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Gigi Caciuleanu se despide de Chile y del Ballet Nacional Chileno

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En su último trabajo como director artístico del Ballet Nacional Chileno Gigi Caciuleanu quiso rendir homenaje al Ballet Nacional Chileno, BANCH, y al público que sigue fielmente el trabajo de la compañía. Para ello reestrenará dos de sus exitosas obras: Cuerpos (Premio Altazor 2003) y “Noche Bach” (Premio Apes 2005).

Gigi Caciuleanu vino por primera vez al país en 1997. El bailarín y coreógrafo francés de origen rumano fue invitado por el Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile, CEAC, a montar su obra “Mozartissimo” con el Ballet Nacional Chileno. Desde su primer encuentro con los bailarines se produjo una conexión especial.

Estos dos espectáculos coreográficos serán presentados en un programa doble. La primera parte contempla Conciertos y Cánticos de “Noche Bach” y la segunda, Cuerpos, pieza creada por Gigi Caciuleanu para los bailarines de la compañía.

La creación de “Noche Bach” está inspirada en la música de Johann Sebastian Bach, la que percibe, según sus palabras, “como una matemática sensual. Un arte absoluto, universal e intemporal. Una sensualidad matemática encarnada y anclada en lo más profundo de los parámetros del ser humano”.

Cuerpos, con música de Philippe Agou, refleja la expresión los cuerpos de los bailarines como un instrumento, trabajando en forma desnuda lo corporal, lo físico y lo dinámico. Es un espectáculo plástico, armonioso, vivo y de gran destreza técnica e interpretativa que captura la atención de los espectadores, manteniéndolos en suspenso durante los 40 minutos que dura la presentación que está a cargo del elenco del Ballet Nacional.

Gigi Caciuleanu conversó con Biobio Chile sobre su despedida de nuestro país.

-¿Por qué despedirse con “Noche Bach” y “Cuerpos” que ya se habían presentado? ¿Tienen un significado especial?

-Yo me despido de Chile, del Ballet Nacional Chileno y me despido de un trozo de mi vida. Son dos obras, Conciertos y Cánticos de “Noche Bach”, pero hay tres partes. La primera es “concierto”, que habla de la mente, la fábrica mental del movimiento; la segunda, “cánticos” habla del alma, y la tercera parte del espectáculo habla de la corporalidad. Claro que ese triángulo se entrelaza, no se puede separar porque tampoco se puede separar el alma del cuerpo y la mente; pero el enfoque de cada una de las piezas está sobre la mente, el alma y finalmente en el cuerpo que los contiene a ambos.

Me despido con estas obras porque ambas son muy simbólicas, fueron hechas para el Ballet Nacional Chileno, y también representan lo que estoy buscando, que es la idea de mi teatro coreográfico donde el teatro se hace en lenguaje de movimiento y danza. Muchas veces me abstraigo pues el texto está basado en movimientos. Además, representa mi idea de lo que busqué con el Banch, una corporalidad, un virtuosismo técnico donde la parte visual sea muy impactante. Después viene el lado conceptual, que es tan importante como el corporal (es decir el pensamiento), entonces este triángulo amoroso entre la mente, el alma y el cuerpo es como el símbolo de este momento, que no es una despedida, sino un homenaje de mi parte a las personas que nos han seguido, una expresión de amor al público y a los integrantes del Ballet.

-Gigi, usted se va de Chile, ¿qué encontró en el Banch cuando llegó hace 12 años, y qué deja en el elenco del ballet?

No me incumbe a mí decir esto. No puedo ser parte y juez al mismo tiempo. Lo único que puedo comentar es que cada cosa que hicimos, cada función, cada evento fue como dar un paso. Como dice la canción de Joan Manuel Serrat, “se hace camino al andar”, así le di una cara al Banch, me identifiqué con esta compañía que amo mucho y que traté de construir, tal vez es un poco presumido, a mí imagen; no porque mi imagen es buena, sólo porque como artista creo que hago lo mejor y eso pensé con el Banch, he hecho lo mejor que pude. Mi primer encuentro con ellos ocurrió en 1997 cuando monté la obra “Mozartíssimo”, fue amor a primera vista; entonces, pienso que hay algo muy importante pues nuestra relación ha estado bajo el signo del amor, porque en ningún momento se quebró o cesó, ni siquiera en este momento que me despido, que en realidad es un hasta luego. De todos modos lo que impulsé como trabajo de investigación y creación fue darle secretos de fabricación para que los integren a sus trabajos. Mi despedida es formal, pero en lo profundo siempre estaré con ellos.

-¿Con qué llegó y con qué se va de Chile y con el Banch?

Con el Banch continué mi trabajo que comencé hace años, para mí es una continuación y nada se interrumpe, un creador no es un maestro, es un aprendiz y yo aprendo cada día, busco más allá de lo que pueda imaginar y entonces me voy con esta idea de continuar un camino.

-¿Qué se queda de Chile en usted?

Vuelvo a París donde vivo. Trabajaré en Rumania en una compañía que comencé en 2007. Es para mí una manera de ver que la vida continúa. El hecho de reinventarse es un destino, pero también es una suerte porque la vida te obliga a cambiar de lugar, de público, con la gente que se trabaja; al mismo tiempo crecer y no traicionarme como artista –y eso es lo más importante-, no traicionar el propio deseo, la propia pasión, porque si se traiciona a sí mismo se traiciona a los demás. Me llevaré de Chile el espíritu de la compañía de danza en el sentido de una reunión de amigos. Pienso que quedará nuestra relación en el alma, en la mente y en la corporalidad de las personas con la que tuve la gran suerte de trabajar en Chile.

-¿Por qué eligió nuestro país para dirigir un Ballet?

Una flor crece donde tiene un terreno fértil y sentí que con la primera obra que hicimos, “Mozartíssimo,” hubo afinidad, me gustó el espíritu de pudor que tienen los bailarines, y el público chileno también, que es púdico y al mismo tiempo volcánico, tienen explosiones de pasión, de rabia, que es muy interesante, porque creó en mí el interés de trabajar en este pudor en la idea de retener esa energía y luego desencadenarla.

Acá sólo trabajé con el Ballet Nacional Chileno, no sé si tendré ganas de ser responsable a full de otra compañía, pues hay mucho trabajo y muchas consideraciones que no son sólo artísticas. No programo una obra sólo porque la amo, porque quiero hacerla, pero entra en una estrategia de conquista del público, de crecimiento personal del artista. Finalmente, cuando eres más libre debes estar con tu locura y es lo que me gusta desarrollar.

No es sólo el hecho de trabajar sicológicamente, saber federar a los compañeros, también me gusta hacer mis locuras tal como ellas vienen, en esta explosión de inventiva y de fantasía, estas cosas las quiero hacer en mi vida.

Pero el corazón está abierto, el cuerpo y el alma quedan abiertos. Las puertas quedan abiertas, si me necesitan saben dónde estoy, me encantaría participar alguna vez, de la manera que sea, en el desarrollo de esta compañía que amo y que tiene mucho potencial. Pienso que las compañías de danza se dirigen desde el alma y no como un director, desde arriba; se dirige con pasión y con mística.

Lugar: Teatro Universidad de Chile
Dirección: Providencia 043, Metro Baquedano
Fono: 29782480 / 29782481
Fechas: 6, 7, 8, 9, 13, 14, 15, 20, 21 y 22 de diciembre.
Horario: Jueves, viernes y sábado 20:00 hrs. /Domingo 19:30 hrs.
Precios: Desde $ $ 6.000 a $ 2.000/ Tercera edad desde $ 3.000 a $ 2.000/ Estudiantes desde $ 1.500. Jueves populares 2X1. Venta de entradas en boletería del teatro y en ticketek.cl. Más información en www.ceac.uchile.cl

UNA VIDA DEDICADA A LA DANZA

Gigi Caciuleanu se graduó en la Escuela Nacional Superior de Coreografía de Bucarest. Paralelamente a las disciplinas de la danza académica, a los 14 años descubrió la danza contemporánea con Miriam Raducanu, destacada maestra y coreógrafa a la vanguardia de la danza moderna en Rumania. Después de su graduación, perfeccionó la técnica clásica en el Teatro Bolshoi de Moscú. Como solista de la Ópera Nacional Rumana, bailó el repertorio de esa compañía y practicó simultáneamente una danza diferente, experimental y contemporánea con Miriam Raducanu.

Entre 1972 y 1973 se desempeñó como coreógrafo y profesor invitado en el Folkwang Ballet de Pina Bausch, en Essen, Alemania. En 1974 fundó el “Studio de Danse Contemporaine du Grand Thèâtre de Nancy” en Francia. Entre 1974 y 1978 dirigió el Ballet del Grand Thèâtre de Nancy, Francia; realizando giras francesas y europeas.

Desde 1978 a 1993 dirigió junto a su colaborador, Dan Mastacan, del Centro Coreográfico de Rennes Bretagne (Francia), y realizó giras y montajes en Francia, Europa, Asia y América. En 1994 creó la Compañía “Gigi Caciuleanu” en Paris; (director: Dan Mastacan), con la que participa en giras y montajes nacionales e internacionales.

Paralelamente a la dirección artística del BANCH, siguió trabajando y haciendo giras con su compañía de París, desempeñándose como bailarín, profesor y coreógrafo invitado a países como Italia, Brasil, Rumania, Rusia, Uruguay, Argentina, entre otros.

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