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La advertencia de Bolívar: El peligro de perpetuarse en el poder

Peter Lopez (CC)
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El domingo recién pasado los ojos del mundo se volcaron hacia el “norte de la América del sur”, como dijo un conductor de televisión. Todas las miradas estaban puestas en Venezuela, esa tierra que acogió a muchos de nuestros compatriotas en los momentos más álgidos de la dictadura militar chilena.

Para muchos el sistema electoral venezolano, o mejor dicho la tecnología utilizada, no dejó de llamar la atención. Votos electrónicos que se van directamente al CNE (Consejo Nacional Electoral) entregando a las 21.00 horas (hora chilena) una tendencia clara con el primer cómputo.

Los canales de televisión, oficialistas y opositores llamaban a la tranquilidad, a aceptar “la decisión popular”.

Hubo denuncias de fraude antes de que terminaran las elecciones, los seguidores de Chávez acusaban a eso de las 18.00 horas de intentos de intervencionismo por parte del diario ABC que daba, en un artículo, por ganador a Capriles.

A pesar de todo, la jornada se calificó como una fiesta ciudadana. Un ejemplo de democracia.

El 15 de febrero del año 1819, el Libertador Simón Bolívar en el recién creado Congreso de Angostura en el contexto de la independencia de Venezuela y Colombia pronunció por más de una hora el famoso “Discurso de Angostura”. El discurso fue publicado posteriormente en el Correo del Orinoco, números 19, 20, 21 y 22 del 20 de febrero al 13 de marzo de 1819.

Esto ocurrió en la provincia de Guayana, con motivo de la instalación del segundo Congreso Constituyente de la República de Venezuela en San Tomé de Angostura (hoy Ciudad Bolívar). En este documento, Bolívar como jefe del Estado se dirige a los congresistas del país no sólo para expresar su opinión sobre lo que debía ser el proyecto constitucional a sancionarse, sino también una profunda reflexión sobre la situación que vivía Venezuela a fines de 1818.

Allí analizó el accionar de los tres poderes del Estado y propuso (no sabemos si simbólicamente o en realidad lo pretendía hacer) considerar un Cuarto Poder, (no el de la prensa) el PODER MORAL dijo que era para exaltar el imperio de la virtud y enseñar a los políticos a ser probos e ilustrados.

He aquí algunos breves extractos de ese magistral discurso:

“Meditando sobre el modo efectivo de regenerar el carácter y las costumbres que la tiranía y la guerra nos han dado, he sentido la audacia de inventar un Poder Moral, sacado del fondo de la oscura antigüedad, y de aquellas olvidadas leyes que mantuvieron, algún tiempo, la virtud entre los griegos y romanos. Bien puede ser tenido por un cándido delirio, mas no es imposible, y yo me lisonjeo que no desdeñaréis enteramente un pensamiento que mejorado por la experiencia y las luces, puede llegar a ser muy eficaz.

Horrorizado de la divergencia que ha reinado y debe reinar entre nosotros por el espíritu sutil que caracteriza al Gobierno Federativo, he sido arrastrado a rogaros para que adoptéis el centralismo y la reunión de todos los Estados de Venezuela en una República sola e indivisible. Esta medida, en mi opinión, urgente, vital, redentora, es de tal naturaleza que sin ella el fruto de nuestra regeneración será la muerte”.

“Dignaos, Legisladores, acoger con indulgencia la profesión de mi conciencia política, los últimos votos de mi corazón y los ruegos fervorosos que a nombre del pueblo me atrevo a dirigiros. Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad”.

Pero sin duda estas son las palabras que mas llaman la atención, sobre todo cuando en Venezuela desde el año 1999 no hay cambios en el poder, lo mismo que ocurre en Chile, cuando tenemos Alcaldes y Concejales que están en los cargos desde 1993.

“…La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente…”.

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