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Londres, la sede del “amor olímpico”

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Los Juegos Olímpicos han brindado en sus 116 años de vida memorables historias de amor que nacieron entre competición y competición, pero otros participantes llevaron la suya hasta Londres, con novios o matrimonios que compiten y viven en paralelo su sueño olímpico.

El Centro Acuático del Parque Olímpico londinense vio competir a los nadadores alemanes Britta Steffen y Paul Biedermann, una de las parejas más fotogénicas del deporte germano desde 2009. Ambos quedaron al pie del podio en sus pruebas, con una sensación agridulce.

Tampoco tuvieron suerte los atletas españoles Isabel Macías (1.500 metros) y Luis Alberto Marco (800 metros), ya eliminados, aunque el segundo alcanzó al menos las semifinales de su distancia.

Viven por temporadas a distancias, pero ella intenta viajar lo máximo posible a Sevilla, la ciudad de él. Preparan juntos las grandes citas en el día a día, cuando su formación académica se lo permite, y los dos han sido fijos en las selecciones españolas para las últimas grandes citas.

En vísperas de los Juegos, ella, estudiante de Periodismo, llegó a entrevistarle en un programa de la radio española Cadena SER, en una conversación donde no faltaron guiños sexuales al hablar de los 150.000 preservativos que se repartirán en la Villa Olímpica y donde ella intentó además averiguar cuál va a ser su regalo de cumpleaños.

“El día 11 (de agosto), en plenos Juegos, cumple años una persona especial para ti, ¿sabes ya lo que le vas a regalar?”, le preguntó ella en su papel de entrevistadora. “No, si lo contara terminaría con la sorpresa, algo especial haremos”, respondió él, intentando evitar la risa.

Una de las parejas más simbólicas es la formada por los luchadores venezolanos Ricardo Robertty y Marcia Andrade, que se conocieron en los Juegos Bolivarianos de 2001 y que desde entonces están juntos. Son padres del pequeño Diego y de los últimos en debutar, en la lucha libre.

Los australianos Russell y Lauryn Mark, que compitieron ya en tiro con actuaciones discretas, pero se dieron a conocer antes de los Juegos porque denunciaron ser víctimas de discriminación por ser heterosexuales, ya que nos les permitían compartir habitación en la Villa Olímpica.

“Hay parejas gays en el equipo olímpico que duermen en la misma habitación. Creo que está claro que a nosotros se nos está discriminando por ser heterosexuales”, dijo la pareja en declaraciones a la prensa de su país.

Otras de las historias de amor no son de atletas que compiten a la vez en los Juegos, sino de deportistas que son entrenados por su pareja.

Un ejemplo de una colaboración perfecta en ese sentido es la windsurfista española Marina Alabau, que se colgó el oro el martes en la clase RS-X de la vela, en la bahía de Weymouth y Portland, celebrando el triunfo con su novio, el francés Alexander Guyader, de 31 años, que compitió en los Juegos de Sídney-2000 en clase Mistral y con el que se entrena casi a diario.

Pero las historias de amor de Londres-2012 no sólo se limitan a la Villa Olímpica: uno de los relevistas de la antorcha en su recorrido previo a los Juegos, David Slate, pidió matrimonio a su novia Christine a la luz de la llama más simbólica del mundo.

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