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“Wowi” de Berlín no logra levantar el vuelo

Aeropuerto de Berlín-Schönefeld | Wikipedia (CC)
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Eran inolvidables en los años cincuenta del siglo pasado. Mentirosos, pícaros y pintorescos charlatanes. Ganándose la vida, sobreviviendo, con una culebra al cuello, ofrecían su dudosa mercancía en calle Caupolicán, frente al mercado de Concepción o en la Alameda de Santiago.

-¡Atención damas y caballeros! Alemania perdió la guerra pero no perdió sus industrias ni la calidad de sus productos. Yo vengo en representación de un importante laboratorio germano. Traigo en oferta un excelente, único y aromático producto. Quita cualquier mancha, da brillo y logra resucitar cualquier objeto doméstico. Repito, si es alemán es bueno. Y si usted lleva tres cajitas le haré una rebaja, cincuenta por ciento.

Y mientras el Demóstenes criollo peroraba y embaucaba sin pausa algunos pungas, por atrás del ruedo, aprovechaban la ocasión para meter mano en los bolsillos de los incautos.

Recordaba aquellas frases que traían a cuento una fe ciega en marcas alemanas y en la eficiencia de todo aquello que emprendieran allá en esos campos bañados por el viejo y romántico Danubio azul.

Hoy día, como todos los ríos europeos, ese Danubio azul ya no es más azul. Lo han convertido en un depósito gris, cloaca de purulencias químicas, contaminación y basural de la orgullosa civilización. Y en otro terreno muchas colosales empresas actuales del otrora sólido país de Albert Einstein han trastabillado. Y tras cada tropezón, con gastos excesivos y escándalos financieros, se han ido arrugando y disminuyendo los dinerillos del buen ciudadano contribuyente.

Es el caso -por ejemplo- del nuevo aeropuerto de Berlín: todavía en compás de espera. Programado a toda orquesta, 70 mil pasajeros diarios, para inaugurarlo en el año 2011, paso a paso se ha convertido es un desastre. Las autoridades se propusieron gastar 2.500 millones de euros, con un techo de 2.800 millones, y terminarlo en cinco años. Se dijo que sería el más moderno de Europa, apto para enormes naves. El popular alcalde social demócrata, Klaus Wowereit, el querido y jaranero “Wowi”, al poner la primera piedra en el 2006 recordó muy campante que, aunque Berlín era una urbe pobretona, merecía el lujo porque aquella capital tenía mucho sexi, tanto sexy como él.

Ya en esos años se atisbaba el torbellino financiero. Hoy, a la hora de los quiubos, la reunificada capital alemana, cada día más cool y multi culti y aún con huellas de la histórica caída del Muro, (noviembre 1989), sigue a mal traer, encalillada hasta las orejas con una deuda que llega a los 62.000 millones de euros.

Y todas las dificultades crecen en medio de un censo que, de momento, sobrepasa los tres millones de habitantes. Mucha población sin duda. Pero sigue llegando gente al baile, sobre todo la hambrienta migración joven, con calificación o no, procedente de toda la Europa en crisis. Difícil cuestión porque Berlín afronta un paro del 13 por ciento y, por lo bajo, un 42 por ciento de los contratos de trabajo son enclenques, precarios, apenas de jornada reducida. Las cuentas públicas se fueron al carajo. Ya comenzaron a fallar desde el 2001, producto de diez años de alcaldías democristianas y excesivo derroche por la reunificación. El erario anda hoy por los suelos en medio de calamidades bancarias y especulaciones inmobiliarias.

Durante la hosca guerra fría y hasta 1959 hubo –bien se sabe- dos Berlines. Y tres aeropuertos. En la zona occidental-capitalista estuvo y sigue estando el aeropuerto Tegel, reducido pero eficiente. También estaba Tempelhof, cerrado en el 2008, convertido ahora en paseo dominguero para jubilados y niñitos hiper activos. Por último, en el otrora Berlín Oriental, llamado Berlín socialista, estaba Schönefeld, un recinto feote e incómodo pero aún hoy en funciones.

La idea de un nuevo gran aeropuerto internacional denominado Willy Brandt en homenaje al famoso político y resistente anti nazi, correspondería exactamente a las necesidades de una gran urbe. La tarea sigue adelante pero los gastos se han multiplicado. Las pequeñas o grandes chapuzas salen a flote en cada una de sus complejas instalaciones. Y mientras el plan continúa, tragándose otros millones de euros, su inauguración, retrasada dos veces, se estima ahora para el mes de marzo del año 2013.

Los berlineses quieren de verdad a su alegre cincuentón, el “Wowi”, pero la polémica arde. ¿Qué necesidad teníamos de contar con una obra faraónica? dicen los más severos. Entretanto cunden los afectados. A río revuelto las grandes compañías aéreas se sienten perdedoras por esos atrasos y –cuando no- gritan por obtener altas indemnizaciones. Lo mismo ocurre con los comerciantes locales. Hasta los gremios de taxistas se han visto afectados por estos dimes y diretes. Se dibuja un enjambre de intereses y de leguleyos que están al cateo de la laucha. Y hasta patalean las entidades ecológicas porque no se han corregido medidas contra el ruido lo cual, sin duda, afectará la salud de poblaciones cercanas.

Un desastre mayor, insisten los detractores, dentro de un país que aún es arrolladora potencia. Dentro de una ciudad que navega con mas deudas y contratiempos financieros.

Hoy las legendarias marcas de los grandes y pequeños productos alemanes siguen siendo de primera más, en su mayoría, ya no nacen ni se desarrollan en territorio germano sino acaso en China o en otras factorías del mundo. Es una cuestión propia de los tiempos que corren. Y por eso, el grito ufano y pícaro de los legendarios charlatanes en las calles de Chile en el siglo pasado ya no corre. Se lo llevó la ventolera del progreso que va rápido, va a la carta, sin fronteras y muchas veces sumido en barbaridades.

Repito, recordando ese folklore urbano:

-Señoras y señores…Alemania perdió la guerra pero no sus industrias ni la calidad de sus afamados productos…

Cambia, todo cambia. Y todo flaquea.

Oscar “El Monstruo” Vega:

Periodista, escritor, corresponsal, reportero, editor, director e incluso repartidor de periódicos. Se inició en El Sur y La Discusión, para continuar en La Nación, Fortín Mapocho, La Época, Ercilla y Cauce. Actualmente reside en Portugal.

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