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Transpacífico Lima-Santiago, arte contemporáneo del Perú en Casa Museo Santa Rosa de Apoquindo

Todo por un beso, de Hugo Salazar (c)
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Desde hace algunos años, Perú se ha convertido en uno de los centros culturales más importantes de Latinoamérica.

Sabemos mucho acerca de su glorioso pasado prehispánico, sin embargo ignoramos lo que sucede hoy en materia de arte en el vecino país. Por ello, la embajada trae a Chile una importante representación de artes visuales de las últimas décadas, que incluye 4 pintores, un fotógrafo y un escultor.

“Transpacífico Lima-Santiago” se titula la exposición que organiza la Embajada del Perú y la Municipalidad de Las Condes, junto a su corporación cultural, en el marco del Día Nacional del Perú y de un convenio cultural entre los ministerios de Relaciones Exteriores de ambos países.

Bajo la curaduría de Ernesto Muñoz, la exhibición está integrada por obras de los pintores José Luis Carranza, Hugo Salazar, Francisco Vílchez y Jorge Vigil, el fotógrafo Roberto Huarcaya y el escultor Benito Rosas. Como parte del envío cultural peruano, viajan especialmente a Chile, los artistas Hugo Salazar y Benito Rosas.

La exposición del Perú es la segunda de las muestras itinerantes de la Casa Museo Santa Rosa de Apoquindo, complementando la exhibición permanente de la Colección Mac Kellar de pintura chilena.

“El arte peruano en su enorme riqueza conceptual ha llenado el espacio latinoamericano durante las últimas décadas. Con el expreso deseo de presentar una faceta acotada de este quehacer, se ha realizado una selección de creadores en torno a la figura del gran poeta peruano César Moro (1903-1956), quien organizara en Lima la primera exposición latinoamericana surrealista, y cuya influencia ha cruzado las fronteras”, señala Ernesto Muñoz.

José Luis Carranza (1981). Artista plástico, historiador por correspondencia y entomólogo fuera de moda, como se define en su blogspot, estudió en la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú, donde se especializó en dibujo y pintura. Se enfrenta al lienzo casi como en una batalla, sus pinceladas son como navajazos certeros, cuya fuerza se alimenta de la herencia de las más antiguas mitologías.

Todo tipo de locura, bestialidades, violencia, instintos de guerra y venganza se encuentran en sus óleos, porque –como él dice- “en estos momentos de extraña incertidumbre sólo queda la humilde tarea de revivir a los dioses guerreros de otros tiempos”.

Y agrega: “Sin mayor variación, las pinturas pretenden sumergirse en un mundo alegórico plagado de símbolos y libres asociaciones. La jungla se presenta como un leitmotiv constante y los personajes que la habitan tienden a alejarse al mundo de lo irracional: los gritos, los alaridos y las miradas desesperadas sólo ponen énfasis al clima de tensión psicológica que se acumula de manera desordenada en cada uno de los lienzos. La materia y el rastro de la pincelada ayudan a convertir a varias de las escenas en un festival hedonista plagado de brillantes colores y sensuales contornos; sin duda se trata de un hedonismo enfermizo que tras su primera máscara de artificiosa sensualidad oculta el verdadero contenido histérico, contenido histérico que desde ya es un intento por reflejar el carácter del hombre actual tan propenso al desequilibrio emocional y a las baratas demostraciones de poder en medio del terror”.

Dotado de una gran sensibilidad el fotógrafo Roberto Huarcaya (1959) ha abordado muchos temas que demuestran su gran habilidad en el retrato descarnado del alma humana. Estudió sicología en la Pontificia Universidad Católica, sin embargo su gran pasión es y será la imagen. Partió a Madrid donde estudió fotografía. Desde entonces ha participado en muchas exposiciones y bienales. Es director del Centro Fotográfico “El ojo ajeno”. En 2004 se presentó en Chile en el marco de FotoAmérica con la serie “Devenir”, que consistía en 6 cajas de luz de acrílico con fotos originales y únicas (transparencias) de dimensiones variables, las cuales formaban diferentes escenas referidas al tema del destino, a través de concepciones mágicas, naturales o cientificistas.

Según el poeta y ensayista peruano Enrique Bruce, “el juicio moral siempre busca un espacio y tiempo fijos desde el cual colocarse. Los divanes de Roberto Huarcaya situados en el ambiente harto doméstico de una sala revelan lo esquivo de todo emplazamiento: los cuerpos, desnudos muchos de ellos, se evanescen, sugieren ante el lente abierto la movilidad perpetua, la movilidad que no va ni viene de ningún lado. La luz se justifica sólo para dar aviso de la oscuridad circundante del recinto con la cual dicha luz se contrasta”.

El escultor Benito Rosas ha trabajado varios temas a lo largo de su trayectoria. Desde cópulas hasta relojes pasando por besos, abrazos, flautas y aves. Lo suyo sin embargo, a decir del filósofo Jorge Secada, “remite a un único tema fundamental y recurrente en sus esculturas: la comunicación y el amor entre los seres humanos”.

Ciertamente que su obra, a despecho de la aparente dureza y frigidez de la piedra, transmite una atmósfera cálida, amorosa, pródiga de sensualidad. Sus esculturas en mármol y bronce, basadas en la cultura andina precolombina, están hechas para tocarse y el deleite táctil que éstas producen desencadena un inmediato sentimiento de complicidad y diálogo del espectador con la materia.

Pintor, dibujante e ilustrador, Francisco Vílchez nació en Cajamarca. Su imaginario personal está compuesto por seres, animales y cuerpos entrelazados que reflejan erotismo y violencia así como paisajes fantásticos y recargados. Su lenguaje visual privilegia el dibujo y ha tenido algunas etapas cromáticas como el rojo y el verde ligadas a su circunstancia personal.

Estudió en la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú ENSABAP, de la cual egresó de la especialidad de pintura (1978-1982) y posteriormente se licenció en Artes en la Pontificia Universidad Católica del Perú. En San Juan de Puerto Rico, donde vive actualmente, fundó en 2009 la Escuela de Artes The Edge Artes Visuales.

Jorge Vigil (1963), nacido en Lima, reside desde 1990 en París, Francia. Su obra se centra en el estudio de la naturaleza, la belleza, el erotismo, la ambigüedad del cuerpo humano. Su trazo minucioso y detallista revela su admiración de los grandes maestros del arte occidental, en especial los de la escuela flamenca. Estudió en la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú ENSABAP (1988); y en la Escuela de Comunicación de Pau, gracias a una beca del gobierno francés (1990).

El artista ha hecho de su pintura un lugar de constante exploración. Uno de sus temas de interés ha sido el tiempo y su impacto en las cosas y seres de su entorno. Además se puede apreciar el juego constante con las formas del ser humano, con su sensualidad y mortalidad, así como con su permanente relación con la tierra y sus ciclos vitales.

Hugo Salazar (1980) estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Perú y comparte el tiempo entre su trabajo de vigilante nocturno y su afición por la pintura. Duerme alrededor de cuatro horas diarias, a veces no consecutivas, lo que se refleja claramente en su obra, muy influenciada por el estilo de Salvador Dalí. El sueño domina la obra, allí están sus miedos, el deseo reprimido y los recuerdos de una vida transitada que podría ser objeto del estudio de un sicoanalista. Hay cuadros con su autorretrato atrapado en el tambor de un revólver, ojos duplicados, cabezas de peces y monstruos marinos y timones de barco.

Sobre su obra, el siquiatra Mariano Querol menciona: “Al ver la pintura de Salazar no puede haber indiferencia: su impacto visual es contundente y aún sí el observador no conoce de pintura, la de Salazar remece incluso en la indiferencia porque, en su obra brillan estímulos de toda índole, dados el incalculable simbolismo y la indescriptible, compleja y significativa contradicción –entre el ensueño y la realidad, lo deseado y lo frustro, entre lo anhelado y lo no logrado- que contiene y que, según quien la perciba, podrá hacerle sentir una gama de ternura, temor, confusión, asombro, rechazo, goce y toda una melodía, estridente, dulce, dolorosa, llena de contradicciones”.

Hasta el 30 de septiembre de 2012

Casa Museo Santa Rosa de Apoquindo

Avda. Padre Hurtado 1155
Esquina Cristóbal Colón

Teléfono: 562 2431031

Horario: Martes a domingo, 10:30 a 19:00 horas

Entrada: liberada

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