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Por qué las terapias que “curan” la homosexualidad son sólo charlatanería

Julia Freeman-Woolpert (SXC)
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Una gran polémica provocó en el seminario organizado por la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), “No discriminación: Sus alcances en la educación“, la inclusión de expositores e incluso libros que afirman poder “curar” la homosexualidad.

Un caso puntual es el libro de Richard Cohen, “Comprender y sanar la homosexualidad”, cuyo autor asegura haber “curado” a miles de gays que ahora son heterosexuales. “Si estamos decididos, contamos con el amor de Dios y el apoyo de otras personas la curación es posible”, afirma el autor en su sitio web oficial.

Pero más allá del debate, existen antecedentes fundamentales que demuestran que las terapias de reorientación sexual -también conocidas como reparativas o de conversión- no sólo no son efectivas, sino que incluso pueden dañar a quienes se someten a ellas, al punto de causarles la muerte.

¿De dónde provienen?

Inicialmente, las ideas sobre la homosexualidad como una enfermedad -y por ende, susceptible a cura- tuvieron un origen religioso, en tanto se considera una perversión moral. Sin embargo, la transición al campo científico se dieron tras las afirmaciones del reputado psiquiatra estadounidense Robert Spitzer, quien en 2003 aseguró que era posible cambiar la orientación sexual de un individuo “altamente motivado”.

En esta investigación, Spitzer realizó entrevistas telefónicas a 200 personas, 143 hombres y 57 mujeres, quienes reportaron haber tenido al menos cambios sutiles que los llevaron desde la homosexualidad a la heterosexualidad, durante un lapso de 5 años.

Pese al fuerte cuestionamiento de sus colegas, el estudio sirvió como respaldo científico para grupos conservadores y terapeutas respecto de la posibilidad de cambiar la orientación sexual de una persona.

Sin embargo en mayo de este año, en una carta al editor de la revista Archivos de Comportamiento Sexual, el doctor Spitzer puso en tela de juicio su propio estudio, afirmando que en realidad no hay forma de juzgar cuán creíble era el reporte de un participante sobre el cambio de su orientación sexual.

Esto, debido a que precisamente un individuo “altamente motivado” tiene fuertes razones para informar su cambio de homosexualidad a heterosexualidad, ya sea por culpa, vergüenza, adoctrinamiento e incluso sugestión. “En términos simples, no hay forma de saber si los reportes de los participantes eran válidos”, concluye Spitzer.

“Creo que le debo a la comunidad gay una disculpa debido a que mi estudio hizo afirmaciones sobre la terapia de reorientación sexual que no estaban probadas. También ofrezco disculpas a cualquier persona homosexual que haya perdido tiempo y esfuerzo en cualquier forma de terapia creyendo que yo había probado que era posible un cambio en ‘individuos altamente motivados’”, admitió el psiquiatra.

La palabra de la OPS

También en mayo de 2012, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), dependiente de la OEA y afiliada a la ONU, emitió un informe donde advierte que los “supuestos servicios de ‘curación’ de personas con orientación sexual no heterosexual carecen de justificación médica y representan una grave amenaza para la salud y el bienestar de las personas afectadas”.

Según el organismo internacional, existe un consenso profesional en torno a que la homosexualidad no es una enfermedad y que por lo tanto no requiere cura. Más aún, advirtió que las supuestas terapias de reorientación pueden causar un grave daño a la salud física y emocional de quienes se someten a ellas, desencadenando en sentimientos de culpa y vergüenza que derivan en depresión, ansiedad e incluso el suicidio.

“Resulta más inquietante -señala el documento- que los supuestos servicios de “reconversión sexual” muchas veces se presten de manera clandestina. También se ha recibido información de adolescentes que fueron sujetos a intervenciones de “reparación” de manera involuntaria, y en algunos casos hasta privados de su libertad e incomunicados por varios meses”.

Por ello, la OPS recomienda que las terapias de “reconversión” o “reparativas” y las clínicas que las ofrezcan sean denunciadas y sancionadas, al tiempo que se incluya en los cursos de formación profesional el respeto a la diversidad y de eliminación de actitudes de patologización, rechazo y odio hacia personas no heterosexuales.

Terapias de reconversión: prohibidas por ley en EEUU

Sólo este mes, Estados Unidos dio un paso decisivo en el combate a estas supuestas terapias, luego de que California se convirtiera en el primer Estado en prohibir por ley su realización.

“Estas terapias no tienen ninguna base científica o médica y ahora serán relegadas al cubo de la basura del curanderismo”, afirmó el senador demócrata Ted Lieu, explicando que la normativa regirá a partir del 1 de enero de 2013.

Una opinión similar expresó el gobernador de California, Jerry Brown, quien advirtió sobre como estas prácticas han llevado a muchos jóvenes a la depresión y al suicidio.

Para ejemplificarlo, CNN consignó el caso del joven Kirk Murphy. Inicialmente presentado como un caso de éxito debido a que su “comportamiento femenino” habría desaparecido tras someterse a una terapia de reorientación, el hecho acabó siendo desmentido por su familia, asegurando que en realidad nunca dejó de ser gay.

Peor aún, Murphy acabó colgándose a los 38 años, en un acto que su familiares -aseguran- estuvo relacionado a las secuelas psicológicas que le dejaron las terapias.

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