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Maciza despedida de temporada de la Orquesta Filarmónica de Santiago

Alfonso Letelier, TMS (c)
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La importante Temporada de Conciertos 2012 de la Orquesta Filarmónica de Santiago, -marcada por un vasto repertorio cargado de desafíos y visitas tan notables como la de Zubin Mehta y la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino- ameritaba un cierre espectacular y lo tuvo anoche, con la programación de su décimo concierto, denominado “Domingo Rojo” y que se repetirá hoy jueves a las 19 horas, en el Teatro Municipal de Santiago.

Encabezada por Maximiano Valdés, una de las figuras consagradas de la dirección musical de nuestro país, en una jornada muy feliz, la agrupación orquestal realmente deleitó al público con un programa que combinó en una perfecta mezcla de música nacional y universal, con “Vida del Campo”, Op. 14 de Alfonso Letelier y la Sinfonía n° 11 en sol menor, Op. 103 del Dmitri Shostakovic.

El centenario de Alfonso Letelier

Su gran aporte a la música chilena desde la composición y la institucionalidad convirtieron a Alfonso Letelier en uno de los más grandes músicos nacionales del siglo XX. Como un modo de celebrar el centenario de su nacimiento y fiel a su férrea defensa de la creación nacional, el otrora director titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago (2002 a 2006) y actual cabeza de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico guió con mano maestra la batuta, en la interpretación de “Vida del Campo”, Op. 14, una obra que destaca por su chilenidad al introducir, en medio del clásico modelo de la forma sonata, una cueca.

Letelier escribió este gran movimiento sinfónico a los 25 años, logrando integrar el piano –que en esta ocasión contó con el concertista Luis Alberto Latorre como un brillante solista– entrelazándolo con la orquesta.

Como un afortunado cierre de la primera parte y respondiendo a los nutridos aplausos de un público que lamentablmente no fue numeroso, Latorre interpretó una de las cinco “Doloras” para piano, del recordado compositor nacional Alfonso Leng (1894-1974), un autodidacta de la música, de profesión odontólogo.

En la segunda parte, la Filarmónica de Santiago resolvió en forma brillante, quizás el gran desafío que tuvo esta temporada: la justamente definida como emocionante y completa Sinfonía nº 11 en sol menor, Op. 103 de Dmitri Shostakovich, que recuerda uno de los episodios más sangrientos de la historia rusa: la ejecución, de parte de la guardia imperial del zar Nicolás II, de quienes protestaban fuera del Palacio de Invierno del monarca.

Compuesta en 1957, se le conoce como la Sinfonía “1905” –pues los acontecimientos a los que alude se sucedieron en plena Revolución Rusa– y es considerada como la más lograda de las sinfonías programáticas.

Aquí hay que rendir un homenaje tanto a la firme, segura y plena de dominio técnico de la batuta de Valdés como a los músicos de toda la familia instrumental de la Filarmónica, en que cada ejecutante fue anoche un solista destacado.

Señalemos que de los cuatro movientos de esta extensa composición (62 minutos) Adagio, “La Plaza del Palacio de Invierno”. Allegro, “El 9 de enero”. Adagio (“Memoria eterna”) y Allegro non Troppo (“Campana de Alarma”), los dos últimos fueron los más resaltantes.

La despedida fue con aplausos repetidos, cuatro salidas de Valdés a agradecer al escenario y, al mismo tiempo destacar a los solistas de las cuatro familias instrumentales y al conjunto como un todo de armonía y fluidez técnica.

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