, y plantean directamente esa acusación.

Los dirigentes emblemáticos del movimiento mapuche en el proceso de recuperación territorial, lejos de validar, siempre han condenado los ataques a personas, sean quienes sean los victimarios y las víctimas.

El más claro ha sido Héctor Llaitul, dirigente de la CAM, preocupado desde hace tiempo en que personas, escudándose en el proceso territorial, estuvieran realizando acciones que no corresponden a la ética de un weichafe. Los Órganos de Resistencia Territorial de la CAM difundieron un comunicado deslindándose del ataque a Zapata y su familia, adjudicándose, por el contrario, el ataque a la empresa forestal.

Héctor Llaitul en otras ocasiones ha hablado así:

“Las orientaciones de la CAM no consideran una línea de acción contra parceleros menores y menos contra campesinos pobres, muchos de los cuales quedaron situados entre comunidades durante la Reforma Agraria. Los verdaderos responsables de la expoliación y despojo de nuestro territorio, usan a su favor las disputas con parceleros, para mostrar al mapuche como un enemigo de los pequeños propietarios y agricultores”.

“Tenemos una ética de la acción política. Naturalmente, hay expresiones de la lucha mapuche que no controlamos. Nosotros no propiciamos muertes ni pretendemos dañar a las personas. Incluso en circunstancias como las actuales, nos identificamos con valores, con propósitos nobles. Buscamos reconstruir armonía, buscamos justicia, luchamos por restablecer un tipo de sociedad mapuche sana y justa. Por eso, la lucha es eminentemente política. Hay que evitar a toda costa una lucha cruenta. Esta postura no siempre es entendida cabalmente por gente joven marcada por la experiencia de la discriminación, la explotación y la pobreza” (1).

El líder de la CAM hace tiempo viene mostrando su preocupación por transmitir a los jóvenes el sentido de la lucha mapuche. En una entrevista en septiembre quiso dar un mensaje:

“Atacar a los más débiles, aunque estén en territorio mapuche, es una actitud asegurada que no responde a la ética de un weichafe.  Esa línea nunca ha existido en la historia de la CAM… el campesinado es un sector también oprimido por el sistema…  Probablemente, muchos de los pequeños agricultores chilenos tienen un discurso de derecha,  sobre todo en la novena región, pero el mismo sistema también los perjudica”.

“La CAM apunta a aquellos que infraganti están en la destrucción de nuestros territorios, algunos  sagrados, avanzando sobre las comunidades, pero no contra las personas, sino contra los bienes de las empresas. La CAM tampoco  busca derramar sangre, y siempre hemos sido muy cautelosos con eso, por lo que puede significar para las comunidades”.

“Hay también una ética del weichafe, que no puede caer ni rayar en lo delincuencial. Por nuestra disciplina jamás hemos tenido algún hecho de sangre o de otro tipo que ensucie nuestra causa.  Acá se quiere hacer un deslinde categórico con actos que no compartimos y que sólo deslegitiman nuestra lucha” (2).

En estos días de luto y solidaridad con la familia, comparto estas palabras de Héctor Llaitul -preso político que actualmente se encuentra en huelga de hambre- que me parecen una reflexión importante en un territorio que seguirá en conflicto, y donde no serán pocos los que confundirán –sea para condenar o sea para justificar– acciones delincuenciales con justas reivindicaciones territoriales y políticas.

Qué ganas me dan de estar en Chile y tener un canal de televisión. Iría donde Héctor Llaitul, donde Jorge Huenchulán, donde Mijael Carbone, Luis Marileo, las personas que son respetadas por los jóvenes weichafe y los niños weichafe que vienen en el futuro. Iría a sacarles declaraciones llamando a no caer en el camino de la violencia irracional contra inocentes, y estoy seguro de que eso sería un tremendo aporte.

Notas:
(1)  Weichán: Conversaciones con un weychafe en prisión política.
(2) Fuente: http://www.lachispa.cl/2012/09/10/hector-llaitul-desde-la-carcel-de-angol-nuestra-lucha-es-necesariamente-anti-capitalista-si-no-es-imposible-la-reivindicacion-de-lo-propio/

L. García-Huidobro

L. García-Huidobro

Luis García-Huidobro sj. Religioso Jesuita. Colaboró varios años en Pastoral Mapuche en Chile. Actualmente se encuentra realizando una experiencia de inserción en México, dando clases en el Instituto Superior Intercultural Ayuuk y colaborando en el Servicio Jesuita a Migrantes. Su cuenta en Twitter es @luisgarciahsj.

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