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El drama del tenis de mesa: la exportación de jugadores chinos

Archivo | Luke McKernan en Flickr
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El dominio de China en el tenis de mesa es ya total en los Juegos Olímpicos, con incluso, jugadores originarios de ese país incluidos en las filas de otros países, de sitios tan diferentes entre sí como Polonia o la República Dominicana.

Los chinos han ganado la mayoría de los títulos de este deporte en las últimas décadas, pero lo más preocupante es que los intentos de reducir la exportación de jugadores de este país no está teniendo efectos.

Las estadísticas muestran que un 25% de los jugadores que no representan a China en estos Juegos, son, sin embargo, originarios de ese país, una proporción similar a la que había hace un cuarto de siglo.

El más conocido es probablemente Li Jiao, nacido en Qingdao y de 39 años, que compite por Holanda y que no estuvo lejos de ganar una medalla tras jugar los cuartos de final en la competición individual femenina.

Pero, también hay otros como Liu Song, nacido en Guilin, que defiende los colores de Argentina, o Lin Ju, que juega bajo la bandera de la República Dominicana, aunque nació en Fujian (China).

Más asombroso es que casi la mitad de los competidores por equipos es originaria de China, una estadística que indirectamente muestra como la emergencia de jugadores nacionales se ve frenada por estas importaciones.

Este es el principal problema que se mantiene, a pesar de las severas restricciones impuestas a estas importaciones hace cuatro años por la Federación Internacional de Tenis de Mesa (ITTF).

En parte fue esto lo que llevó al presidente de la ITTF, Adham Sharara, a decir la pasada semana que el impacto de China en otros países era “devastador” y que “hacer frente a los chinos” es una de las tres grandes necesidades de este deporte.

Es difícil no admirar la destreza y el talento de los jugadores chinos o la calidad de sus entrenadores.

Pero nadie puede tampoco evitar ver los sentimientos encontrados que se generan en este tema.

Esto no fue nunca más claro que en el caso del más famoso de los jugadores chinos que acabó jugando fuera, Chen Xinhua, ganador de dos títulos del mundo por equipos y campeón mundial de individuales.

Abandonó su país para representar a Inglaterra en competiciones mundiales durante los años 90, cuando también compitió por Gran Bretaña en los Juegos Olímpicos de Atlanta-96.

La llegada de Chen impidió a Carl Prean seguir como número uno de su país, casi provocó la destitución de uno de los más afamados entrenadores ingleses, contribuyeno a intenso conflicto político dentro de la federación nacional.

Chen sólo tuvo que esperar dos años desde la última vez que jugó con China para representar a Inglaterra, y aunque ese periodo de tiempo fue poco después extendido a cinco años, docenas de jugadores chinos han encontrado acomodo en otros lugares, principalmente en países europeos.

Después que la federación china cambiara su política de emigración durante los años 80, dejando a cualquiera mayor de 28 años la libertad de viajar, se estima que unos 300 entrenadores chinos y jugadores salieron a jugar fuera.

Esto provocó un cambio radical de reglas en 2008, que ahora sólo permiten a un jugador representar a un país extranjero en competiciones internacionales si tenía menos de 21 años cuando salió de su país.

Incluso con eso, hay que esperar mucho más antes de poder ser competir por otro país.

Los jugadores menores de 15 años tienen que esperar tres años; los que tienen entre 15 y 18 esperan cinco, y los jugadores entre 18 y 21 años esperan siete años.

Pero, estas reglas todavía no han permitido el desarrollo de jugadores lo bastante buenos para desafiar a China, cuyos jugadores ganaron todas las medallas de oro en Pekín y ahora parece que se van a quedar también con todas en Londres.

No obstante, también hay casos más positivos como el de Ariel Hsing, hija de inmigrantes chinos en Estados Unidos, donde nació y creció hasta convertirse en la más joven campeona estadounidense de tenis de mesa con 15 años.

Esto se debió en gran parte a una ayuda bastante inusual por parte del millonario filántropo Warren Buffett y de Bill Gates, quien viajó a Londres para verla jugar.

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