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Los italianos se sienten estrangulados por los impuestos

Archivo | Matteo Piotto en Flickr
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Entre el nuevo impuesto a edificios, la subida de los impuestos al consumo, el IVA, y la despiadada cacería a los evasores fiscales lanzada por el gobierno del tecnócrata Mario Monti, los italianos se sienten estrangulados por el fisco en plena recesión de la economía.

“No se termina nunca de pagar multas, facturas, recibos. Cada día la cuerda está más estrecha, entre más nos aprietan el cinturón, menos podemos pagar. Este gobierno corre mucho para cobrar impuestos”, reconoce en una charla con AFP, el empresario Gianbattista Tagliani.

El joven empresario acaba de salir de una filial de Equitalia, la agencia pública para la recaudación de impuestos, donde estaba pagando las cotizaciones atrasadas de un empleado.

Especializado en control de medios, cuenta la situación absurda en que se encuentra: la Cámara de Diputados, es decir el Estado italiano, le debe 20.000 euros por servicios prestados, los cuales le serán pagados con 180 días de retraso, pero él debe pagar con anticipación los 5.000 euros de impuestos por tales ganancias.

“Si eres famoso o millonario, como el campeón de moto Valentino Rossi o el cantante de rock Vasco Rossi, llegas a un acuerdo con el fisco, se paga todo al mismo tiempo y te hacen una reducción del 30%”, lamenta.

El impuesto inmobiliario, que Silvio Berlusconi eliminó en el 2008 y reintrodujo Monti, y el IVA, que subió de un punto al 21% y tal vez llegará al 23%, se han convertido en una pesadilla para los italianos.

Desde que el país entró en recesión a finales del año pasado, la rabia de la población por las duras medidas de austeridad, que la han puesto de rodillas, se inicia a notar: carta-bombas a directivos de Equitalia en varias ciudades, manifestación en Nápoles, agresión a los inspectores de Milán, rehenes en una agencia en Bergamo, sin hablar de los suicidios.

“A los políticos, a la gente del gobierno, no les cobran multas, no pagan la gasolina del automóvil oficial, suelen almorzar y comer gratis, todos visten a la moda, con sus trajes y sus bellas corbatas”, comenta indignado Paolo Schiaramazza, 49 años.

El malestar de este pequeño empresario de la construcción nace de las injusticias del sistema, del mal funcionamiento de la administración pública y a la vez de los privilegios que goza una cierta clase, la llamada “casta” política.

“Acabo de pagar una multa por exceso de velocidad que alcanza los 1.300 euros, ya que me la enviaron con cinco años de retraso y un mes antes de expirar”, se queja.
Para Schiaramazza, Equitalia es una agencia de “usureros”, aunque la empresa se defienda asegurando que se queda sólo con el 9% de las sumas percibidas y que el resto de las entradas van a las entidades afectadas: Hacienda, Alcaldía, Seguro Social.

“Enviamos un promedio de 16 millones de cartas. Una cifra enorme, que demuestra la relación enfermiza que los italianos tienen con el fisco”, sostiene Giovanni Lombardo, director de relaciones públicas de Equitalia.

Al retomar las riendas en noviembre de un país a la deriva, Monti prometió luchar contra uno de sus grandes males: la evasión fiscal, que se calcula suma unos 120.000 millones de euros al año.

Si bien los italianos no pueden ser considerados todos unos evasores, es verdad que las vastas operaciones de la policía financiera en todo el país, y sobre todo en famosas localidades turísticas a la moda, confirmaron notables irregularidades.

Gracias a los controles en la idílica isla de Capri, en la Meca de los esquiadores millonarios, Cortina d’Ampezzo, en tiendas de lujo y restaurantes de toda la península, se comprobó la ausencia de disciplina en la emisión de facturas así como el pago frecuente de empleados en negro.

El megacomputador de la policía financiera, llamado Serpico, que cruza informaciones de todos las administraciones, descubrió varios propietarios de mansiones que no han presentado jamás la declaración de renta y que han escondido ganancias por millones de euros.

Los agentes controlaron también el nivel de vida de numerosos profesionales, entre ellos contadores, comerciantes y abogados, sobre todo de aquellos que declaran rentas anuales bajísimas pero circulan en vehículos de lujo y pasan vacaciones en localidades exclusivas.

La otra cara de la moneda son los empresarios que quiebran y la oleada de personas que pierden el trabajo, por lo que el índice de suicidios ha aumentado en toda Italia. “A la indignación de los que no quieren pagar a Equitalia se añade la indignación de los que no pueden pagar”, admite Lombardo.

La agencia decidió por ello aliviar la tensión ampliando los plazos para pagar las multas y evitando casos extremos como el embargo o secuestro de la habitación, de la pensión o el automóvil.

“Hemos visto que la mentalidad está cambiado, el evasor no es más visto como alguien hábil, sino como un ladrón de la colectividad”, explicó.

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