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Celebrar el día de los Derechos Humanos es como celebrar el “día del Níspero”

Stéfano Obregón (cc)
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Este es un tema asaz resbaladizo. Si miramos al mundo en el cual nacimos y al país en el cual sobrevivimos y si alguien nos menciona los Derechos Humanos (DD.HH.) vale mucho hacer un alto en el camino y preguntarse ¿de cuáles derechos estamos hablando? Esa es la cuestión.

Como siempre escribo estas líneas desde Europa. En cualquier lugar de por acá uno se topa con algunos casos donde los DD.HH. dan pena o dan risa. Solamente cinco ejemplos actuales; vamos viendo

ITALIA: Alarma pública. Berlusconi y su pandilla política, ¡otra vez¡ desestabilizan al país anunciando su regreso al Poder. ¿Hay derecho? El actual Primer Ministro, Mario Monti, amenaza con irse si el fraudulento y disoluto empresario Silvio sigue arruinándole la vida a los italianos. ¿Con qué derecho el uno sigue estorbando a la nación mientras el otro, ante tamaña amenaza, prefiere el cómodo camino de la renuncia?

ESPAÑA: Hay aquí un cerril gobierno de derechas que se santigua en medio de un desastre social y económico sin precedentes. En ese cuadro el titular de economía, Luis de Guindos, según el periódico británico “Financial Times”, es el peor valorado entre todos los ministros del ramo de los países del Viejo Mundo. ¿Hay derecho? Los españoles deberían ponerse en alerta porque ese tecnócrata viene navegando y liderando el fraude económico desde que era alto funcionario en el gigantesco banco de inversiones Lehman Brothers. O sea el mismo banco que desató el actual tsunami financiero mundial. De Guindos salió de allá (USA) y ahora está acá (Madrid). O sea el zorro cuidando a las gallinas.

LONDRES: Ecologistas en todo el continente no dan crédito a sus ojos cuando leen lo siguiente: el norteamericano Al Gore, el mismo de la película, el mismo que fue candidato a la presidencia de USA, el mismo que habita una regia mansión, ajena a las prácticas ecológicas, viaja a Chile para intervenir en un seminario empresarial donde hablará de su honda preocupación por el cambio climático. Lo que no cuadra es que el hombre cobrará unos cien mil euros por cada charla. ¿Es un salvador de la Tierra o un insaciable salvador de sus bolsillos? ¿Hay derecho?

BANGALDESH. Este país asiático es el segundo exportador de ropa del mundo, (China está primero) y las condiciones de vida de los trabajadores del sector (son tres millones de asalariados-esclavos) resultan inenarrables. Las fábricas malolientes siguen siendo hacinamientos humanos pavorosos e indescriptibles: ratas, pestes, falta de agua y pagos de hambruna. La codicia de las multinacionales y de los gobiernos acarrea esa explotación sin límites. Los accidentes son el pan de cada día, sobre todo los incendios. Las víctimas mortales ya suman miles. ¡Que buena es aquella confección para las tiendas occidentales, sobre todos las de ropa de marca!

BRUSELAS. Durante diez años ocho gigantes de la tecnología (fabricantes del jugoso y luminoso negocio de los tubos catódicos) disfrutaron de un poderoso Cartel. Manipularon el mercado, los precios y la calidad de sus productos. Entre partidas de golf y citas en lujosos hoteles los ejecutivos tramaban el delito. El escándalo saltó al público luego que la empresa taiwanesa Chunghwa destapó la olla y aportó pruebas. Entre los tramposos figuran Philips, Panasonic, Samsung y Toshiba.

Hace 64 años la Declaración Universal de los DD.HH., de Naciones Unidas nacieron en un mar de buenas intenciones: DD.HH. inalienables para una vida digna, sin distinciones de etnias, color, sexo, idioma, religión, orientación sexual o social, derecho a reunión y asociación, etc. Preciosas y tiernas palabras. Los Derechos Humanos son irrevocables, inalienables, irrenunciables. Pero…

En cualquier lugar de la Tierra los DD.HH., chocan de frentón con un monstruo que prolifera sin tasa ni medida: el Poder. Ese Poder que embriaga a la autoridad de turno. O el que engolosina al religioso fanático. El Poder-Propiedad que determina la feroz exclusión social. El poder de la TV basura que obnubila a millones de almas sencillas. El Poder de la caridad convertida en negocio mediático. El Poder de las mafias de las drogas, la prostitución, del blanqueo de capitales, de los fabricantes de armas. El Poder que abusa de millones de mujeres aún en la infancia, cercenándoles el clítoris, el Poder grande que humilla sin contrapeso o el Poder chico que nos envilece la vida con un vecino indeseable, por ejemplo.

No faltan los filósofos que llaman a cavilar sobre el tema. Uno de ellos, Norberto Bobbío, afirma que los DD.HH. son imposibles. Primero por la ausencia de un concepto. Segundo por su variabilidad en el tiempo. Tercero por su heterogeneidad y cuarto por las antinomias y conflictos entre los distintos derechos.

Conclusión: No hay DD.HH. Lo que hay son “derechos inhumanos”. Por eso, celebrar el día de los DD.HH. es una entelequia. Es como celebrar el cándido día de mamá, de papá, de los muertos, de la Concertación, de las ballenas o ese famoso día chileno, el día del níspero.

¿Qué hacer? No nos queda otra, entonces, que seguir, infatigables, buscando y bregando por unos verdaderos derechos humanos, en todo orden, en toda condición, a toda hora y contra viento y marea. Y jamás, nunca jamás, renunciar al derecho a pataleo.

Oscar “El Monstruo” Vega

Periodista, escritor, corresponsal, reportero, editor, director e incluso repartidor de periódicos.

Se inició en El Sur y La Discusión, para continuar en La Nación, Fortin Mapocho, La Época, Ercilla y Cauce.

Actualmente reside en Portugal.

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