Notas


Confesiones -y emociones- de un deportista

Simón Collado (BBCL)
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Muchos caminos he recorrido, varios desafíos he asumido, un sinnúmero de gente amiga -y no tanto- me ha ayudado, en varias ciudades he vivido, he sonreído, he sufrido y hasta he llorado. En definitiva, he vivido.

Emociones. Me pregunto qué sería de mis vivencias sin las emociones, aquellas que por momentos te traicionan, y que a la vez, pueden ser un aliado, te hunde o te levanta.

En realidad, la incógnita surge al ver los JJ.OO, cuando un deportista llora por el triunfo, y muy cerca de él, hay otro que también llora pero esta vez por el error cometido.

Me emociono por estas imágenes, pero, ¿cómo puede esto afectarme a mí?, que estoy tan lejos y no los conozco. Es más, no sé nada de sus historias de vida, o son de un país que no es cercano.

Pero claro, luego de buscar en mi interior, rápidamente encuentro algo que me une a ellos: “el sacrificio”. Imagino así rápidamente que sus vidas están dedicadas a una disciplina, a superar el dolor físico y mental, negándose a sentir frío cuando el clima arrecia, pensando que los limites de cansancio son un estado mental y no físico, negándose a sentir lejanía por los que quiere y anhelando permanentemente estar, si estar, será mucho pedir esto, claro que si, muchas veces tu elección te traiciona en algunas cosas.

Entonces ahora sí, creo que voy entendiendo, que atrás de esas “emociones” esta todo esto, en el triunfo y en la derrota, en la euforia y la frustración, claro, claro que si, ahí si todo me calza.

Hay un ejemplo emblemático respecto de las emociones, el “caso Clínico Elliot”, que toma su nombre de un hombre que sufrió daños en su corteza cerebral por la remoción de un tumor y, a partir de ello, el paciente no puede reportar experiencias emocionales.

Con esto, Elliot tiene serias dificultades para tomar decisiones, y sólo si se le entrega un conjunto de información, el puede discutir los probables resultados.

¿Pero luego de esto qué?, ¿Cómo se inclina por una u otra opción?
La dificultad de Elliot en la toma de decisiones, está ligada a la ausencia de emociones, si aunque muchas veces nos hayamos preguntado si estas nos ayudan o nos complican.

Más que contestar aquello, la conclusión es, que son necesarias. Deduzco que es necesario y humano tener emociones, el tema es: ¿Cómo hago que estas jueguen a mi favor si en ellas está el corazón, mi mente, mí ser, mis vivencias, etc.?

Tanto me he preparado, estudiado, entrenado, cuántas veces no he estado, llevándome mucho tiempo el esperar este momento para mostrar, demostrar, capitalizar, realizar, convencer y ahora estas “emociones” me quieren poner límites.

No; me niego, ellas no me pueden dominar, no voy a sucumbir al miedo, no voy a fracasar, no pienso dejar que ellas me jueguen una mala pasada.

He decidido apartarlas de mi, ponerlas en la mano y burlarme de ellas, sacarles el corazon y la mente cuando necesito rendir.

Pero como soy ser humano, también he decidido dar rienda suelta a todo lo que crea que no va a poner en juego las cosas que mas me interesan.

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