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Orquesta Sinfónica de Chile ofrece atractivo programa de conciertos

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La Orquesta Sinfónica de Chile continuó su Temporada 2012 el reciente fin de semana, con un atractivo octavo concierto, marcado por el debut del virtuoso pianista italiano Ricardo Zadra interpretando el Concierto para piano Nº 1 de Beethoven, la versión no cantada de las Danzas Polovtsianas de Borodin y la suite de “El pájaro de Fuego” de Stravinsky.

La suite “El Pájaro de Fuego”, escrita en 1919, está considerada como una de las obras más populares de Stravinsky. Fue el tema central de la velada que se ofreció en el Teatro Universidad de Chile y la que cosechó los mayores aplausos para el conductor Leonid Grin, reconocido director de orquesta norteamericano de origen ucraniano, en su regreso a Chile después de dos décadas.

La agrupación orquestal, muy bien conducida por Grin, ofreció un generoso despliegue instrumental, con destacada partipación de sus cuatro familias, en especial las maderas, con solistas que mostraron excelente nivel técnico musical.

El programa se inició con el Concierto nº 1 de Ludwig van Beethoven, interpretado por Zadra en su debut en Chile, quien pese a su cuidadoso trabajo sobre el teclado, mostró algunas desafinaciones en el primer movimiento y lució muy precipitado en el tercero, en que el director Grin le exigió acelerar su ritmo a la orquesta. La melodía que rodeó al segundo movimiento fue bien tratada por Zedra y su clima romántico fue lo más agradable de oir de la importante composición del genio de Bonn.

La programación se completó con las Danzas Polovtsianas del Príncipe Igor de Alexander Borodin, que habitualmente se interpreta acompañada de un coro y cuyo tema central fue popularizado en los Estados Unidos, trasformándolo en la hermosa balada “Strangers in Paradise”, que se hizo famosa en las versiones de figuras del “show business” de Estados Unidos. La versión más popular de la canción fue la del gran cantante Tony Benett, pero hay otras de Los Cuatro Ases y de Tony Martin, que lograron el favor popular en 1954.

La versión de la Sinfónica no desentonó y tuvo momentos de brillo y buenos solistas, pero se vio disminuida por la ausencia del excelente Coro de la Universidad de Chile.

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